El Gobierno de Ecuador declaró persona non grata al embajador de Cuba y los expulsó del país. No hubo nota de explicación oficial, amparándose en el art. 9 de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, que permite esta medida sin justificar los motivos.
Algunos medios de comunicación informaron que, dentro de la misión cubana, agentes de inteligencia del G2 realizaban espionaje, reclutamiento de personas en organizaciones sociales y coordinaciones con grupos locales para desestabilizar al Gobierno. Días después, el presidente Daniel Noboa confirmó en una entrevista radial: “Había bastante injerencia de parte de Cuba en actividades políticas, actividades de disidencia e inclusive actividades violentas en algunos casos”. Además, en redes sociales se difundieron videos de funcionarios cubanos quemando documentos en una parrilla en la azotea de la embajada.
Vale recordar que los Estados tienen intereses en sus relaciones. Lo expresó con claridad Lord Palmerston en la Cámara de los Comunes británica en 1848: “No tenemos aliados eternos, ni enemigos perpetuos. Nuestros intereses son eternos y perpetuos, y es nuestro deber seguir esos intereses”.
El interés del Gobierno de Cuba ha sido seguir exportando a Ecuador el totalitario marxismo-leninismo adaptado al socialismo del siglo XXI, impulsado por Fidel Castro en el Foro de Sao Paulo en 1990. Después de perder el apoyo de la URSS encontró a políticos de Venezuela, Ecuador y otros dispuestos a suministrarle recursos económicos. Desplegó agentes de inteligencia del G2, médicos, educadores y diplomáticos, remunerados por el gobierno del expresidente Rafael Correa; una porción del dinero se enviaba a La Habana. Ecuador, también financió la construcción de unas 1.600 viviendas en Cuba, envió materiales de construcción, aproximadamente 30.000 toneladas de arroz y otras ayudas humanitarias. El excanciller Ricardo Patiño llegó a decir que era “para resarcir un poco de lo mucho que le debíamos a Cuba”.
La historia registra una primera ruptura de relaciones en 1962, tras la exclusión de Cuba de la OEA, cuando se aprobó la propuesta estadounidense: “La adhesión de cualquier miembro de la OEA al marxismo-leninismo es incompatible con el Sistema Interamericano”. Las relaciones se restablecieron en 1979. En febrero de 1981 se produjo una grave tensión diplomática: unos 29 cubanos con sus familias irrumpieron en la embajada de Ecuador en La Habana en busca de asilo político. Pocos días después, el propio Fidel Castro dirigió el ataque a la sede diplomática y detuvo a sus compatriotas. Aun así, no se rompieron las relaciones.
Esta segunda ruptura ha generado rechazo por parte de militantes de la Revolución Ciudadana, cuyo líder, el expresidente Correa, expulsó a la embajadora de EE. UU., Heather Hodges, en abril de 2011. También han protestado organizaciones sociales afines.
El Gobierno del Ecuador no necesita una diplomacia desestabilizadora cubana, non grata, que comercialice como producto estrella su fracasada doctrina totalitaria, cuyo gobierno de veteranos y acomodados jefes revolucionarios han decapitado generaciones de jóvenes y mantienen a su pueblo con hambre y en tinieblas. (O)













