Desde el año 2020 hemos vivido en modo reactivo, afectados por la pandemia, los apagones, la inseguridad, la inestabilidad política, la economía en riesgo y una sensación crónica de incertidumbre que nos obligó a apagar incendios, uno tras otro. En aquel momento era indispensable reaccionar, corregir y reparar para salir adelante.
Fue una etapa exigente como país, como empresas, como personas. Tuvimos que actuar desde la urgencia, con poca claridad y sin tiempo para diseñar el futuro.
Hoy, sin embargo, se percibe una brisa distinta. Aunque no hay condiciones perfectas, se concibe cierta estabilidad y algunas señales iniciales de crecimiento. Y, sobre todo, una oportunidad para construir confianza.
Sí, confianza. Esa palabra sencilla y poderosa.
La confianza abre mercados, atrae inversión, fortalece equipos y permite volver a soñar en grande.
La confianza no es un acto de fe, sino la consecuencia entre lo que se dice y lo que se hace.
Cuando los líderes y las organizaciones cumplen sus promesas se genera un ciclo virtuoso de energía y compromiso.
Lo recuerda Ed Morrison, autor de Strategic Doing. Él sostiene que las nuevas curvas de crecimiento no se decretan: se diseñan y se activan desde redes colaborativas.
Que cuando el tiempo apremia y los recursos son limitados, el futuro se construye sumando capacidades.
Hoy podemos dejar de actuar solo por impulso y comenzar a actuar con propósito. Dejar de apagar incendios y dejar de ser reactivos y empezar a actuar desde una visión.
Es el momento para repensar lo que hacemos, redibujar el rumbo, reorganizar nuestras empresas, volver a los clientes, fortalecer la operación, invertir en personas y retomar los planes y proyectos que habían quedado paralizados.
También es tiempo de construir alianzas que multipliquen capacidades y explorar nuevos mercados que abran horizontes de crecimiento para conversar con propósito y darle dirección al futuro.
Todo comienza con una decisión. Como gerentes, como empresarios, como directivos debemos pasar del modo reactivo al modo estratégico.
Volver a hacernos las preguntas de fondo: ¿a dónde queremos llegar? ¿Qué capacidades necesitamos transformar? ¿Dónde está el verdadero valor? ¿Estamos construyendo negocios que solo funcionan… o que dejan huella?
La situación del país sigue siendo compleja, pero no necesitamos esperar condiciones ideales.
Lo que tenemos hoy puede ser suficiente para dar los primeros pasos.
El cambio real exige estrategia clara y disciplina en la ejecución.
Como insiste Morrison: la confianza moviliza la estrategia, pero es el hacer colaborativo lo que transforma.
Lo que necesitamos es una dirección clara y pasos concretos. El camino se irá revelando en la marcha.
No regresemos al pasado: avancemos hacia un nuevo ciclo donde la estrategia recupere su protagonismo.
Donde el largo plazo vuelva a importar. Donde el futuro deje de ser una preocupación… y se convierta en una posibilidad. (O)