Ordenar las finanzas públicas es imperativo, pero la discusión de fondo debería ser cuál es la mejor estrategia para lograrlo. Partiendo de ahí, preguntémonos: ¿cuánto le cuesta al país la ineficiencia? Recortar talento humano puede generar ahorros inmediatos, pero no siempre resuelve el problema estructural. En sectores estratégicos, las pérdidas operativas pueden superar ampliamente cualquier reducción de nómina. El riesgo es evidente, un Estado más pequeño en apariencia, pero no necesariamente más eficiente en resultados.
Un ejemplo puntual de una tarea específica se observa en el sector eléctrico, pero nadie actúa porque les resulta incómodo. Con una demanda cercana a los 5.100 MW diarios, alrededor del 40 % de la energía proviene de generación térmica durante periodos de estiaje. De ese total, siendo muy conservador, aproximadamente el 15 % se produce con diésel, un combustible significativamente más costoso que el fueloil. La diferencia de costos puede superar los 0,12 dólares por kilovatio hora, lo que representa un sobrecosto cercano a $ 26 millones al mes. Esa cifra equivale a más de 22.000 salarios mensuales de $ 1.200. Si esos recursos se optimizaran, el impacto en el empleo sería concreto. En un país donde el empleo adecuado bordea el 35 % de la población ocupada, la incorporación de 22.000 puestos formales elevaría ese indicador en alrededor de 0,3 puntos porcentuales y reduciría en la misma proporción la informalidad. Puede parecer una variación pequeña, pero en términos sociales significa miles de familias con estabilidad, seguridad social y capacidad de consumo. No hablamos de salarios básicos, sino de ingresos superiores a los mil dólares, que permiten al ciudadano cubrir sus necesidades con dignidad. En un entorno de incertidumbre, la estabilidad económica se ha convertido en el primer paso antes de pensar en oportunidades.
La lección es clara, el problema no siempre es el tamaño del Estado, sino la calidad de su gestión. Mejorar contratos, optimizar la operación, planificar el mantenimiento y tomar decisiones técnicas oportunas puede generar ahorros mucho mayores que los obtenidos mediante despidos, sin desmerecer que el Estado necesita una reestructuración administrativa urgente. Ecuador no solo necesita exportar petróleo, minerales o materias primas, el verdadero salto económico vendrá cuando se atraiga inversión para procesar, refinar y agregar valor dentro del territorio. Cada etapa adicional en la cadena productiva significa empleo formal, encadenamientos productivos, transferencia tecnológica y más recaudación.
La sostenibilidad fiscal se logra únicamente eliminando pérdidas, corrigiendo ineficiencias y mejorando la calidad de las decisiones. El desarrollo exige políticas basadas en evidencia, en análisis técnico y en comprensión real de cómo funcionan los sistemas productivos. Ecuador necesita entender los problemas más allá de opiniones de redes, con una visión estructural, operativa y orientada a resultados. El progreso sostenible no comienza cuando se reduce el gasto, sino cuando se deja de perder valor. Allí es donde un país empieza, realmente, a avanzar. (O)