La crisis arancelaria con Colombia es una tempestad en vaso de agua próxima a llegar a su fin. Explico por qué.
Ecuador les colocó una tasa de 30 % a las importaciones de Colombia para compensar los altos costos de seguridad por la falta de control colombiano al narcotráfico fronterizo. Predomina la opinión de que Noboa cometió un desacierto tomando una medida comercial cuando el problema es de seguridad; que debió haber resuelto las diferencias mediante diálogo; que la medida desata una guerra comercial que perjudica a las empresas de ambos países; que el consumidor sufrirá desabastecimiento y una fuerte alza de precios. Que el presidente se dispara en el pie.
Pero Petro no mostró disposición para atender los requerimientos primero de Lasso y después de Noboa. Canceló las reuniones conjuntas de gabinete para atender problemas bilaterales; retiró a FF. AA. y Policía de la frontera con lo que los narcos entendieron que debían abstenerse de actos de violencia en las grandes ciudades colombianas y sus alrededores y a cambio gozarían de paz total para sus actividades en Nariño y Putumayo y sacar la cocaína por Ecuador.
Una ruptura comercial con Colombia significaría marcha atrás a medio siglo de avance hacia la integración: un desacierto histórico. Perjudicaría fuertemente a Colombia porque cuando Ecuador eliminó las últimas barreras a sus productos, muchas multinacionales que habían montado plantas ensambladoras en Ecuador las cerraron y optaron por concentrar su producción en Colombia y exportar al Ecuador, que es un tercio del mercado colombiano. Si se mantiene la tasa de seguridad, estas multinacionales traerán las medicinas, cosméticos y otros ya no de Colombia, sino de México, Brasil u otro país y caería la producción en Colombia.
Ecuador se perjudicaría menos; lo que exporta a Colombia son mayormente productos que puede vender a otros mercados: conservas de atún, aceite de palma, tableros. Lo que Ecuador importa de Colombia lo puede adquirir de otros orígenes, sin necesariamente un aumento de costos.
En nuestra lectura la tasa es una escaramuza y no una guerra. Noboa jugó una “carta trumpiana” (columna de enero 25) destinada a que la reunión de los presidentes Trump y Petro para tratar sobre el narcotráfico en la frontera colombo-venezolana incluyera la frontera con Ecuador. Y que Petro se comprometiese a controlar el narcotráfico y delincuencia en su frontera sur.
El titular en la prensa colombiana y nacional es que Petro le pidió a Trump que hablara con Noboa para que desistiera de la tasa. Muy sagaz Petro: que Donald ponga en orden al jovenzón díscolo. Pero lo que en realidad pidió Petro a Trump es que comunique a Noboa que se comprometía a conformar una triple alianza con EE. UU. y Ecuador para combatir el narcotráfico en la frontera. Eso es justo lo que pretendía Noboa con la medida arancelaria, y lo consiguió.
Una vez que Trump confirme a Noboa con una llamada que Colombia colaborará, en nuestro criterio Noboa levantará la tasa de seguridad y Marco Rubio se encargará de hacer seguimiento y asegurarse de que Colombia cumpla lo ofrecido.
No es primera vez que Noboa resuelve un problema con una medida fuera del molde de la diplomacia tradicional. Pregúntenle a Jorge Glas. (O)













