Hoy tendremos una nueva Asamblea legislativa. Reemplaza a otra de lamentable recordación. Fue un cuerpo colegiado con falencias éticas y de preparación de sus miembros, ora para representar a los electores, ora para hacer buenas leyes. Los nuevos asambleístas y los reelegidos están en la mira ciudadana, que les alzó la vara de la exigencia, para valorar su desempeño ético y responsabilidad de legislar y fiscalizar.

Hoy habrá nuevas autoridades en esa función del Estado, y seguramente saldrán de una alianza de la correísta UNES con PSC, CREO y unos pocos independientes. Maridaje tal vez incómodo o decepcionante para muchos electores del presidente Guillermo Lasso, quien asumirá en pocos días ante asambleístas obligados a recuperar la mucha credibilidad perdida por sus antecesores.

Alrededor de la Alianza retumba la imploración a cesar el lawfare (persecución judicial), espetado por un fugitivo líder que fuera condenado por los jueces del caso conocido como Sobornos 2012-2016, lo que me recuerda la advertencia que escribió Sun-Tsu (El arte de la guerra): El enemigo que se acerca con palabras humildes puede que esté tramando algo. Nunca hay que confiar en el adversario, aunque proponga una tregua. También me recuerda a Nicolás Maquiavelo: Aquel que engaña, encontrará siempre quien se deje engañar.

No se conoce aún concretamente lo que el correísmo pide a cambio de suministrar “condiciones de gobernabilidad”, aunque se presume que la Comisión de la Verdad que busca conformar tendría por objetivo construir un sustento “oficial” del legislativo para documentar resultados de investigaciones de una dudosa persecución judicial, para luego presentarla como prueba ante organismos internacionales, en donde aspiran a una justicia paralela que desconozca la nacional. Esto, debido a que la Asamblea Nacional Legislativa carece de atribuciones para conformar comisiones para rever sentencias judiciales y menos por delitos contra la administración pública, que son precisamente los relativos a la sentencia Sobornos 2012-2016.

En todo caso, sí llama la atención que el presidente Lasso, con una mayoría legislativa como la ensamblada, espere lograr aprobar leyes para combatir la corrupción y, menos, que esa misma coalición apruebe el Convenio con la ONU para conformar la Comisión Internacional de Lucha contra Corrupción que ha ofrecido repetidamente; sin duda, una comisión necesaria para diseñar un plan para independizar a la Fiscalía General del Estado, entrenar adecuadamente a su personal con asesoría de fiscales extranjeros, investigadores y litigantes. Ellos, juntamente con personal foráneo de policías y analistas financieros, pueden apoyar con transferencia de experticias en investigación y preparación de casos complejos generados por los delitos de peculados, sobornos y lavado de activos, entre otros, para que las acusaciones no fracasen, especialmente en la lucha contra el crimen organizado que ha cooptado el Estado, se obtengan más sentencias condenatorias, que a la fecha son escasas.

Parafraseando a Maquiavelo: el que llega al poder con la ayuda de las élites, se sostiene con más dificultad que el que llegó con el apoyo del pueblo. (O)