Es necesario entender que nada es eterno, que el mundo gira y no debemos ser esclavos del ego, la codicia.

Solo cuando alcancemos una inteligencia y madurez podremos comprender que ser jefe no significa humillar, que nadie es dueño de otro ser, que ese ‘cargo’ es temporal, que no es lo mismo jefe que líder. El primero busca que todos obedezcan sin cuestionar mientras él ordena, grita y humilla, tiene la errónea percepción de que él lo sabe todo y nadie tiene derecho a pensar. El segundo camina con la gente, busca soluciones, respeta la individualidad de todos, aprovecha las aptitudes, se gana el respeto; es un ser al que todos admiran. No necesita ser arrogante para demostrar el ‘poder’. Es buena persona, humilde. Recuerden que todo lo que ustedes entregan vuelve, los actos serán un sello, no deben ir esparciendo espinas por el camino, quizá mañana les toque volver por el mismo camino descalzos.

El mundo necesita líderes dispuestos a cambiar las malas costumbres arraigadas. Líderes que sean ejemplo y a los que todos quieran imitar, que trabajen pensando en el bien común, que caminen con la gente. Líder es lo que hace falta porque jefe puede ser cualquiera. Jamás te creas superior por un cartón. Estudia para servir a las personas, no para servirte de ellos, actúa con justicia, ten piedad de quienes necesitan, escucha sin prejuicios. Lo que llevas en el alma te define más que títulos, ingeniería, licenciatura, etc. Lo que natura no da, Salamanca no presta. Es la humildad la virtud más honrosa. Muchos crean maravillas, nacieron con ese don. El don no se estudia. Oradores, artesanos, un sinfín con distintas aptitudes y todos son muy valiosos.

El que al nombre le anteceda un ‘adorno’ no le hace más ni menos que los demás, pero si a su nombre le antecede un señor, señora, dicho con respeto y cariño usted es un grande sin complejos. (O)

Aissa Tatiana Pazmiño Real, técnica en Marketing Ambato, Tungurahua