Quito ha entrado en una nueva era. Dos obras se han convertido en símbolos de modernidad, orgullo y visión de futuro: el metro de Quito y el parque Bicentenario. Cada uno, desde su esencia, redefine lo que significa vivir en la capital ecuatoriana.

Del metro de Quito ya casi todo está dicho. Su diseño, su operación silenciosa, sus estaciones amplias y su eficiencia lo colocan entre los mejores sistemas de transporte del planeta. En una ciudad construida sobre montañas y atravesada por un centro histórico protegido, lograr un metro subterráneo no fue solo un proyecto de ingeniería: fue un acto de voluntad colectiva. En la actualidad, miles de quiteños experimentan una movilidad digna, rápida y segura. El metro es una obra maestra.

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Y si el metro mueve a Quito bajo tierra, el parque Bicentenario lo eleva hacia el cielo. Ubicado sobre los antiguos terrenos del aeropuerto Mariscal Sucre, este parque no es simplemente grande: es monumental. Su escala sorprende a quienes lo recorren a diario. Es un parque que respira libertad. Un espacio donde conviven deportistas, familias, mascotas, festivales, ferias, zonas ecológicas y una sensación de amplitud que solo Quito puede regalar.

Por su tamaño, su ubicación estratégica, su historia y su potencial, el parque Bicentenario ya no es solo un parque de ciudad: es un espacio que pertenece a todos los ecuatorianos; por eso, debería ser un orgullo nacional llamarlo Parque Nacional Bicentenario. Un nombre que reconoce su escala, su simbolismo y su capacidad de representar al país entero. El Bicentenario tiene todo para convertirse en uno de los parques urbanos más emblemáticos de América Latina. Pero su potencial puede crecer aún más si se suma la creatividad, inversión y visión de la empresa privada, en especial en la parte de jardinería, implementando arte y creando programas de conservación y educación ambiental.

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Quito ya hizo lo más difícil: transformar una pista de aterrizaje en un pulmón verde monumental. Ahora, el siguiente paso es convertirlo en un ícono nacional. (O)

Vinicio Tapia, Houston, Texas, EE. UU.