Desde joven me preocupó la política del Ecuador, aunque no ha sido una prioridad en mis objetivos, la he seguido de cerca. Recuerdo a políticos como Velasco Ibarra que ganó su última elección en esa época, con el estribillo “con Velasco estábamos mejor”. Luego vinieron las dictaduras, y se turnaron desde entonces en el poder distintos tipos de gobiernos, los llamados populistas, otros aparentemente de derecha, de centro, de izquierda, rojos azules, verdes o amarillos, etc.; ninguno ha podido ni siquiera a medias satisfacer las aspiraciones del verdadero pueblo, es decir, de los más necesitados que son la mayoría, viven del día a día, ni de los campesinos de la Sierra, Costa y Oriente, muchas veces explotados.

Período tras período de gobiernos se han ido deteriorando las condiciones de vida de las grandes mayorías. Por estas razones, cada cierto tiempo, en especial campesinos e indígenas, han levantado sus protestas, pero desgraciadamente liderados por políticos que responden a otros intereses, han permitido todo tipo de desmanes y actos violentos que deslegitiman y diluyen los reclamos.

Es hora de que entendamos que no tiene importancia el color de la piel, la religión ni la clase social; todos somos iguales, no puede haber rivalidad, peor odio entre ecuatorianos. Todos debemos poner el hombro para sacar adelante el país. Es hora de que los gobiernos pongan sus miradas en este pueblo, sus políticas los beneficien realmente, se note la inversión en la salud, educación, infraestructura, carreteras, control de precios, fuentes de empleos, etc.; aspectos que no se han cumplido. Si no, seguiremos de mal en peor rumbo al despeñadero con cada nuevo gobierno alternándose el poder con bandos contrarios, como sucede en muchos países de América Latina, primando intereses de grupos sobre los de la mayoría. (O)

Rafael Ignacio Aguirre Navarrete, doctor en Neurología, Guayaquil