Un reciente estudio de Multitrabajos señala que el 76 % de los jóvenes no labora en el área en la que se preparó académicamente. Si bien en los últimos años han mejorado las condiciones de empleabilidad, esto reflejado en la apertura de otros modelos de contratación, nuevos incentivos en el momento de la contratación, etc., la normativa jurídica existente alrededor del mercado laboral sigue siendo rígida, complicada y adversa para generar mejores condiciones, especialmente a los jóvenes y a las mujeres, que son los grupos más afectados (por edad y género, respectivamente) en el momento de ser contratados. Una situación como la descrita tiene que ser atendida de forma integral, esto es, desde el Gobierno, gestando la política pública que se fundamente en un nuevo código laboral que coadyuve a mejorar las condiciones de contratación (más aún si estamos en un momento de apertura comercial y atracción de inversiones importante), teniendo presente que los resultados no son inmediatos, pero a sabiendas de que son los pilares para mejorar las condiciones de trabajo del país. Desde los gremios es importante que aprovechen las opciones de contratación que se brindan para así incorporar a través de distintos modelos, que van desde las prácticas y/o pasantías laborales, pasando por contratos parciales, medio tiempo y de tiempo completo, en función de las necesidades que deben ser atendidas al interior de las organizaciones, brindado oportunidades tanto a los profesionales graduados de institutos como universidades y dejando clara la diferencia en el alcance de cada uno.
La academia no se queda atrás en su responsabilidad, pues es importante que continúe actuando pertinentemente en el planteamiento de las carreras que se requieren en el presente y se demandarán en el futuro, para lo cual debe estar atenta a los cambios estructurales que se dan en el entorno y que llevan a replantear la educación de hace 50, 40, incluso de hace cinco años por la educación que amerita y necesita el niño y el joven. Más allá de la denominación rimbombante de una carrera, es importante que las capacidades, habilidades, destrezas y los conocimientos que adquieran los jóvenes sean aquellos que les permitan desenvolverse de la mejor manera en un mundo tan competitivo. El contexto actual demanda capacidades para trabajar en equipo, la empatía, respeto a la diversidad, gestión de la inteligencia emocional, el dominio de los idiomas, la capacidad de adaptación, habilidades blandas y otros aspectos que serán importantes para su proceso formativo. Finalmente, la responsabilidad también recae en las familias y los jóvenes, pues deben reconocer dónde están las oportunidades y ya no tanto en aquellas carreras tradicionales, como la economía, el derecho, el periodismo, entre otras, sino también en aquellas que van insertadas en la economía global.
Es evidente que el desafío es para todos; una sociedad que tiene que alinearse a lo que sucede en el mundo sin que esto signifique dejar atrás sus principios, valores y cultura, pero sí ser cada vez más flexible en su adaptación en un mundo tan complejo que va a un ritmo acelerado. Nuestro país ya tiene mucho rezago, hay que actuar. (O)
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Jorge Calderón Salazar, académico y analista económico, Guayaquil


















