Después de tanto trabajar y luego de cumplir 60 años de edad la posibilidad de jubilarse es una opción siempre y cuando el trabajador tenga 30 años de aportaciones al IESS. Hay otros que se jubilan a los 65 y muchos con 70 años de edad. Lo malo es que después de jubilarse y disfrutar por un buen tiempo sin hacer nada esa persona se da cuenta de que lo que recibe como pensión jubilar no le alcanza para cubrir sus gastos, seguir manteniendo su familia y desea trabajar; eso en nuestro país es muy difícil, casi imposible. Para qué sirvió tanto esfuerzo, tanto sacrificio, tanta preocupación por llegar temprano al lugar de trabajo, tanta responsabilidad en cumplir la tarea encomendada, tanto estudio tratando de aprender algo que sirva para defenderse en el futuro, si al final este trabajador es desechado como cualquier cosa inservible ya sea porque las empresas no quieren hacerse cargo de la jubilación patronal o porque ese hombre cuesta mucho y se lo puede reemplazar por un aprendiz, cuando en realidad no se dan cuenta de que lo que están echando a la calle es oro en polvo, pues ese hombre a lo largo de los años tiene a su haber mucha experiencia, mucha experticia.

Creo que tanto la empresa pública como la privada pueden remediar ese problema. A ambas les conviene contar con este personal calificado pero que por problemas de edad no puede conseguir trabajo. Así como en el 2012 se incorporó al trabajo a personas con capacidades especiales, igualmente es hora de crear leyes que permitan al jubilado que tenga entre 70 y 75 años de edad volver a trabajar, ya sea a medio tiempo o trabajando por horas. El Estado y el empresario privado deben ayudar a que el adulto mayor que desee trabajar lo haga y sea feliz hasta el último día de su existencia, a fin de que se cumplan las palabras del escritor ruso León Tolstói cuando dijo: “La condición esencial de la felicidad del ser humano es el trabajo”.

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Sabemos que el país no atraviesa por buenos momentos, pero, si estamos promoviendo nuestro mercado e incentivando a empresas extranjeras a venir e invertir en Ecuador, entonces a ellas debería exigírseles contratar este tipo de personal. Creo que también la mediana y gran empresa debería contratar para los mandos medios o superior un adulto mayor por cada 100 trabajadores que mantengan en nómina. Sé que este planteamiento no resulta nada agradable para las empresas; sin embargo, si va acompañada de beneficios tributarios, la propuesta les resultará atractiva. (O)

Enrique Aníbal Chalén Escalante, ingeniero comercial, Guayaquil