El 18 de febrero de 2010, en un centro de salud, yo, profesor universitario jubilado, psicólogo clínico (hoy tengo 82 años), fui utilizado como objeto para una clase práctica de alumnos de Medicina; me perforaron la cúpula vesical provocándome hemorragias interna y externa.

Realizado este grande error, me enviaron a una habitación, como paciente ambulatorio. Pasaron las horas y se me formó un gran globo vesical muy doloroso. Pedí que me llevaran al quirófano, quien atendía gritó que no había quirófano disponible; pedí me enviaran a un hospital, y contestó que podían hacerme una cistotomía; le dije que fuera de inmediato, pues no resistía el dolor. Por segunda vez, seis horas después, me “operaron”, perforaron el abdomen y provocaron nuevas hemorragias. Desperté con fortísimos dolores. A las 38 horas desde la primera “cirugía” por fin fui enviado a una clínica, donde me recuperé.

Los que me asistieron en la primera casa de salud no cumplieron ni las reglas simples de Esculapio, ‘dios’ de la medicina: cuidar y curar a los enfermos, evitar toda sospecha de haber abusado de la confianza de los pacientes y mantener el secreto de lo que el médico crea que debe mantenerse reservado. El juicio que les instauré está resuelto a mi favor desde el 2021, pero fue enviado a Quito por casación.

Como secuelas de dichos errores he sido operado nueve veces y las infecciones a las vías urinarias son constantes.

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Además, la Universidad de Guayaquil, donde me jubilé, no nos paga 50 meses de jubilación patronal a un grupo de docentes jubilados.

He sido diagnosticado con cáncer en la ampolla de Vater, ubicada cerca del páncreas. Solicito al señor presidente Guillermo Lasso que exija que estas instituciones se apiaden de mi estado de salud y económico. (O)

Vicente de Jesús Cruz Ordóñez, psicólogo clínico, jubilado, Guayaquil