La ciudad de Guayaquil, sin duda alguna, constituye la capital económica e industrial de nuestro país, en cuyo sentido está a la vanguardia de la producción nacional, del comercio exterior y de la actividad portuaria. Sin embargo, las características geomorfológicas de su entorno hacen que de manera ancestral esté sometida a inundaciones frecuentes que por momentos merece ser llamada la Venecia del Pacífico. Se ha escrito mucho sobre los eventos de lluvia que año a año afectan a la ciudad, que se vuelve crítico, cuando esos eventos naturales son el resultado del denominado fenómeno de El Niño que periódicamente se presenta en la Costa de nuestro país como resultado de una concurrencia de eventos climáticos en donde resaltan el incremento de la temperatura del mar y por ende el incremento del nivel medio del mar.

Seguramente el ciudadano común no entiende la génesis de estos eventos naturales, pero soporta y sufre sus consecuencias, sin embargo, lo criticable es que los administradores de turno no entiendan o no quieran entender, que frente a los eventos naturales la ciudad debe estar preparada para minimizar sus impactos, pero lejos de trabajar en ese sentido, ellos padecen de algo que suelo llamar “omisiones selectivas” para no trabajar en función de un plan hidráulico debidamente estudiado para la ciudad de Guayaquil y su área de influencia que incluye al estuario del Guayas, con un horizonte de por lo menos al año 2060 con obras que permitan adaptarse a los efectos de estos eventos naturales y al cambio climático y proteja a la población y a la infraestructura pública y privada, entre otros.

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Estamos viviendo los inicios del fenómeno de El Niño probablemente más devastador de nuestra historia reciente y, pese a lo recurrente del evento, es evidente que no estamos ni medianamente preparados para minimizar sus efectos, a base de lo cual miramos llenos de admiración eventos que siempre han ocurrido, pero que nuestra mente se resiste a recordarlos. En este sentido es necesario hacer notar que en el siglo XX hubo 28 fenómenos de El Niño siendo los más fuertes, por cantidad de lluvia caída, el de los años 1925, 1983 y 1998, información que está a disposición del registro histórico en la estación climatológica Guayaquil – Aeropuerto, que registra las precipitaciones desde el año 1915. Nos hemos olvidado de que la ciudad, el 26 de marzo de 1997, tuvo una lluvia de 195 mm en 10 horas, que dejó bajo agua a la mayor parte de la población y se constituye en la lluvia con la mayor intensidad hasta el momento registrada, solo para citar el evento mayor, pero para nadie es desconocido que la ciudad de Guayaquil sufre de inundaciones rutinarias durante los eventos normales de lluvia.

También frente a este panorama desolador para la ciudad, miramos absortos el oportunismo informativo de algunos que resaltan periodos de lluvia de valores increíblementes altos y sin citar la fuente.

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No solamente adolece de falta evidente de capacidad y de mantenimiento, sino que también tiene un ingrediente adicional que hace inaplicable cualquier predicción razonable de zonas a ser afectadas por evento de lluvia, relacionada por la evidente irresponsabilidad de mucha gente que disfruta tirando la basura, causando el taponamiento de los sistemas libres de evacuación de aguas lluvias. Mientras esto siga ocurriendo, los verdaderos responsables seguirán echando la culpa al agua de lo que ocurre, la cual, como es de suponer, no puede defenderse. (O)

Jacinto Rivero Solórzano, ingeniero civil, Guayaquil