En las Islas Galápagos, donde la naturaleza es parte de la vida cotidiana y la conservación del entorno representa uno de los grandes desafíos del territorio, tres estudiantes encontraron una pregunta que terminó llevándolos hasta un escenario internacional para obtener un premio que en ningún momento pensaron que se haría realidad.
¿Qué hacer con los residuos que se acumulan en las islas cuando no existe una solución local para tratarlos? La respuesta no nació en un laboratorio de alta tecnología, sino de la observación de un problema cercano: los filtros de aceite automotriz usados y las dificultades para gestionar este tipo de desechos.
Para Matias Cruz, Emilia Brito y Sebastián Parra, estudiantes de la Unidad Educativa Tomás de Berlanga, en la isla Santa Cruz, la ciencia debía comenzar por mirar a su alrededor.
Publicidad
Su metodología, explica Matias, consiste en desarrollar proyectos que permitan solucionar problemas locales. Uno de los que llamó su atención fue precisamente el destino de los filtros automotrices que, después de cumplir su función, se convierten en un residuo difícil de gestionar en el archipiélago.
“Uno de los problemas locales, uno muy común, es la reutilización de los filtros automotrices. Las unidades pesqueras y turísticas lo único que hacen es botar estos residuos al mar, así que lo que decidimos es darles una segunda vida y transformarlos en un tipo de hornilla”, contó Matias.
Según el estudiante, estos materiales deben trasladarse en barcos hasta el continente para su tratamiento, debido a que la isla no cuenta con una planta especializada para procesarlos.
Publicidad
Publicidad
Ese procedimiento implica costos y dificultades logísticas que, de acuerdo con su testimonio, contribuyen a que algunas comunidades pesqueras y turísticas terminen desechando estos residuos en el mar, lo que ocasiona una gran contaminación ambiental.
Frente a esa realidad, los jóvenes se plantearon una alternativa: en lugar de considerar los filtros únicamente como basura, decidieron crear artículos que se puedan utilizar en los hogares de la isla.
Un cementerio, dos formas de recordar: Llano Grande revive sus tradiciones en el Día de los Difuntos
“Vamos ya dos años con este prototipo. Cada año ha sido una fase y, en nuestro primer prototipo, la falla fue la combustión de la llama, porque se encendía, pero no era estable. Ahí implementamos el filtro de aceite, donde se almacena el aceite quemado y llega a la combustión”, mencionó Sebastián Parra.
La idea era convertir un residuo en una hornilla. Así comenzó un proyecto que unió reciclaje, ingeniería, energía solar y física aplicada. Los estudiantes, que tienen entre 15 y 16 años, desarrollaron un sistema de cocción a partir de filtros de aceite automotriz usados e incorporaron ventilación forzada, un panel solar y un banco de energía.
De las pruebas en Santa Cruz a una feria internacional
El siguiente paso fue llevar la idea de la propuesta a las pruebas. El grupo de jóvenes estudió variables como el calentamiento del agua, la transferencia de calor, la energía y la potencia térmica.
Cada una formaba parte de la evaluación del sistema y permitía examinar su comportamiento desde la física. La investigación exigió, además, que los estudiantes pudieran explicar su metodología, justificar sus decisiones y responder preguntas técnicas sobre su trabajo.
Publicidad
“No tuvimos problemas financieros para diseñar la hornilla, porque se supone que es de bajo costo. Todos los artículos que encontramos son de material reciclado y, por ejemplo, la cámara de combustión fue hecha con un tubo del parque artesanal”, detalló Emilia Brito.
El resultado de ese proceso llegó hasta São Paulo, Brasil. Allí, los tres estudiantes representaron a Galápagos en FENADANTE 2026, una feria internacional de ciencia que reunió proyectos de distintos lugares.
Su investigación obtuvo el tercer lugar internacional, un reconocimiento que convirtió aquella búsqueda de una alternativa para los residuos automotrices en una experiencia que trascendió las aulas de su institución educativa.
“Creemos que este proyecto es viable, pero también necesitamos más dedicación e inversionistas para mejorar la calidad, porque, como lo hemos dicho, estamos en vías de desarrollo. Nos faltan pruebas de carbono, de seguridad y más aspectos tecnológicos. A futuro planteamos esta hornilla como de campo”, mencionó Sebastián Parra.
Dos nuevas acreditaciones y un reconocimiento al docente
Pero el premio no fue la única puerta que se abrió. La delegación consiguió dos nuevas acreditaciones internacionales de innovación científica y tecnológica, una para ICIA, en Indonesia, y otra para FITEC, en Brasil.
La trayectoria del grupo ya había comenzado el año anterior, con una participación internacional en Perú, por lo que el resultado en São Paulo representa un nuevo capítulo en un recorrido científico que continúa creciendo.
Detrás de los estudiantes también estuvo Xavier Zoller, su tutor y docente de matemáticas y física, quien acompañó el desarrollo de la investigación y recibió el premio “Professor Destaque” durante el evento.
Su reconocimiento se sumó al de los jóvenes y puso en relieve el papel de la orientación docente en un proceso que exige formular preguntas, experimentar, interpretar resultados y defender las conclusiones ante otras personas.
De San Francisco a la Basílica: la ruta de los pesebres que anuncia la Navidad en Quito
Su mayor significado está en el lugar donde comenzó. Galápagos es conocido mundialmente por su biodiversidad y por las investigaciones que atrae desde distintos países; esta vez, fueron tres estudiantes ecuatorianos quienes llevaron una propuesta propia a una competencia internacional. (I)







