Y es que viendo a mis amigas y amigos postear sobre la Luna en Instagram, sentí esperanza por primera vez en mucho tiempo. Soy la hija de 30 años de una boomer que ve al futuro como un lugar al que quiere llegar. A sus 69 años, mi mamá tiene más metas y proyectos que yo, porque ella piensa que en el futuro están las soluciones, que en el futuro reside la esperanza de nuevas y mejores cosas para la humanidad. Ella vio al mundo desarrollarse en tiempo récord, y creció con la idea de que la especie humana encontraría la forma de alejarse de la guerra, del racismo, lo que no conocía con la palabra “colonización” pero sentía sus efectos. Además, cuando ella tenía mi edad o menos, no había un miedo colectivo tan fuerte, que se siente como un ente respirando sobre nuestro cuello, de que la Tierra, nuestro único planeta, en el cual podemos sobrevivir, iba a destruirse por consecuencias ambientales y ecológicas.

El Artemis II es el primer vuelo tripulado al espacio del proyecto Artemis, enfocado en retornar a los humanos a la Luna por primera vez desde la década de los 70. El Artemis II es también el primer vuelo tripulado en establecer un nuevo récord de distancia lejos de la Tierra con seres humanos en una nave espacial de este tipo, habiendo recorrido 406.771 km, pero no solo hicieron historia por eso.

Victor Jerome Glover Jr. fue el primer hombre de raza negra en viajar fuera de la órbita de la Tierra. Christina Koch, la primera mujer, punto. Jeremy Hansen, de la agencia espacial canadiense, el primer no-estadounidense en viajar fuera de esta órbita. Y Reid Wiseman fue el primer comandante de una misión lunar desde 1972. Todos ellos, parte de la generación X, que recuerdan o nacieron en el año en el que la humanidad llegó a la Luna. Durante sus 10 días en el espacio, el equipo del Artemis II nos dio mucho para pensar y mucho para ver: con la ayuda de redes sociales y YouTube, la NASA nos permitió ver qué sucede en estos viajes más que nunca, cosas tan sin sentido y a la vez tan importantes como qué estaban comiendo, la fascinación que sentían ante un micrófono flotante y no podían responder preguntas de mandatarios o prensa sin reírse, o un peluche diseñado por un niño de 8 años que fue enviado con ellos al espacio.

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Por un momento, estar pegados al teléfono no fue doom scrolling; fue la conexión que sentíamos con el equipo de Artemis y entre nosotros mismos. Cuando bajaron seguros, en algún lugar del océano Pacífico, creo que todos los que seguimos a la misión respiramos con alivio.

Estamos tan bombardeados del alza de la ultraderecha, las guerras sin sentido, los bombardeos constantes, la delincuencia organizada, los toques de queda, la revelación de muchos nombres famosos que sostienen a nuestra sociedad relacionados con la trata de personas, que nos olvidamos de que la naturaleza humana es maleable y que existen maravillas más allá de nuestro metro cuadrado. Nos hemos olvidado completamente de las cosas que la humanidad es capaz de regalarnos cuando nos unimos para algo que no le hace daño a nadie, que más bien enseña, explora.

Gracias a la NASA, sí, pero sobre todo gracias a Jerome, a Christina, a Reid y a Jeremy, cuatro exploradores que lo dieron todo para hacernos sentir bien un momento. Bienvenidos a su casa. (O)

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Nicole Foss Ayala, comunicadora social, Guayaquil