Ecuador tocó la gloria: pasamos de producir 3.000 libras de camarón por hectárea a 15.000. Con la misma tierra, con más tecnología, destronamos a India y Vietnam. Hoy somos el primer exportador mundial de camarón. Pero el éxito nos está pasando factura. Y duele. La industria ya sobrevivió a la mancha blanca en los 90, a caídas de precio, a aranceles. Siempre se levantó. El problema hoy es distinto: somos víctimas de nuestra propia eficiencia. Al estabilizar las producciones y saltar a 3.000, a 9.000-15.000 libras por hectárea, más el cambio de miles de hectáreas arroceras a piscinas camaroneras, inundamos el mundo de camarón ecuatoriano. La oferta se disparó. La demanda mundial, no. Resultado: precios por el suelo desde 2023.

Hoy el camarón es más grande que el petróleo. Representa el 32 % de exportaciones no petroleras. Pero cuando el productor no vende, cae toda la cadena: balanceados, porque las materias primas –como soja y trigo– subieron y hay más fábricas compitiendo por un mercado que no crece; laboratorios, porque nadie quiere sembrar larva y el miedo a producir a pérdida vació las órdenes y están al borde del colapso; insumos y empleo, desde aireadores hasta transportistas, porque en Guayas, El Oro y Manabí, Esmeraldas miles de familias dependen de que la piscina esté llena. El productor prefiere parar antes que perder cincuenta centavos por libra. Sembrar hoy es jugar a la ruleta rusa.

¿Cuál es la salida? Dejar de tapar el sol con un dedo. Primero, conciencia de sector: seguir produciendo miles de libras por hectárea cuando el mercado paga mucho menos es suicidio; el gremio debe acordar reducciones eficientes de densidad, no quebrar por volumen. Segundo, valor y no volumen: China compra el 60 % pero pone el precio; urge abrir mercados prémium en Estados Unidos y Europa con camarón con valor agregado, libre de antibióticos, con trazabilidad, dejar de ser commodity. Tercero, política de Estado: si el camarón ya pesa más que el petróleo, merece un plan de salvataje, crédito blando para reconversión, alivio tributario a laboratorios y seguros de precio para el pequeño productor. El mercado internacional está colapsando por nuestro propio peso. Si no ordenamos la casa, la crisis de hoy será la quiebra de mañana. Y Ecuador no se puede dar el lujo de perder su nueva joya. El país aprendió a producir como nadie. Ahora toca aprender a no morir de éxito. (O)

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Javier de Jesús Barragán R., abogado, Guayaquil