Mucho se ha dicho que la democracia, aun con sus falencias, es el mejor sistema de elección y funcionamiento de las instituciones gubernamentales. Pero en los últimos tiempos se han presentado casos en el Ecuador y en otros países en los que el sistema de elecciones produce una verdadera distorsión de la voluntad de los sufragantes, dándose sucesos de elegidos que no representan a la mayoría, que producen sentimientos decepcionantes que debilitan al sistema democrático. Pongo el ejemplo de lo sucedido en las últimas elecciones en Perú, y en la Alcaldía de Quito, Ecuador:

No puede ser posible que se obligue a una mayoría absoluta a sufragar por finalistas que han obtenido una votación poco significativa y que no hay importantes diferencias con los otros candidatos. Los sistemas deben ser corregidos porque puede ser el caso que esa gran mayoría se sienta más identificada con un candidato ubicado en tercer o cuarto puesto dentro de un elevado número de participantes. Si no fuera por el asunto de costos y los trastornos sociales que a veces traen los procesos electorales, pienso en que las elecciones deben tener, de ser necesario, más de dos vueltas, y que en cada vuelta se elimine a una cierta cantidad de candidatos de los que obtuvieron las últimas ubicaciones.

En el caso de las alcaldías y las prefecturas en Ecuador, debe haber obligatoriamente al menos dos vueltas cuando el ganador no haya obtenido al menos el 40 % de la aceptación y con una diferencia de al menos el 10 % con el candidato que le sigue en votación. No es aceptable que se imponga como alcalde o como prefecto a alguien contrariando la voluntad de más de las tres cuartas (¾) partes de los sufragantes.

Traslado estas preocupaciones a la comunidad política para que tome acciones al respecto, con el ánimo de fortalecer los sistemas democráticos. (O)

Oswaldo Alfredo Navarrete Pacheco, ingeniero industrial, Daule