Comparto una reflexión de sentido común: “la destrucción de la capa de ozono y el deterioro del medioambiente tienen mucho que ver con nuestras acciones como humanidad”.

Durante años hemos utilizado productos que dañan el entorno: plásticos en exceso, pesticidas agrícolas sin control, y una cantidad creciente de desperdicios electrónicos que terminan contaminando suelos y aguas. Todo esto, poco a poco, va afectando el equilibrio natural del planeta.

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Sin embargo, no todo está perdido. En varios países ya se están tomando medidas responsables, como la separación de la basura orgánica para convertirla en abono natural. Este tipo de prácticas no solo reducen la contaminación, sino que también fortalecen la agricultura, haciéndola más sana y sostenible.

En nuestro querido país, Ecuador, también se han dado algunos pasos. Se ha escuchado de iniciativas donde se separan los plásticos para su reutilización, lo cual es un avance importante.

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Pero aún falta más conciencia colectiva y más apoyo a estas acciones.

Sería muy positivo que se impulse con mayor fuerza la siembra orgánica, reduciendo el uso de químicos y apostando por métodos más amigables con la naturaleza. Esto no solo beneficiaría al medioambiente, sino también a nuestra salud y a la economía de los pequeños agricultores.

Queridos lectores, la solución no depende únicamente de las autoridades. La solución depende de lo que cada uno de nosotros puede aportar: reduciendo el uso de plásticos, separando los desechos en casa, reutilizando lo que sea posible y educando a las nuevas generaciones.

Cuidar la tierra no es una opción, es una responsabilidad. Si queremos dejar un mejor futuro a nuestros hijos y nietos, debemos empezar desde hoy. (O)

Carlos Rafael Varas Yépez, agrónomo, Daule