Que nuestra vida sea útil, que dejemos huella. Que seamos como un velero que navega con rumbo fijo. Que tengamos la valentía de avanzar. Que nuestra pesca sea fecunda y abundante. Que tengamos el temple de la vela que aguanta el viento impetuoso. Que manejemos bien el timón de nuestras emociones. Que rompamos las olas con nuestro esfuerzo y laboriosidad. Que la brújula de nuestro entendimiento nos conduzca por la ruta de la verdad.
Que las paredes de nuestra embarcación no permitan que penetre el miedo y la duda. Que siempre mantengamos la calma y el perdón ante el oleaje de las incomprensiones. Que nunca nos falte la paciencia para esperar la llegada a tierra firme. Que dirijamos a nuestros subalternos con firmeza y comprensión. Que Dios nos ilumine con el faro de su sabiduría.(O)
Mario José Monteverde Rodríguez, médico, Guayaquil