Cuando tocan a sus júniors lloran, gritan, insultan, sienten sus “derechos vulnerados”, ¡es el fin del mundo!, quieren que todos ayudemos en su ‘lucha’ para que se respete su voluntad; ahí somos bienvenidos a su lado, a su mundo, pero cuando somos el pueblo, los pobres, los que necesitamos ser escuchados, lo llaman rebelión, nos llaman exigentes y nadie nos escucha, mucho menos nos ayudan, no tenemos derechos.
Ciertos de cuentas bancarias millonarias sí tienen derecho a progresar, vivir con dignidad. Nosotros tenemos que pedir de rodillas una oportunidad. ¡Basta de tanta infamia! ¡Nosotros también tenemos derechos, exigimos las mismas oportunidades! Sus títulos (que muchas veces son solo de cartón) no están por encima de nuestra inteligencia. Ellos pueden acceder a puestos de poder, escogidos a dedo, nosotros no, pero la diferencia radica en que cuando nosotros progresamos, cada centavo nos lo ganamos con el sudor de nuestra frente, honradamente y nadie nos puede arrebatar lo que con esfuerzo y trabajo logramos (con justicia, al menos no); en tanto que ciertos que llegan a arriba, caen sin pena ni gloria cualquier momento.
Desde pequeños nos han enseñado que lo que es fácil viene fácil y fácil se va; pero no todos son educados con valores. ¡Nosotros también queremos tener tranquilidad, comer, acceder a los servicios básicos, salud, estudiar, sin tener que escoger por prioridad qué es más importante pagar! ¡Queremos tener una casa bonita, un auto, nos cansamos de andar solo en bus! ¡Queremos seguridad, tener las mismas oportunidades! ¿Por qué la buena racha no es para nosotros? Sus hijos, mis hijos, los hijos de todos merecen vivir con dignidad, sin importar el apellido, la clase social, el tamaño de la billetera de papá y mamá; lo único que tendría que influir es la honestidad, la justicia y primar la libertad. (O)
Aissa Tatiana Pazmiño Real, Ambato









