La historia de la mujer en la política nacional ha jugado siempre un papel importante, y a base de esa historia se ha buscado últimamente reivindicar y darle el lugar que le corresponde, por medio de las reformas al Código de la Democracia, relacionadas a la equidad de género y erradicación de la violencia política, buscando que en el proceso electoral del 2021 sea visible una paridad de género.
Sin embargo, nuestra clase política una vez más nos da cátedra de cómo no hacer política, y nos recuerda la urgencia de buscar un cambio generacional donde los actores estén conscientes de que el mundo no es solamente de machos ni de viejas figuras electorales, y que esa política tradicional ya nos ha fallado no una ni dos veces, sino más bien ha sido el detonante del repudio de la ciudadanía en temas de gobernanza. A meses de los nuevos comicios, se ha rifado una vez más la voluntad política de quienes estaban dispuestos a asumir dicha responsabilidad, con pretexto de acuerdos y alianzas que por un lado buscan cortar la mala administración de 13 años de una corriente nefasta y con la amenaza de retomar el poder. Pero el costo es alto y ha significado debilitar el liderazgo femenino, tumbando así la candidatura de la única mujer que quiso asumir el reto. Decepcionante es ver que de 19 binomios presidenciales no hay una sola candidata (mujer) que lidere o busque el encargo presidencial con la venia del voto popular, y nos tocará seguir mencionando como historia, que en 1997 por unas cuantas horas, tuvimos a la única mujer presidenta del Ecuador, la doctora Rosalía Arteaga Serrano, quien en entrevistas ha mencionado ”perdí la Presidencia de la República de mi país por ser mujer”. Nuevos aires en la política sin fórmulas ni cálculos, no vienen mal en estos tiempos. El compromiso y la responsabilidad de un mejor país, es de todos. (O)
Luis Alfredo Rodríguez Llaque, abogado, Guayaquil








