El Instituto Internacional para el Desarrollo Sostenible, IISD, ha expresado que los países bananeros latinoamericanos han alcanzado prestigio y respetabilidad gracias a que un significativo volumen de sus exportaciones ha salido con sellos Fairtrade o comercio justo, que identifica a la fruta proveniente de pequeñas y medianas fincas, menores a 30 hectáreas, que han cumplido con requisitos sociales y observado estrictas regulaciones ambientales, recibiendo retribuciones superiores a las oficiales. Esta alternativa al intercambio tradicional abre el camino directo a los mercados de los bienes agrícolas, pecuarios, acuícolas, forestales, artesanales, cuidando que los importadores y comercializadores al detal asuman una relación sustentable con sus proveedores, mostrando solidaridad, reconociendo en forma pragmática el rol de los agricultores en el abastecimiento de alimentos, aceptando pagar precios justos y ellos, comprometerse a fortalecer y modernizar sus organizaciones, la superación de sus miembros y el desarrollo integral de las comunidades a las que se pertenecen.

El éxito de esta corriente está en relación directa con la decisión de la población de optar por esos bienes, sean de cosecha nacional o importados, haciendo realidad la antigua aspiración de acercar lo máximo posible a los empresarios del agro y los compradores, de tal manera que los beneficios sean compartidos equilibradamente con los actores del débil eslabón primario de la cadena alimentaria, para que el valor final se transfiera en buena medida a quienes ejercen las labores en el campo y trabajadores en general.

Tiene que existir absoluta comprensión del mundo consumidor, que Fairtrade lleva consigo el ahínco de muchos empresarios de escasa capacidad financiera, que han preservado una rica tradición familiar, con integrantes en constante superación dando surgimiento a una pujante juventud que se ha propuesto mantener las actividades en mejores condiciones tecnológicas, con arraigados sentimientos asociativos, formando dirigentes capaces de negociar con los más encumbrados líderes del comercio mundial, en procura de un mejor trato en una relación que generalmente ha beneficiado a los manipuladores del mercado.

Respecto del avance del comercio justo, Marike Runneboom, de la red de banano, en el último encuentro Fairtrade en Guayaquil, manifestó que las exportaciones agrícolas de la región con ese distintivo vienen creciendo a una tasa del 10 % al 12 % anual, alcanzando en el 2018 más de medio millón de toneladas, con ingresos de 255 millones de dólares y premios para inversión social y ambiental superiores a 30 millones, distribuidos directamente a los trabajadores, no a los propietarios, ya beneficiados con mejores precios. Ecuador también ha crecido en los últimos tres años, estimándose que los adherentes bananeros a este mecanismo suman más de dos mil, significando el 1 % de las exportaciones no petroleras. Conviene, por tanto, aunar esfuerzos y respaldar esta iniciativa hasta su plena consolidación, constituyendo uno de los caminos hacia la superación de necesidades insatisfechas de las comunidades agrícolas. (O)