Tiene algo más de 600 lagunas en una zona de 29 000 hectáreas aproximadamente. Fue creado en el año 1977 como parque nacional y no hay azuayo, quizá ecuatoriano, que no haya leído, visto o visitado la inmensidad de su sobrecogedora belleza natural. Es el Parque Nacional Cajas, humedal Ramsar donde se reúne toda el agua que consumen poblaciones del sur andino del Ecuador. Y aunque han intentado, forzadamente, convertirlo en santuario religioso de supuestas apariciones marianas, y lo han cruzado con lo que hasta ahora es la carretera más costosa de la historia del Ecuador, el Cajas con su flora y fauna únicas han resistido embate tras embate para sostenerse como el fiel testigo de toda una era de la historia de nuestro planeta: las altiplanicies y valles que acogen a las lagunas naturales se formaron por avances y retiros de glaciares en millones de años terrestres, o un pestañeo del Universo, que es lo mismo.

Este territorio ha sido el orgullo de los azuayos por su incomparable belleza, hábitat del cóndor andino, pajonales interminables para caminantes, lagunas y lagos, riachuelos, cielos infinitamente azules. Santuario natural que exige un gran respeto; lo agreste del clima en determinada época del año y su aislamiento natural fue durante mucho tiempo su mejor defensa. Pero luego llegó la carretera, con ella las apariciones religiosas y también la contaminación.

Declarada zona especial, transitar por allí con carga peligrosa requiere de permisos especiales; y estaba al alcance libre y gratuito de quienes la visitan. Gratuito al menos desde el año 2012, porque durante la década anterior se debía pagar por su ingreso.

El Sistema Nacional de áreas protegidas del Ecuador cuenta con un poco más de medio centenar de reservas ecológicas y parques nacionales donde se preserva tanto la fauna como la vida silvestre y marina. Una de ellas es el Cajas. La responsabilidad de su administración fue conferida por el Ministerio del Ambiente a la Municipalidad de Cuenca y su empresa Etapa. Y pasa a ser una responsabilidad mayor por todo lo que turística y medioambientalmente significan para el Ecuador y el mundo. Las tareas pendientes y urgentes van desde el ámbito de la transportación interprovincial, el asunto de la explotación minera en sus inmediaciones y su sostenibilidad en el tiempo.

Para el primer caso hay una medida de restricción que es incipiente precisamente por falta de control: la cercanía con la provincia del Guayas favorece la transportación de pasajeros, pero se requieren estudios para determinar su real impacto. En el tema minero, las poblaciones aledañas se han levantado en una defensa férrea que mantiene con vigilancia comunitaria, por un lado, y policial, por el otro, a las zonas limítrofes del parque nacional con eventuales enfrentamientos. Y sobre su sostenibilidad, la opción ha sido el modelo privatizador: desde el próximo año los nuevos administradores cobrarán por su ingreso; una medida insuficiente sin el compromiso del Gobierno Nacional, el mismo que ha abierto las concesiones mineras y del cual, la verdad sea dicha, no se espera nada serio. La suerte del Cajas será la suerte de todos. (O)