Islandia es un país que enfrenta la pandemia exitosamente. Liderado por una mujer, esa nación tiene un sistema de salud pública universal que desarrolló un plan de respuesta nacional a la pandemia con varios pasos tempranamente. El principal fue hacer pruebas a sus ciudadanos asintomáticos desde febrero, encontraron el primer caso un mes después. Su sistema de diagnóstico, seguimiento y aislamiento fue tan eficaz que casi el 60 % de nuevos casos estaban en cuarentena al ser comunicados de tener el virus, ergo no contagiaban a la comunidad. Además, desde temprano instalaron un programa de educación con conferencias diarias basado en preguntas y respuestas francas. Adquirieron equipo de protección para su personal médico, mascarillas para todos, aumentaron la capacidad hospitalaria, se aliaron con laboratorios privados para dar resultados en menos de 24 horas, enseñaron cómo proteger a los más vulnerables y población de riesgo. No han tenido escasez de nada durante la pandemia. La cuarentena no requirió ser total y ya están disminuyendo las restricciones de movilidad interna para la apertura al turismo extranjero en junio. Todos los visitantes se realizarán al arribo pruebas PCR con resultados en el mismo día para determinar si son positivos y requieren 14 días de aislamiento o si pueden recorrer el país libremente.

Islandia sufrirá la recesión económica como todo el mundo, pero posee otra ventaja en su presupuesto: no tiene Fuerzas Armadas, solo mantiene un pequeño sistema de guardia marítima y aérea.

Ese país logró articular a científicos en un plan gubernamental efectivo con una sociedad receptiva y respetuosa hasta convertirse en un centro de estudio médico y epidemiológico ejemplar. A diferencia de Islandia, ¿cómo describirán esta historia nuestros nietos? ¿Será la arrogancia y egoísmo la marca del 2020?

Se habla de las oportunidades que las crisis ofrecen, Ecuador tiene cuatro concomitantes: política, económica, sanitaria y social. Es tiempo de ser valientes y proponer, al menos, dos cambios estructurales que rompan paradigmas:

1. Lograr unificar el sistema sanitario evitando que el ministerio ofrezca el mal servicio plagado de corruptos e ineficientes que hoy tenemos. Que el Estado entregue recursos al IESS para que este se encargue de proveer salud universal mientras el MSP regula la calidad de los servicios médicos y logra coordinar los subsistemas (incluido el sector privado) manteniendo el flujo de capital adecuado.

2. Abolir las Fuerzas Armadas. Hacer un plan de transición con negociadores hábiles para que los militares actuales mantengan sus prerrogativas (rangos, becas de estudios, sueldos, jubilaciones, seguros, etc.) mientras se van organizando, con ellos, las instituciones especializadas en las distintas acciones que más han hecho en estas décadas: rescate, ayuda humanitaria, formación y apoyo en lugares remotos. Equipos multidisciplinarios para combatir con inteligencia los problemas ecuatorianos de este siglo: narcotráfico, contrabando, trata de mujeres y niños, corrupción, etc. ¿Es utópico un pacto social que parta de desprendimientos, de oír soluciones en lugar de tanto “No se puede”? (O)