La gran crisis económica que ha producido el COVID-19, la más grande ciertamente desde la gran depresión que iniciada en 1929 se extendió por varios años hacia los 30, y que asoló a todo el planeta, encuentra hoy a los países del primer mundo con una situación muy ventajosa para la salida de la misma.

En primer lugar, el mundo ha mantenido por ya muchos años tasas de interés bajas. Estas van a perdurar por un largo tiempo, porque en el mundo hay un exceso de ahorro acumulado, y en los países más desarrollados existe una demanda de capital baja. La razón para que esto suceda es que las bajísimas tasas de crecimiento poblacional (en algunos países negativas) dan como resultado una menor demanda de capital. Una población que no crece demanda menos viviendas, menos expansiones de colegios, de universidades, menos locales comerciales, menos recursos para equipar a la mano de obra que no crece.

Por otra parte, el alto grado de desarrollo hace que la dotación de capital/habitante sea ya muy alta, y que solo se necesita capital de reposición. Vamos a explicar al lector esto con un sencillo ejemplo. Vamos a suponer que en una sociedad la gente está recogiendo piedras. Si la equipamos con algo de capital, es decir una pala, mejora mucho la productividad. Si luego le damos una carretilla y un pico, la productividad mejora más. En el proceso, ha habido una demanda de capital para proveer ese equipamiento. Si finalmente cada persona en la actividad tiene un “payloader”, entonces la productividad es altísima, y además, hay una gran inversión de capital hecha por habitante, pues la dotación de una máquina así por habitante demanda bastantes recursos por persona. Cuando todos los habitantes ya tienen un “payloader” y la población no crece, entonces la demanda de capital solo se dará en la medida de que se necesite la reposición de los “payloaders” que estén muy viejos. Esa es precisamente la situación de los países con más ahorro y riqueza en el mundo. La población tiene una gran dotación de capital. Todo el mundo está educado, todo el mundo tiene computadoras, acceso a internet, etc. Por ello en el Japón, en Europa, en Estados Unidos, las tasas de interés han venido cayendo sistemáticamente por años, están bajísimas, y se prevé que sigan ahí. No hay gran demanda de capital, ni va a existir en el futuro cercano.

¡Gran noticia para enfrentar el COVID-19! Los países ricos y desarrollados pueden emitir deuda a muy baja tasa de interés y producir un gran impulso fiscal, que es la receta que precisamente se necesita para salir de la crisis. De hecho, todos los países han anunciado grandes paquetes fiscales. Esas bajas tasas de interés significan que el servicio de esa deuda, o la carga de intereses, será mínima, y no afectará a la población. En otras palabras, se hace el plan hoy, se emiten papeles a largo plazo, y el año próximo es poquísimo lo que se paga de intereses. La gravedad del problema tiene este alivio, que dado el mucho mayor conocimiento que tenemos de economía nos permitirá ver una recuperación más rápida que la de 1929, aunque la recesión sea por su naturaleza más aguda.

El gran drama del Ecuador es que tiene alergia al único medicamento que ayuda. No puede endeudarse, porque los mercados están cerrados. No puede aumentar el gasto fiscal fácilmente, porque ese gasto es precisamente el causante principal de la gran debacle que hoy vivimos. En otras palabras, cuando el médico visita al Ecuador, y le dice: La receta es un gran impulso fiscal, el Ecuador responde: Pero soy alérgico a esa medicina.

Lo anterior nos lleva a que tengamos que entender que nuestra salida requerirá de un gigantesco esfuerzo, de concertación de voluntades, y por sobre todo, de aceptar que todos somos más pobres: empresarios, trabajadores, servidores públicos, emprendedores, los que viven al día y los que son profesionales independientes. Todos, absolutamente todos somos más pobres, y como no tenemos tipo de cambio, se requerirá de un gran pacto social, en el cual las cosas, incluyendo los salarios, tendrán que ajustarse a la baja. Y si esto no logramos hacerlo, concertando voluntades, el Ecuador no tendrá salida de esta crisis, su recesión será más profunda y más larga.

La depreciación de la moneda hace eso. Le dice al mundo que el país es más pobre en relación con el resto del planeta. Como eso no podemos hacer, lo debemos enfrentar de la otra forma. Y si esos acomodos no se dan, y si el marco jurídico no se lo adapta, y si el Gobierno no lo lidera, nuestro país verá días mucho más duros y más largos que el resto del planeta para salir de esta pandemia y de su efecto económico.

Que en esta Pascua veamos la luz, depongamos los odios, las pasiones, los intereses, y pensemos en el Ecuador. (O)