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Trump y coronavirus

Fue exitosa la visita de Estado del presidente Moreno a Washington. La reunión con Trump marcó el punto más alto de las relaciones bilaterales en años. Es mérito de la embajadora Ivonne Baki haberla organizado rápidamente, prevalida de su amistad con el mandatario estadounidense. El resto se dio por inercia cumpliéndose con los objetivos de comercio, seguridad, educación, lucha anticorrupción y de apoyo ante los organismos multilaterales de desarrollo.

La recalificación de los bonos soberanos de B3 a CAA1 por parte de la firma Moody’s y el nuevo repunte del riesgo país por encima de los 1000 puntos vinieron a opacar el golpe de efecto, pero, aun así, sirvieron para afianzar la imagen del país.

La prestigiosa firma de servicios financieros Credit Suisse considera que esta rebaja es precipitada considerando que el vencimiento de obligaciones es en 24 meses. Y la reducción momentánea del precio del petróleo debido a la lentificación de la economía de China afectada por la epidemia del coronavirus es un factor cíclico.

El acuerdo comercial con Estados Unidos ha sido una vieja aspiración de la comunidad empresarial tanto de exportadores como importadores, desde que se cayera la negociación del TLC en 2006, después de un proceso de once rondas y tres minirrondas que demandó dos años de esfuerzo inútil. Al cabo de reiterados y vanos intentos dicho acuerdo vuelve a ser prioridad en la agenda binacional.

Mientras Moreno era bienvenido en la Casa Blanca, Vargas “el emplumado” era deportado como paria de Guatemala. Al expresar su malestar tuvo la infortunada ocurrencia de protestar porque el presidente de la Conaie era como el segundo mandatario del Ecuador.

La corona del tawasap y la soberbia que le produjo la claudicación del Gobierno durante el levantamiento indígena de octubre, en aras de la paz social, parecen haberlo transfigurado en un ser arrogante y prepotente, la contracara del pueblo humilde al que dice representar con pujos delirantes de soberano del Tahuantinsuyo.

Dirigentes del movimiento indígena han tenido que intervenir para aconsejar moderación a fin de no caer en el ridículo.

Pero las ínfulas de poder suelen ser desenfrenadas. Pese a que fue desestimado su más reciente pedido de una consulta popular para prohibir la minería metálica en el Azuay ante la Corte Constitucional, el prefecto Yaku Pérez insiste con dos preguntas que repiten lo anterior. Da la impresión de que vuelve a retomar el caso con fines de protagonismo político/electoral.

Procura una vez más reformar la Constitución con una aplicación acotada al ámbito provincial lo cual es imposible. La Ley Fundamental cuando aborda el tema de la minería la proscribe en centros urbanos, áreas protegidas y zonas intangibles, no más.

Una iniciativa que generara incertidumbre jurídica sobre el futuro de la minería en el Ecuador, en coincidencia con el inicio de la explotación de dos proyectos a escala mundial en Zamora-Chinchipe. Paradójico que su promotor tenga, según se ha denunciado, un pasado como abogado de concesiones mineras en el Austro cuando se dedicaba al libre ejercicio de la profesión, por cierto, con otra identidad.

Y en el ámbito de las sorpresas no hay agotamiento. Es la moraleja del caso Sobornos, que con sus prolongadas audiencias está entrando en su etapa más crucial con múltiples testigos que confirman, sin margen de duda, el modus operandi de la mafia correísta para financiar sus campañas electorales.

La sentencia en cierne arrincona al déspota exponiéndolo a una inhabilitación política de por vida.

(O)

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