Entramos en un año de campaña electoral en el que buscaremos un presidente de la República para el 2021, dentro de un universo multipartidista, cuyos líderes han preferido convertirse en caudillos en lugar de crear una estructura unificadora. Aparecerán muchos pescadores a río revuelto que intentarán volverse protagonistas de alguna causa que esté de moda, aunque ni siquiera la conozcan a medias.

También aparecerán los que cuando habiendo estado en el poder no pudieron satisfacer las necesidades básicas de sus mandantes, tratarán de materializar votos por medio de dádivas entregadas a la carrera a grupos y comunidades sin un estudio que abarque las problemáticas de los ciudadanos. Se desaprovechará una oportunidad de oro para realizar cambios de fondo que puedan al menos visibilizar a los que desde que nos volvimos República han sido olvidados; estos sectores que ahora no se ven son los que en época de campaña se vuelven las minas donde poder recoger las fotos que se mostrarán en las redes sociales y se presentarán para recibir aplausos de los simpatizantes. Y luego que se acabe la campaña empezarán a materializar los pactos que hayan hecho para llegar al poder. Comenzarán a realizar “auditorías” para usarlas como cortinas de humo mediáticas en lugar de ponerse a trabajar, porque es más sencillo atacar lo malo que se hizo en el pasado que empezar a trabajar para mejorar el futuro. Y como seguiremos en esa misma línea, solo nos quedará volver a nuestras rutinas diarias guardando la esperanza de que llegará nuestro “salvador” a eliminar la corrupción y disminuir la pobreza, pero continuaremos ciegos a la olla de agua hirviendo donde nos hemos estado cociendo.

¿La solución?, simple: educación, es la única arma que nadie se atreve a mirar porque las personas que la han recibido se darán cuenta de que quien se las dio no es la mejor opción para su futuro, y terminen desplazándola. Y el ostracismo jamás podrían resistir quienes se han acostumbrado a mantenerse gobernando a la población. Aunque muchas veces el cambio constante es el único camino que permitirá dar la oportunidad a los mejores, no a los que mejor se saben promocionar. ¡Qué nos queda a los ciudadanos!, esperar de los políticos regalos, un apretón de manos para que crean que aún les creemos y votar por el que nos parezca mejor, aunque sepamos que nos ha mentido anteriormente. A candidatos les queda volver a ponerse la máscara, preparar el alcohol con el que se van a lavar las manos después de las caminatas y sonreír.(O)

Francisco Andrés Ramírez Parrales,

ingeniero, arrocero; Samborondón