Desde 1980 me interesé en el movimiento indígena. La Conaie no se había fundado y existía la organización precursora Conacnie. Traté a dirigentes de entonces, de alguno puedo decir que fui amigo. Cuando se produjo el levantamiento de 1990 me sorprendieron, no me cuesta decir que gratamente, con su demostración de organización y fuerza. Hubo incidentes, pero en ningún caso se puede calificar de violento a ese episodio. Lo obtenido en esos días fue muy importante, el movimiento indígena se posicionó como un actor social significativo. Había un país antes del 4 de junio de 1990, ahora hay otro, en el que las nacionalidades ancestrales han de ser tomadas en cuenta.

Este posicionamiento consolidado a lo largo de los años 90 culminó en enero de 2000 cuando se evidenciaron las falencias estratégicas del movimiento al involucrarse en un golpe sin pies ni cabeza. Desde entonces no han dejado de equivocarse. Les aconteció con el gobierno de Gutiérrez, del cual salieron con cajas destempladas y mucho peor con el dictador Correa, quien estuvo a punto de acabar con la Conaie. Eso sí, merece destacarse que su oposición a la dictadura fue un factor importante para impedir que se perpetúe. Lo que hemos visto las últimas semanas ha sido su error más grave, un levantamiento inoportuno que, como era obvio, fue aprovechado por los enemigos de la república. El pretexto era fútil y la organización desastrosa. Se permitió la infiltración de maleantes que llevaron la violencia al extremo. Hubo hechos absolutamente injustificables, el saqueo de Parmalat y el secuestro de trabajadores de florícolas no fueron realizados por ningún intruso sino por indígenas. ¿No controlaron a sus bases o la barbarie era intencional? De lo que se vio la semana pasada hay dirigentes con claras tendencias sediciosas, que no retroceden a la hora de cometer delitos graves.

El problema no se reduce a la grave discapacidad táctica, sino que no hay un avance conceptual en el movimiento. Repiten desgastadas consignas de 1990 más alguna reivindicación inmediatista, que en ningún caso representan una visión o una propuesta sólida de país. Se puede decir que no han tenido pericia para mostrar al resto del Ecuador su proyecto de sociedad, pero creo más bien que el tal no existe. Esta inconsistencia en las ideas repercute en su accionar, llevándolos a involucrarse en disparates peligrosos. Por ejemplo, el aporte es cero en el área cultural, que es muy importante, porque es la cultura y ninguna otra cosa lo que las identifica como nacionalidades, existen por ella. Ni siquiera han logrado ponerse de acuerdo en una formalización del quichua que permita oficializarlo como lengua. Su propuesta económica parece reducirse a la defensa del ineficiente sistema de comunas, en el atraso más cerril y en total aislamiento del mundo. No han evolucionado hacia fórmulas solidarias sí, pero eficaces y viables, que las hay. Cuando hayan terminado de vandalizar y extorsionar sería bueno que bases y dirigentes se sienten a repensar su rol histórico y su aporte al resto de la sociedad, que sin duda puede ser muy valioso. (O)