La feria del libro es un espacio para la palabra, no solo para encontrar libros en oferta o escuchar a escritores, sino también un espacio crítico, de reflexión sobre el lenguaje y sus alcances.

En ese contexto, me tocó estar muy de cerca en una acción generada por la Fundación Mujer & Mujer y la agencia de publicidad Paper, con el apoyo de la Universidad Casa Grande ‘#Violentarios: comunicación, lenguaje y violencia contra la mujer’, compuesta por una exposición de carteles creados por ilustradoras ecuatorianas que logran una mirada crítica en la audiencia, contrastando comentarios violentos publicados en las redes sociales con estadísticas de la violencia contra la mujer (pueden verse en la cuenta de Paper en Facebook o en Instagram @adpaper).

Esta acción fue complementada con un conversatorio en el que participaron Alison Pinto (sicóloga, miembro principal del Consejo Cantonal de Protección Integral de Derechos de Guayaquil), Andrea Auz (directora creativa de Paper), Silvia Buendía  (abogada, feminista, defensora de DD.HH.) y Jéssica Agila (Fundación Mujer & Mujer).

La violencia contra la mujer es siempre un tema sensible, especialmente cuando se escucha que, en el Ecuador, una mujer es violada cada dos horas, tienes más posibilidades de que te violen a que te atropellen, o que solo en este año 566 mujeres, desde la edad de 4 años en adelante, han solicitado medidas de protección.

Esa consciencia sobre la violencia pareciera no corresponderse con lo que sucede en las redes sociales, en las que se opina y se enjuicia con mucha ligereza frente a hechos de violaciones y violencia con textos como: “Para mí que ella buscaba una buena violada, y al parecer lo consiguió y ahora se hace la víctima, quiere hacer drama que la violaron”, entre tantos otros.

Desde la democratización del poder y la opinión a través de las redes sociales y el nuevo paradigma digital, la palabra ha ganado mucha libertad, pero no estoy seguro de que haya venido acompañada de una educación sobre la responsabilidad del uso de la palabra como acción en esos espacios sociales.

Como argumenta Rafael Echeverría, lo social para los seres humanos se constituye en el lenguaje, todo fenómeno social es siempre un fenómeno lingüístico.

A través del lenguaje no solo hablamos de las cosas, sino que alteramos el curso espontáneo de los acontecimientos: hacemos que ocurran cosas.

Por eso podemos afirmar que somos en el lenguaje y que la palabra es acción. Entonces, vale la pena tomarse unos minutos y pensar ¿qué estamos generando con nuestras opiniones? ¿Somos promotores de comentarios violentos, o “violentarios”?

La violencia contra la mujer es un tema que no puede ser ajeno a nadie, lamentablemente las redes sociales nos hacen ver un mundo arbitrario, compuesto de las noticias y opiniones que hemos escogido y queremos escuchar, nos distancia de las problemáticas quedándonos en los discursos, por eso hay que ver más, escuchar más, acercarse más, porque como sociedad todos somos responsables y es un problema que, como se argumentó en el conversatorio, ya no basta con la denuncia, hay que trabajar en conjunto hombres y mujeres para solucionarlo, y creo que a los hombres nos toca poner la mayor parte. (O)