Al grito de “aunque me buleen en redes sociales voy a seguir regalando perros”, el alcalde de Quito amenazó con continuar su campaña sin pies ni cabeza de andar poblando edificios y hogares con perros que nadie pidió. Hasta lo último que supe, la Asamblea Nacional, un órgano que no ha empezado a buscar la mínima legitimidad y respeto que debería tener, cuenta ya con uno de ellos. No me imagino quién está a cargo de adiestrarlo y, hasta entonces, de recoger sus heces y limpiar sus orines.

Solo en este país puede haberse tergiversado tanto el concepto de bienestar canino que se espera que, amparados en una valla en la autopista Rumiñahui en la provincia de Pichincha que dice: “Déjalos cruzar”, circulen libremente perros sin esterilizar o vacunar, perros que nadie cuida ni alimenta. Todavía más vergüenza que nuestros políticos operantes, porque de esos hay en todas partes, aunque aquí la prevalencia parece ser más alta que el promedio de países de medianos ingresos, me dan los perros que pululan pulguientos, mendicantes por todas partes del país.

La fauna urbana es transmisora de todo tipo de enfermedades a los seres humanos; las más frecuentes parecen ser Pasteurella, Salmonella, Brucella, Yersinia enterocolitica, Campylobacter, Capnocytophaga, Bordetella bronchiseptica, Coxiella burnetii, Leptospira, Staphylococcus intermedius y Staphylococcus aureus resistente a la meticilina. Jorge Yunda debe saber esto mejor que muchos, pues es médico, o al alinearse con los animalistas se le olvidó ese capítulo de infectología.

Quito tiene un alto número de niños con desnutrición crónica, relacionada científicamente con infecciones que provocan tanto episodios diarreicos agudos como la inflamación del sistema gastrointestinal provocados, entre otras razones, por enfermedades zoonóticas. Y aunque buena parte de los episodios diarreicos agudos en personas de toda edad en la ciudad no se pueden atribuir a los perros, la presencia persistente de perros en las calles da cuenta de la falta de higiene y del abandono en que se encuentra la capital del país en ese sentido.

En un reciente estudio, Ortega y Fernández encontraron Esccherichia coli resistente a antibióticos en heces de perros del parque lineal de Solanda, un barrio de Quito. Como resalta Fernández en una entrevista, Eugenio Espejo, notable quiteño del siglo XVIII, ya señaló la importancia de la higiene en la salud. Por tanto, no son suficientes las campañas de esterilización de perros callejeros que además se manejan de manera antitécnica. ¿Cómo saben a cuáles se ha esterilizado previamente? ¿Estas esterilizaciones van a la par de la capacidad reproductora de los perros?

Toda buena labor en favor de los perros surge desde normas básicas de convivencia ciudadana en la que un perro botado en la calle que nadie recoge de un hogar de paso, por el cual nadie pone tristes letreros en los postes, no le pertenece a nadie. Por eso, no debemos andar regalando perros sino lo contrario: controlando la población indiscriminada de estos pobres seres en condición de abandono que además constituyen un problema de salud pública.

(O)