Hace seis años tuve una grata experiencia al atender un requerimiento de un apreciado amigo en el sentido de que le recomendara una facultad universitaria donde pudiese ingresar uno de sus hijos, profundamente interesado en estudiar ciencias agronómicas, se trataba de un joven con una excelente preparación secundaria adquirida en un prestigioso colegio local, en un medio exclusivamente urbano pero que albergaba en su espíritu un extraordinario impulso por el campo con una inclinación especial por su tecnológica, productiva y sustentable explotación. Pretendía encaminarlo a que continuara su formación superior en un centro extranjero de los conocidos en nuestro medio que han sido un importante aporte para la modernización agraria del país, pero significaba un alejamiento del claustro familiar y una fuerte erogación económica.

En razón de los lazos académicos que me unen a la Universidad Agraria del Ecuador, ese es su nombre de nacimiento, sabiendo además el nivel de enseñanza teórico y práctico que allí se imparte, el ambiente alegre pero respetable y profesional que se percibe, no dudé en aconsejar que presentara sus documentos e iniciara su carrera superior en ese calificado núcleo, en el entendido de que allí encontraría la respuesta a sus inquietudes conservacionistas de nuestra rica naturaleza, en el ejercicio de una técnica sin afectar los recursos renovables o no, acompañada de principios solidarios, humanistas y de mejoramiento del nivel de vida de la comunidad rural, sustentados en pénsum académicos actualizados en correspondencia con los avances digitales vinculados férreamente y accesibles a la sociedad campesina.

Dentro de pocos días, el 18 de julio, la Agraria se apresta a conmemorar su vigésimo sexto aniversario fundacional, ocasión propicia para justipreciar sus positivos resultados, comenzando por destacar que aquel joven, a cuyo preocupado padre orienté hacia la selección de esa universidad para la formación de su hijo, es ahora un destacado y orgulloso profesional, de muchos éxitos empresariales que se apresta a continuar enseñanzas de cuarto nivel con miras a lograr una maestría dentro de las varias opciones que le ofrece la misma. Pero tal voluntaria evaluación se extendió a revisar los informes oficiales, encontrando que, al término del año 2018 en su larga y prolífica trayectoria, se habían recibido 16.000 profesionales en estrictas disciplinas como Ciencias Agrarias, Medicina Veterinaria, Economía Agrícola, Ingeniería Ambiental y otras, incluyendo los graduados en sus extensiones conocidas como Programas Regionales de Enseñanza, ubicadas en poblaciones de connotación rural en varios cantones del país, que modelan tecnólogos o asistentes prácticos en áreas específicas, de tanta necesidad para nuestra agrícola nación.

Sin embargo, la misión cumplida no ha sido fácil, se ha caracterizado por una lucha constante de directivos y estudiantes para vencer intereses políticos que buscan controlar y hasta desintegrar la universidad, reduciéndole su patrimonio e inmovilizando sus activos líquidos, trato injusto que continúa, llegando a obstaculizar el registro del título doctoral de su fundador, Jacobo Bucaram Ortiz, y el de sus hijas para descartarlas de la administración institucional, lo cual desdice de los principios universitarios que destierra esos despropósitos. (O)