Toda mi vida he trabajado en seguros privados, más de 60 años. Todavía lo hago como asesor. En este lapso he aprendido que los seguros son una especie de gran mutualista: pagamos primas para indemnizar a quienes sufren una pérdida. Puede ser la vida, la capacidad de trabajar, el choque del auto o el incendio de un negocio. El principio es que siempre tiene que haber más ingresos que egresos. Con el cobro de las primas, el asegurador paga siniestros, los gastos de administración y los de adquisición del negocio (comisiones). Cuando el asegurador cobra primas insuficientes debe disminuir los gastos, pues los siniestros son imprevistos pero constantes. Si no alcanzan los ingresos, tiene que incrementar las primas o quebrar.

El mismo principio se aplica en los seguros públicos. En el IESS. Desgraciadamente, los gobiernos han considerado que las primas que pagan los patronos y los trabajadores son dinero del Estado y los directores, nombrados por el Gobierno, han considerado al enorme monstruo como si los ahorros del pueblo fueran dinero de bolsillo. Lo tienen al borde de la quiebra. El Gobierno anterior le quitó un sustancial aporte, ahora repuesto, y se nos convoca a un diálogo nacional para resolver el problema. Es una forma de endulzar la amarga medicina, de aplicarnos el pendejómetro, pues se la conoce de antemano. El diálogo nacional es una especie de eufemismo para que la solución única se entienda sabia y que todos la acepten. Así protestemos en los tonos más altos, movilicemos al país, lo paralicemos, tarde o temprano la solución es simple y no por eso menos dolorosa: incrementar las primas o aportes, racionalizar las prestaciones, lo que significa subir la edad de la jubilación y revisar el problema de la atención médica a quienes no aportan. Me odiarán por escribir esto, pero hay que decirlo. Se evidencia una vez más la perversa y falsa afirmación de que Correa le dejó al sucesor la mesa servida. Lo correcto sería decir que legó un terreno minado.

Pero no es suficiente. La pésima administración es solo una faceta del problema. Hay que reestructurar el sistema para que el IESS sea realmente autónomo, quitándoselo del Gobierno Central. Que lo administren sus dueños: los trabajadores y los patronos. Ellos son quienes pagan las primas de este seguro obligatorio. Debe ser una administración compartida, con representación del más importante empleador que es el Gobierno, pero que no lo presida ni tenga voto dirimente. La presidencia podría ser alternativa entre patronos y trabajadores. El diálogo nacional debe tocar este importante asunto. Sixto se atrevió a consultar al pueblo sobre la posibilidad de que los fondos de la seguridad social fueran administrados por empresas organizadas con este único fin. Perdió. Hay ejemplos exitosos en el mundo de cómo los ahorros de los trabajadores, bien invertidos, han capitalizado el progreso. Averigüen el ejemplo de Chile. Dicen los entendidos que un muy importante factor de su buen desarrollo se debe al dinero ahorrado en el sistema previsional. Pero allá son generalmente honrados, algo que aquí es excepcional.

(O)