Estando el ilegítimo y paranoico régimen venezolano en su proceso de fútil agonía, resulta decisivo esperar que una vez terminado el tormento para dicho pueblo, se puedan interpretar los hechos históricos y las circunstancias políticas que permitieron que la propuesta seudorredentora de populismo autoritario, esencia básica de los recientes gobiernos venezolanos, se haya llegado inclusive a transformar en modelo ideológico de exportación bajo la proclama de la revolución bolivariana, engendro de tantos males y fetiches.
En esa línea, hay que ser enfáticos al señalar que la necesidad de propagar el modelo bolivariano con el libreto del socialismo del siglo XXI se convirtió virtualmente en una razón de ser, especialmente del difunto Hugo Chávez. Hay múltiples estudios que ratifican la tesis de que la idea de la “Patria grande latinoamericana” fue utilizada como una matriz de aplicación política, que exigía la injerencia venezolana en asuntos internos de otros países –en los que no eran gobiernos amigos, tratando de socavar la vivencia democrática–, a diferencia de aquellos que llegaron a ser sus acólitos, gobernantes de otros países que se alinearon de forma entusiasta y dócil en la órbita bolivariana, para quienes la ayuda de cualquier tipo era abierta y generosa. Es posible sostener que existió por lo tanto una intención desmesurada de internacionalizar el modelo bolivariano, sin escatimar esfuerzo ni inversión alguna.
Para cumplir con tales objetivos, Hugo Chávez proporcionó recursos y apoyo logístico a lo largo de varios años, especialmente en aquellos de bonanza, invirtiendo entre otras cosas en el financiamiento de campañas presidenciales, inclusive en países como España. A estas alturas, nadie duda de que Venezuela apoyó de modo irregular con el sostén económico de campañas en varios países, en muchas ocasiones contraviniendo legislación expresa de los estados, como en el caso específico de nuestro país. Cuánto invirtió, quiénes fueron los gobernantes y políticos beneficiados ha sido hasta ahora, y por evidentes razones, un secreto con alto costo legal cuya divulgación ojalá sea posible luego del ansiado desenlace político en Venezuela.
En ese momento se podrá conocer en toda su magnitud el nivel de la injerencia venezolana en la política del Ecuador en el periodo de la revolución ciudadana, y de esa forma las enormes sumas de dinero que se regalaron para impulsar varias campañas electorales en nuestro país. Habiendo sido tan evidente el desparpajo con el que se aceptó la intromisión del modelo bolivariano, con seguridad se encontrarán sorpresas mayores con responsables directos del vasallaje que permitió, ahí sí, una vulneración abierta a nuestra soberanía. Los favores siempre se pagaron.
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