Eduardo Galeano, en su maravilloso relato Historia de la resurrección del papagayo, nos cuenta que este cayó en la olla que humeaba y se ahogó en la sopa caliente. Llenos de dolor, humanos y cosas sufren pérdidas por ello. El alfarero de Ceará reúne todas las tristezas y resucita al papagayo con los materiales de los afligidos por su muerte.
¿Qué papagayo se ahoga en la olla del mundo? Uno que voló a Siria, donde desde hace casi ocho años han muerto más de 350.000 personas, que pueden llegar a medio millón. Millones de desplazados internamente, de refugiados en países vecinos. Millones de niños no pueden ir a la escuela, uno de cada tres planteles está destruido. Millones de niños trabajan (en el 75% de los hogares), en muchos casos para sustentar sus familias. El 85% de los sirios está debajo del umbral de pobreza. ¿Qué motivó la muerte del papagayo? Un gobierno represivo que provocó protestas populares, aprovechadas por Occidente para controlar un gobierno que por décadas le fue esquivo. Rusia lo defiende por su propio interés, pero está consiguiendo derrotar a ejércitos de mercenarios armados por las grandes potencias.
El pájaro se ahoga en la olla de Palestina, donde Israel, que ocupa sus tierras ilegítimamente, bombardea la Franja de Gaza sin misericordia, más de 800 veces el 2018. Las dos terceras partes de su población viven de la ayuda humanitaria externa, el desempleo alcanza el 45%, hay electricidad solo cuatro horas al día, el 90% de los acuíferos están contaminados. El 2020, según la ONU, el territorio será inhabitable. El 2018, de acuerdo con una ONG palestina, el ejército de Israel mató a 312 palestinos. Human Rights Watch dice que ese Estado comete crímenes de guerra al derribar en Cisjordania escuelas de niños palestinos, no permitir su construcción, les destruye las casas de los palestinos, mantiene a cientos de menores de edad en sus cárceles, construye viviendas ilegalmente en territorio palestino. Si ahora María y José tuvieran que viajar de Nazareth a Belén para inscribir ahí al hijo que les nacería, tendrían que pasar por varios controles militares israelíes.
El papagayo es también acribillado en Yemen miles de veces, donde Arabia Saudita y sus secuaces han provocado la muerte de muchos niños, ora por bombardeos en hospitales, escuelas, barrios, ora por hambre, ora por enfermedades. Las bombas ni siquiera han dejado en paz a los muertos, ni a los vivos cuando han querido sepultarlos. Como en otros países, el poder y quienes quieren alcanzarlo, se llenan de sangre.
Como ocurriera con los judíos en la Segunda Guerra Mundial, el pájaro es impedido de entrar en algunos países de Europa y en EE.EU. de América, donde le disparan, colocan alambres de púas, devuelven los barcos llenos de refugiados, los enjaulan y separan de sus hijos. Millares perecen en el Mediterráneo. En la República Democrática del Congo en el pasado, miles de ellos fueron usados como escudos humanos. Países que no quieren al papagayo extranjero, a pesar de que muchos de sus habitantes descienden de inmigrantes, que los que ahí vieron la luz fueron también pájaros que volaron a otras tierras huyendo de las guerras, de la persecución, del hambre. ¡Que se mueran los papagayos extranjeros, las vidas de sus nacionales son más valiosas!
Al alado lo asesina la inanición. 821 millones de personas la padecían el 2017, mientras un tercio de la comida que se produce termina en la basura. ¿Cómo se verá un hombre de Biafra al lado de uno bien alimentado? Uno de cada ocho adultos es obeso. El habitante de Zambia tiene una esperanza de vida de 37,5 años; mientras que el de Japón, 82. Más de 150’000.000 de personas sufren retraso de crecimiento, en América del Sur y África ha aumentado el hambre, y ha vuelto a subir en Asia. El cambio climático provoca sequías, inundaciones, aumento del nivel del mar y de la temperatura, pero los señores Trump y Bolsonaro, dos caras de la misma siniestra medalla, proclaman no creer en ello.
En Venezuela, al pájaro lo agobia la incapacidad para gobernar y la antidemocracia y lo agobia la intervención de fuerzas foráneas. Una película donde solo los villanos son protagonistas.
En Ecuador el papagayo sufre por un mísero aumento de sueldo, por el encarecimiento de la vida, por la degradación de la institucionalidad política disfrazada paradójicamente de institucionalización.
El alado se asustó con el tuit del Comando Estratégico de EE.UU., que, para celebrar el inicio del 2019, envió imágenes de botaduras de bombas, agregando: “Si es necesario, estamos listos para lanzar algo mucho, mucho más grande”. La insania gobierna el planeta.
Al pájaro lo ahoga el odio que consume al mundo. Con el apoyo del poder financiero se ha instalado el poder político en EE.UU. y ahora en Brasil.
Pero el alfarero de Ceará ha reunido todas las tristezas y sus manos humanitarias trabajan por la justicia, la paz y el alivio de los pesares. El papagayo renacerá, porque el ser humano lleva dentro de sí la levadura para amasar el pan, mas, como dice el poema de Joao Cabral de Melo Neto, un solo gallo no teje la mañana, siempre necesitará de otros gallos que lancen su canto.
(O)
Al alado lo asesina la inanición. 821 millones de personas la padecían el 2017, mientras un tercio de la comida que se produce termina en la basura.










