Dos disidentes

21 de Marzo, 2016
21 Mar 2016
21 de Marzo, 2016 - 00h00
21 Mar 2016

Dentro de un mes se celebrará el cuadringentésimo aniversario de la muerte de dos de los más importantes escritores de la historia: Miguel de Cervantes y William Shakespeare, considerados los creadores cumbres en sus lenguas, español e inglés, respectivamente. Que esta coincidencia no sea aritméticamente exacta no le quita simbolismo, ya es mucha gracia que dos figurones de ese calibre hayan convivido en el tiempo. Añadamos el hecho de que en ese mismo día haya muerto el Inca Garcilaso de la Vega, lo que aumenta la significación a tal efemérides, al darle un toque americano y recordar el aporte de nuestro continente y de las culturas que en él se desarrollaron a la formación de Occidente tal y cual lo conocemos. Pero, por ser el Inca más cronista o historiador que literato, como lo fueron en grado superlativo sus dos conmurientes, vamos en esta columna a dejarlo temporalmente de lado y nos concentraremos en Cervantes y Shakespeare.

Si en ese entonces no hubiesen estado vivos Descartes, Velázquez, Bacon, Galileo, Mariana... habría bastado la coexistencia del Príncipe de los Ingenios con el Cisne del Avon para hacer estelar ese momento. Ellos fueron mucho más allá de la inigualable maestría que tuvieron en el manejo de sus idiomas. Como lo dijo Borges, sus obras no son herbarios de arcaísmos y refraneros, sino toda una visión del hombre. O extendiendo lo que afirma Bloom, son invenciones de lo humano. No da mi inglés para leer a Shakespeare en su lengua, estoy seguro por ello de que se me escaparán detalles a veces significativos, pero capto lo esencial; muy probablemente los lectores de Cervantes en francés o en chino vivirán con su lectura experiencias similares. Y es que son en el más completo sentido genios universales, cuyo aporte, cuya maravilla, no se agota en sus particularismos o en los escenarios de sus historias, sino que reflejan, evidencian e interpretan valores y debilidades de todos los seres humanos.

Curiosamente los dos vivieron en una época en la que en sus países campeaba la intolerancia: la España de la Inquisición y la Inglaterra isabelina, en la que el protestantismo se imponía por la fuerza. No estaríamos hablando de ellos si se hubiesen convertido en voceros o en escritores oficiales de las ideologías dominantes. Tampoco tendría esta celebración tanta trascendencia si hubiesen sido militantes activos de la oposición a los duros regímenes bajo los cuales vivieron. Estuvieron más allá de eso, pero fueron disidentes y esto explica mucho de su magnificencia ética, pero sobre todo literaria. El católico secreto Shakespeare y el erasmista velado Cervantes (últimas investigaciones sugieren que tuvo contactos con el protestantismo), al disentir del poder y no hacer de este una referencia para su obra, fueron capaces de crear obras de validez eterna y no panfletos al gusto de los gobernantes. Solo quien es crítico puede ser creativo, porque el que se conforma con la realidad tal cual está, no se siente llamado a construir algo nuevo, algo excepcional. (O)

Dos disidentes
Dentro de un mes se celebrará el cuadringentésimo aniversario de la muerte de dos de los más importantes escritores de la historia: Miguel de Cervantes y William Shakespeare, considerados los creadores cumbres en sus lenguas, español e inglés, respectivamente.
2016-03-21T00:00:19-05:00
El Universo

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