Karla Cecilia Rocheti León, de 40 años, de nacionalidad peruana y madre de dos menores de edad, se convirtió este miércoles en una nueva víctima colateral de la violencia criminal que ha escalado a otro nivel en distintas ciudades del país.

Rocheti presentó complicaciones en su salud por unos cálculos que le detectaron y fue llevada de emergencia a una clínica del norte de Guayaquil la noche del martes. Ella iba a ser intervenida en la mañana, pero horas antes de ir al quirófano, a las 05:45, le dispararon en 16 ocasiones con un fusil de uso militar.

Parece el guion de una película de acción, pero ocurrió en una de las clínicas privadas más prestigiosas de la urbe.

La extranjera estuvo en el lugar y a la hora equivocada, pues solo 24 horas antes en la habitación 1120, donde Karla esperaba ser estabilizada para su operación, había permanecido un hombre que fue baleado en Posorja el 20 de abril y quien registra antecedentes por robo, tenencia de armas y asesinato.

Publicidad

Se trataría de Jonathan Q., a quien sicarios le dispararon cuatro veces hace 15 días cuando se bajaba de un vehículo blindado que había alquilado.

Su atentado es investigado en Playas supuestamente por narcotráfico, pues se indaga si tiene relación con un cargamento de cocaína que fue decomisado en un puerto la primera semana de abril.

Para la Policía, este hombre, sería el blanco de los criminales, pues aseguran que al llegar los asesinos habrían preguntado al guardia del hospital por Jonathan Q.

El general César Zapata, comandante de Policía de la zona 8, comentó que el guardia les indicó a los asesinos (vestidos de policías) que el paciente había estado en esa habitación y que ya había salido de la clínica, sin embargo, dos de los hombres sometieron al celador y le quitaron su arma, mientras los otros dos sicarios subieron al segundo piso.

En los videos de seguridad se ve a los dos criminales recorriendo los pasillos con las armas largas. Uno de tez morena, cubierto con mascarilla y chompa, iba cargado con un fusil y otro sujeto vestido de uniforme policial con otra arma que no se ha logrado identificar. A ambos se los observa caminando por los pasillos antes de abrir fuego contra “un blanco equivocado”, en este caso, la mujer peruana.

El personal médico se alarmó y una enfermera fue amenazada por los hombres para que les indicara dónde estaba la habitación 1120.

Publicidad

Presuntamente los criminales abrieron la puerta y dispararon sin notar quién descansaba en la cama. Esto causó terror entre el personal médico y los pacientes de ese piso.

Tras matar a la mujer los cuatro hombres huyeron del lugar en un vehículo Kia Sportage blanco que fue localizado horas después en el sur.

Pero no todos llegaron en ese automóvil. El general Neyb Jiménez contó que dos de los involucrados arribaron a la clínica en un taxi que ahora intentan localizar.

En el vehículo abandonado en las calles Camilo Destruge y Abel Castillo estaban dos armas largas (fusiles de asalto), 170 municiones calibre 223, 9 municiones calibre .40, tres celulares, tres alimentadoras de fusil, una pistola Glock y una gorra de uso policial.

El auto abandonado no se encontraba reportado como robado hasta la mañana de este miércoles. La Policía descartó el hallazgo de otra arma que se habría sustraído al guarda de seguridad de la clínica.

Vecinos del sector dijeron que dos hombres llegaron al lugar, se bajaron del carro Kia Sportage y caminaron hasta la calle Lizardo García, donde se subieron a un bus.

Este crimen se suma a otros dados en casas de salud, en centros comerciales, ataques a grupos de personas y todos relacionados con el narco.

Hubo crimen similar en hospital de Esmeraldas

No es la primera vez que sicarios entran a un hospital para matar a alguien. En febrero del 2020 se dio un caso similar en el hospital Delfina Torres, en la ciudad de Esmeraldas.

Ahí Alexander Lugo, un reo de la cárcel de esa ciudad, recibió 9 tiros cuando se recuperaba de una operación. En la cirugía le habían extraído dos balas, pues el día anterior fue herido en una riña en la prisión.

Los asesinos entraron al hospital vestidos como policía y médico. Usaron un arma con silenciador, sin embargo, familiares de otros pacientes fueron testigos de cómo dispararon desde la puerta de la habitación contra Lugo.

Días después los supuestos asesinos fueron detenidos. (I)