La distancia complejiza la situación. Cuando en Ciudad de Dios, sector del noroeste de Guayaquil, hay un requerimiento policial urgente en el área que corresponde al distrito Progreso, que tiene sede en Posorja, los uniformados de la división Pascuales y Nueva Prosperina prestan auxilio lo más pronto que pueden, según su disponibilidad.

En Ciudad de Dios el distrito Progreso no tiene Unidad de Policía Comunitaria (UPC), por lo que, ante algún llamado en el área de su competencia, se movilizan para allá los uniformados que tienen sede en el recinto Cerecita, en un viaje que les toma hora y media.

En 9 de los 10 distritos de Guayaquil se redujeron los asesinatos entre enero y junio

Pero si ellos están en otras asignaciones, acuden a la asistencia los agentes de la UPC de Posorja, a quienes el traslado les toma dos horas y media.

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Con 267 kilómetros de extensión territorial, Progreso es el distrito de Policía más amplio de la Zona 8, integrada por Guayaquil, Durán y Samborondón. Incluso, dice su comandante, el coronel Freddy Osorio, es el más grande de la provincia de Guayas. La población en toda esa área es de 40.866 habitantes.

Abarca un tramo de Ciudad Victoria, la zona del colegio réplica Simón Bolívar (como referencia); vía a la costa, desde el km 22 hasta el km 70 (pasando el peaje de Olmedo); Cerecita; Sabana Grande; Progreso; El Morro y Posorja. Gran parte del territorio corresponde a la ruralidad.

“Son caminos de tercer orden algunos. Hay muchas haciendas”, refiere el coronel Osorio, quien considera que abarcar también territorio en el área urbana de Guayaquil vuelve compleja la labor para los 109 uniformados (entre ellos 4 oficiales) a su cargo.

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Y por eso, en ciertas ocasiones hay quejas de la ciudadanía, porque la capacidad de respuesta no se cumple a la brevedad que se espera. A ello se suma que de por sí el noroeste del Puerto Principal es un sector tan populoso como conflictivo en cuanto a seguridad se refiere.

“En una forma muy general, usted sabe que el número de policías a nivel nacional es insuficiente; entonces, siempre va a hacer falta. Toca trabajar con lo que tenemos”, añade el jefe policial.

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Con 51 muertes violentas entre el 1 de enero y el 14 de junio de este 2024, el distrito Progreso es el único de los diez de Guayaquil que no tiene reducción del índice, en el marco del conflicto armado interno decretado por el Gobierno nacional desde el 9 de enero y bajo el cual 22 bandas del crimen organizado transnacional son catalogadas como grupos terroristas, entre ellas Los Lobos, que tiene incidencia en esta división.

Por el contrario, en comparación con el mismo periodo del 2023, dicha jurisdicción tiene un aumento del 16 %, puesto que registró 44 asesinatos en ese entonces.

A nivel general, en la Zona 8 en ese rango de tiempo hubo una reducción del 17 % de asesinatos, considerando, además de los diez distritos de Guayaquil, a Durán y Samborondón, que tuvieron un incremento del 283 % y 70 % de muertes violentas.

La violencia se concentra en Posorja

Posorja, parroquia rural de Guayaquil que pertenece a esta jurisdicción, es el circuito más problemático de la división. Por eso, el distrito de Policía tiene base allí y la sede de los uniformados permanece con vallas metálicas que forman una especie de cerco.

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El movimiento comercial, la actividad de pesca y la presencia de fábricas atrae a personas que no necesariamente son de ese sector, y ese flujo trae consigo “más problemas sociales”, según el coronel Freddy Osorio, que sin dar cifras menciona que el grueso de crímenes del distrito se concentra allí.

La llegada del puerto de aguas profundas a Posorja (opera desde el 2019) llevó a implementar una unidad especial que ejecuta un trabajo interno, entre otras cosas para evitar la contaminación de contenedores de droga, un delito recurrente entre las bandas del crimen organizado.

Y los policías del distrito se encargan de los controles en las vías de acceso y aledañas.

Adicionalmente a aquello, la cercanía de Posorja con Playas hace que mucha delincuencia de este último cantón, que pertenece a la Zona 5, migre a la parroquia rural guayaquileña, en la que hay casos de extorsión (‘vacunas’) y robos incluso en sedes de instituciones públicas.

Hay muchos que se abstienen de hablar de la inseguridad allí. Y como una medida para evitar ser víctimas de la extorsión, entre comerciantes, pescadores y demás hay quienes han optado por cambiar de números telefónicos.

Tal es la llegada de personas de otros sitios que, según Osorio, entre las víctimas mortales que se contabilizan hay gente recién llegada de provincias como Los Ríos, por ejemplo. “No son muertes propias de aquí. Vienen acá, piensan que aquí es un refugio, han migrado de otro lado”, menciona.

Las muertes violentas en aumento

El jefe policial tiene otra explicación para la cifra de muertes violentas del distrito Progreso. Dice que por el canal Chongón-Cerecita en este año han llegado al menos 19 cadáveres que se han levantado en esta división, y eso, asegura él, incide en las estadísticas actuales.

”Así se lo determina porque son encontrados (cuerpos) en esta área, pero mas no por algún grado de violencia que pertenece a nuestro distrito”, refiere y añade que, si se restaran estos casos, las muertes violentas del distrito Progreso del 1 de enero al 14 de junio de este año se ubicarían en 32, cifra que sería menor a la del primer semestre del 2023, cuando hubo 44.

“O sea que estaríamos en reducción”, remarca el uniformado.

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‘En Progreso los asaltos son a la orden del día’

Policías motorizados durante recorridos por el barrio Poder Popular, en Progreso, la mañana del jueves, 20 de junio. Foto: Ronald Cedeño

Yolanda Mendoza, presidenta de la Junta Parroquial de Progreso, parroquia rural de Guayaquil, señala que tanto en la cabecera parroquial como en los 18 recintos aledaños las muertes violentas son hechos aislados, no un problema recurrente.

“Gracias a Dios, porque siempre le pido a Dios que no pase lo que pasa en Posorja, que no pase lo que pasa en Playas. Que allá semana a semana hay muertos y hay sicariatos. Aquí no hay eso. Ya le digo, son esporádicos los casos que han pasado”, manifiesta ella.

Sin embargo, refiere que los “asaltos son a la orden del día”, y ni siquiera la plaza gastronómica que está a un costado de la carretera Guayaquil-Progreso, a pocos metros de la cabecera parroquial, se ha salvado de la delincuencia.

“Se venían acá a Progreso a las casas a robar. Cosa que la gente comenzó a organizarse a través de los grupos que se mantienen aquí y estábamos comunicados, pasábamos la voz y había compañeros de nosotros, vecinos que los sacaban corriendo (a ladrones). Se iban, por ejemplo, al barrio Poder Popular; allá nos avisaban que estaban por el río metidos con el afán de robar por esas casas. Pasaban la alerta y la gente corría a correrlos”, narra la funcionaria.

A más de los robos, otra problemática en Progreso son las extorsiones y el consumo de drogas que arrastra tanto a jóvenes como a personas en condición de calle. (I)