Han sido 12.903 ecuatorianos que desde el 2017 hasta julio pasado han denunciado cómo el delito de la extorsión se ha ido penetrando en los rincones del país. A través de llamadas o las conocidas ‘vacunas’, los extorsionadores buscan infundir temor. Pero no todos callan. Hay quienes cuentan su caso con la intención de frenar este delito que afecta la tranquilidad social.

‘En el primer atentado hubo tres detenidos, los denuncié, pero tuvimos que salir del país’

Un exfuncionario público esmeraldeño no cedió a la extorsión de una organización criminal, aunque por poco le arrebatan su vida. Sobrevivió a un atentado, huyó con su familia del país en julio y desde su exilio narra a este Diario el martirio que empezó el 13 de marzo de 2022:

“Una amiga funcionaria, que fue extorsionada y pagó $ 15.000 a esa gente (banda criminal), me llamó llorando para decirme que ellos (los extorsionadores) la tenían amenazada para que me dé un mensaje de ellos (por WhatsApp) y luego ella les envíe una captura de imagen para que vean que cumplió. Le dije que me envíe, que entendía lo que estaba pasando, y así fue. Yo estaba en Guayaquil con mi familia cuando me escribe esta gente de un número internacional, me decían ‘somos del grupo los Tiguerones y queremos que usted nos colabore. No se ponga difícil y ayúdenos. No recurra a la Policía, porque será peor’. No les contesté y no les iba a dar dinero, porque es alimentar esos círculos delincuenciales. Me comuniqué con la Unase y me dijeron que no acepte ninguna llamada. Eso hice, pero me seguían escribiendo e iban subiendo de tono.

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El lunes 14 fueron al local de mi hija, ocho personas en cuatro motos. Se bajaron cuatro, preguntando por mi hija, dispararon dentro del local y robaron. Para buena o mala suerte, la Policía estaba cerca y los de las motos huyen y cuando salen los delincuentes (del local), se da un cruce de balas con la Policía y detuvieron a tres, que siguen presos. Puse la denuncia y la audiencia de juzgamiento será en septiembre. Después del atentado, me escriben ‘ya vas a ver, perro, vamos a buscar a tu hija. No vas a poder dormir ningún día de tu vida’. Nunca les respondí. Dos días después, el 16, pusieron una bomba en el negocio de mis suegros. Y regresé a Esmeraldas el 20, sin resguardo policial”.

Extorsión causa miedo y frena negocios: en Pascuales cerraron locales tras asesinato de dueño de asadero

Pasó más de un mes y el 26 de abril, asegura, ‘volví a nacer’ al sobrevivir a una balacera: “Salí de mi casa a las 15:00. El conductor circunvala para ir al centro y nos cruza un vehículo, tipo jeep, se bajan tres personas y nos metieron una ráfaga de balas. Doce impactos recibió mi carro, cuatro me rozaron. Gracias a Dios, ninguna herida de gravedad. Al chofer le dieron dos balas.

No quiero hacer mi vida en otro país. No es justo que saliera obligado, porque a un delincuente se le ocurrió que tengo que darle dinero

Exfuncionario público de Esmeraldas.

La policía sabe quién me amenazó, le dicen el Ronco, que sería el segundo a bordo de los Tiguerones y quien también extorsionó a otros excompañeros. Estamos a merced de la delincuencia, porque estos tipos siguen libres”.

Al día siguiente, el 27, renunció a su trabajo y viajó con su familia a otra ciudad: “Yo insistí en tener resguardo desde el día de la extorsión y desde que dispararon en el negocio de mi hija. Me incluyeron en el programa de víctimas y testigos de la Fiscalía, pero no me dieron protección hasta después de que casi me matan. Un policía me visitaba en la otra ciudad, y así estuve mayo y junio, y en julio me llamaron de la Policía para decirme ‘su caso ha sido aprobado’, y me asignaron un policía de manera permanente. Vivió conmigo hasta el 20 de julio que salí del país.

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No quiero hacer mi vida en otro país. No es justo que saliera obligado, porque a un delincuente se le ocurrió que tengo que darle dinero y porque el Estado no tiene la solvencia para cuidarme”. (I)

Negocios de diferentes sectores del noroeste de la ciudad son extorsionados por bandas criminales que les ofrecen 'seguridad' a cambio de 'la vacuna'. Foto: El Universo Foto: El Universo

«Nunca he pagado a un vacunador, trabajo para mi familia, no para los delincuentes»

“Hay mucha inseguridad. Corremos mucho peligro, tanto mi familia como yo”, cuenta Marco, un maestro albañil colombiano que llegó en 2011 a Ecuador huyendo de las llamadas ‘vacunas’ que le exigían los extorsionadores en su natal Nariño. En el noroeste de Guayaquil este refugiado de 53 años está reviviendo la angustia de hace una década, pero se llenó de valor para contar este mes su historia al Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CDH).

La primera vez que le quisieron extorsionar, hace cinco meses, él los confrontó. “Después me encuentro a uno de ellos y me dice: ‘Si ves cómo pagas’. ¿Pago qué?, respondí. A mí no me asusta eso, le dije, porque trabajo limpio. Así que haces el favor y me vas respetando. ‘Vamos a seguir yendo’, contestó. Para qué vas a seguir yendo, le dije. Aquí donde estoy trabajando no le quito nada a nadie. Mis hijos me detuvieron, pues yo quería defenderme ante la amenaza. Lo que yo trabajo no va a ser para vos, le dije, y se fue. Esa es la situación que estoy viviendo. Me ha costado la separación, contratiempos y discusiones con mi esposa”.

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Hace un mes le volvieron a intimidar. “Estaba afuera de la casa, llegó un hombre con una pistola a decirme que éramos ‘sapos’; entonces, le dije que tenía que mirar muy bien, porque a mí no me gusta meterme en la vida de nadie, ni en la camisa de nadie. Cuando rastrilló la pistola le dije que lo hiciera en su casa, y me respondió: ‘No, lo hago donde me da la gana’. Entonces hablé con uno que dizque es el comandante de ellos. Le dije: ‘La otra vez hicieron unos disparos, casi le cae un tiro a mi esposa’. Son cosas que me tienen en zozobra. Peligran nuestras vidas. Por eso acudo a los Derechos Humanos para que me brinden su apoyo. Ya no puedo vivir más así”.

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El grupo delincuencial, formado por unos 40 sujetos, intenta controlar el vecindario. Incluso este refugiado cuenta que en ese grupo hay menores, de 10 y 12 años, que suelen movilizarse en la madrugada con armas de fuego.

“Nunca he pagado a ningún vacunador cuando nos han querido extorsionar. Trabajo para mi familia, no para delincuentes. Me gusta trabajar, pero ahorita no puedo salir de casa. A nadie le hago daño y esto me está afectando. En Guayaquil los malos están regados por todos lados y temo que me busquen para matarme o terminen haciendo daño a mi familia”.

Un local de asadero de la Atarazana fue baleado en la madrugada; se investiga si es represalia por ‘vacunas’

Marco huyó de Colombia por el acoso de los ‘vacunadores’, extorsionadores que piden dinero a dueños de negocios con la excusa de protegerlos contra la delincuencia común, robos, asaltos.

“En vez de ir para adelante, iba para atrás todo, porque exigían ‘vacunas’, hasta que en una ocasión me encontré con tres de ellos y los enfrenté. Uno de los delincuentes respondió: ‘Somos la autoridad’. Les dije identifíquense y uno me mostró un arma, le metí un manotón; otro me sacó un cuchillo, también lo enfrenté. Me tocó dejar todo, mi casa, una finca. Le dije a mi hermano que si podía viera (a la familia), porque me escapé en una madrugada. Salí con lo poco que tenía”.

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Marco llegó primero a Esmeraldas, en Guayaquil tiene ya nueve años, donde vive legalmente. “Aquí me dieron el carné de refugiado. También tengo la visa”. (I)

‘Por el sector de la Ladrillera, estación de la (línea) 70, ahí están con la modalidad de casa por casa’

En Monte Sinaí, los moradores superan el temor y cuentan, con la condición del anonimato, cómo se ha ido extendiendo el peligroso ‘negocio’ que las organizaciones delincuenciales llaman ‘vacunas’. El siguiente relato se armó con la versiones de algunos habitantes de esta zona.

“Créame que antes conocíamos al vendedor de droga de la esquina, al ladrón de por aquí, algo tranquilo, pero ahora esta cuestión de las ‘vacunas’ se está regularizando, cada quien se está repartiendo su territorio. Un señor de la entrada de la 8, que tiene una cooperativa de motos y esta gente llegó a extorsionar, y se le había parado, porque le habían pedido que le den $ 8 semanales cada moto, al salir de la casa, lo acribillaron”.

Tenemos el caso de una empresaria del sector de la Ladrillera, el único hotel, la extorsionaron, le pidieron $ 300.000 que le dieran para dejarla trabajar tranquila. A esa señora se le acabó el mundo, tuvo que trasladar a su familia, vender el negocio

Morador de Monte Sinaí.

“Por el sector de la Ladrillera, estación de la (línea) 70, ahí están trabajando en la modalidad de que le cogen guardianía casa por casa. Van, le ponen ahí un guardia, y semana que no pagan le van acumulando y le van presionando. Y a los negocios, vienen y les caen 15 motociclistas, les dicen ‘sabe qué, es orden del jefe que nos colabore con tanto a la semana’. A la gente no le queda otra. Algunos se han rebelado y se atienen a las consecuencias, les asaltan, se les llevan todo. Al negocio que está por ahí, los someten y tienen que comenzar a pagar”.

“Se han dividido territorio, así como los traficantes en tiempo de antes que se cogía ese sector de Bastión, tú el de acá, así hoy por hoy están manejados los territorios por las mafias. Esas muertes violentas son por disputas de territorio. Uno trata de mantenerse al margen, créame que en reiteradas ocasiones me ha tocado hacerme amigo para pasar desapercibido”. (I)

Moradores de Socio Vivienda 2 comentan que las cooperativas de transporte público son extorsionados por bandas delincuenciales. Foto: Archivo

‘A las tiendas, bazares y a los locales no sé cuánto les cobran los Lobos y Tiguerones’

Una moradora de Socio Vivienda 2, quien junto a otros residentes suelen reunirse para mejorar su barrio, detalla lo que a diario viven los habitantes de este sector:

“La extorsión campea. Nuestra situación es caótica, no podemos hablar porque enseguida saben quién habla, tienen contacto donde quieran y extorsionan a transportistas, colectivos, los públicos y los privados. Nos mandan a decir que estemos callados, nos dejan papeles, vienen personalmente, porque se sienten respaldados por algunos policías. A mí no me lo han dicho, pero me mandan mensajes ‘que la comunidad no se meta para que nada les pase nada’ a los moradores.

A la línea 21, que va al centro, le cobran $ 1.500 por mes; a la 123, que va a la Florida, $ 160; a las tricimotos, $ 2 diarios por moto; a los autos de sociocar (taxirutas) no sé cuánto les cobran, pero los pasajeros que usan ese servicio para ir la bahía pagan $ 1,50 y los que se quedan en la Perimetral, por la entrada a los Ceibos, cuesta $ 0,25.

A los buses los escoltan, uno va adentro, lo acompañan hasta salir de Socio Vivienda y ahí se bajan. Son jóvenes, el más viejo ha de tener 36, el más joven tendrá unos 13 años. Da pena cómo se meten tan chiquitos a esa vida.

A las tiendas, bazares, locales, no sé cuánto les cobran, porque la gente teme contar eso. Pertenecen a Los Lobos, los Tiguerones y hay otro más que no sé. Ahorita están en guerra. Los Tiguerones no dejan robar en el sector, pero Los Lobos no quieren ‘copiar’, quieren seguir robando y causando daño. Los Tiguerones les dicen que roben afuera a Los Lobos.

Anoche (2 de agosto) hubo una balacera, se están dando bala entre bandas, porque no quieren dejar de robar. De Los Lobos, el cabecilla o jefe que se escucha es la Morsa. El otro día lo detuvieron y salió hasta en la televisión. De los Tiguerones, al que se escucha es al Chino, pero no sé si será algún cabecilla”. (I)

‘En el local de Monte Sinaí fueron en febrero, en Guasmo todas las semanas van’

James es un joven emprendedor que tiene pastelerías en casi todo Guayaquil. En el Suburbio, Guasmo, Monte Sinaí, Durán, Pascuales, Florida Norte, centro, Sauces. El siguiente es su relato sobre las extorsiones que ha enfrentado este año.

“Tengo ocho locales, y en dos me han extorsionado, en el de Monte Sinaí y Guasmo Sur. Al de Monte Sinaí fueron una vez dos tipos que supuestamente eran de la banda de los Tiguerones a pedir una mensualidad por darnos seguridad, pero ya no volvieron.

Al Guasmo van pero son hacheritos que piden dinero y los empleados les dicen que no tienen dinero y hacen como que de su dinero les dan $ 0,25 para que no molesten.

Los extorsionadores que fueron a los locales pidieron para cuidar el local. Tiguerones en Monte Sinaí y en Guasmo piden a título personal.

Locales del noroeste de Guayaquil han sido baleados por delincuentes para presionar a sus dueños a que paguen la 'vacuna'. Foto: El Universo Foto: El Universo

Ellos llegaron (al local de Monte Sinaí) y dijeron ‘venimos de buenas maneras, somos de la banda de los Tiguerones, mi jefe nos envía a cobrar una cuota para cuidar el local contra los robos, porque la Policía no hace nada, la Policía mismo conoce a la mafia.

Nosotros lo que vamos a hacer es que, si alguien se mete a robar en su local, ustedes se contactan con nosotros y nosotros a esos manes les metemos unos balazos, pero para eso se cobraría una cuota mensual’. El otro chico que estaba con ellos me dijo que le diera el número del dueño y yo le dije que no lo tenía. También me dijeron que ellos cuidan los locales donde saben que trabajan solos, como aquí.

Se refirió al local, pero querían una respuesta ya, entonces yo les dije que la verdad era que yo no les podía dar una respuesta, entonces como no sabía qué decirles, la verdad, porque ellos me dijeron que ellos no van a estar esperando hasta que el dueño llegue. Ellos querían una respuesta para ya, entonces dijeron que regresaban a las cinco, pero no regresaron, pero qué tal si vuelven otro día. En el local de Monte Sinaí fueron en febrero y no regresaron; en el establecimiento del Guasmo acuden todas las semanas.

No pusimos denuncia (en Fiscalía), lo que hicimos en Monte Sinaí fue poner guardia de seguridad privada durante unos días; luego lo quitamos y no han regresado a molestar.

Yo no temo por mi vida, pero los empleados del local sí, por eso tuvimos que colocar ahí hombres y ya no mujeres.

Lo más probable es que (si regresan los extorsionadores) cierre definitivamente el negocio. Esto ahuyenta la inversión en nuevos negocios en las zonas donde está sucediendo, lo que impide el desarrollo de esos lugares y los empobrece aún más”. (I)