Es una experiencia que jamás olvidará, dice José Alvarado, reportero de Ecuavisa, quien junto con su camarógrafo Francisco Amaya estuvieron en medio de un enfrentamiento entre manifestantes y la Policía Nacional en Petrillo, provincia del Guayas.

Esto ocurrió el pasado miércoles a las 09:40. Alvarado se acercó al sitio de la cobertura y estaba entrevistando a un dirigente. Minutos después llegaron volquetas con material pétreo, que fue lanzado en la vía. Esa acción provocó que los uniformados reaccionaran y fue cuando lanzaron bombas lacrimógenas.

“La policía inició una incursión de avanzada hacia los manifestantes, y empezó el enfrentamiento. Los manifestantes respondieron con piedras, y nosotros estábamos en medio de ese cruce. Tuvimos que esquivar los gases lacrimógenos; rozaron mi cabeza. A mi camarógrafo le impactó en la pierna”, cuenta Alvarado, y agrega que afortunadamente la herida a Amaya fue leve.

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Mientras que en Quito, el pasado jueves, un equipo de Diario EL UNIVERSO sufrió agresiones físicas y verbales, según relata la periodista Vanessa Silva. Ella estaba realizando una cobertura en los exteriores de la Contraloría junto con su camarógrafo Carlos Granja.

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Estas intimidaciones quedaron registradas en una transmisión en vivo. “Cuando comencé a transmitir (por la cuenta de Facebook del medio) me gritaban ‘¡prensa corrupta!’, ‘¡prensa vendida!’. Era una persona, parte de los manifestantes, y se acercaba más hacia Carlos con la intención de quererlo golpear, y finalmente lo golpeó en el tobillo izquierdo. Yo estaba pendiente de la gente que se nos acercaba a amedrentarnos. Y Carlos se debilitó y empezó a cojear, y me hizo señales para cortar la transmisión. Luego se nos acercó otra persona tapándose el rostro, y tenía un palo de escoba, y cerré la transmisión. Carlos se levantó el pantalón y tenía la marca del golpe: fue como con un látigo”, cuenta Silva, y añade que después abandonaron el lugar.

Luego de esto, Granja siente temor de acercarse. De hecho, en su familia solo se lo contó a su esposa, porque no quiere preocupar a nadie más. “Cada segundo que pasaba se ponían más agresivos (los manifestantes), y tuve temor por mi vida y la integridad de mi compañera, que en ese momento se portó muy valiente y no perdió la calma y siguió con su relato. Tengo un poco de temor de acercarme”, expresa.

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Insultos, latigazos, palazos, piedrazos, intimidaciones están entre las agresiones que han sufrido los equipos periodísticos ejerciendo su profesión durante la cobertura del paro nacional, que lleva más de diez días.

Fundamedios reporta 104 agresiones hasta el mediodía del viernes 24 de junio. Su director, César Ricaurte, indica que los profesionales no tienen las garantías para ejercer su labor, y hace un llamado a la dirigencia indígena a frenar estas acciones.

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“Hago un llamado para que los dirigentes del paro condenen las agresiones; que instruyan a que se debe respetar el trabajo periodístico (...). Las garantías tienen que ser sin condiciones, sin matices de ningún tipo”, indica, y agrega que Leonidas Iza estigmatiza a la prensa, lo que provoca que se alimenten las agresiones.

Ricaurte considera que estos escenarios se continúan viendo por dos razones: un discurso estigmatizado y la impunidad. “(Hago) un llamado a la Fiscalía para que realmente se investiguen y se castiguen las agresiones contra la prensa”, apunta.

Fundamedios, en sus registros, contó el ataque a la periodista Adriana Bermeo y los camarógrafos Manuel Villagómez y Santiago Gil, de UCSG Televisión. Ellos fueron acorralados por unas 30 personas durante una cobertura en los exteriores de la Casa de la Cultura, en Quito.

Los manifestantes empezaron a gritar y agredir verbalmente al equipo periodístico. Ante los ataques, se alejaron del sitio mientras les lanzaban cosas y los insultaban. Posteriormente, a la periodista le robaron el celular y los camarógrafos fueron golpeados con palos.

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En tanto, la fundación Periodistas Sin Cadenas contabiliza 102 agresiones a periodistas y medios de comunicación. De estas, solo 95 son a periodistas, de las cuales 18 fueron a mujeres y 77 a hombres, dice la investigadora Diana Romero.

Estas agresiones se concentran en dos segmentos: 18 estatales y 81 no estatales. Estas últimas son de manifestantes o de fuentes no identificadas. Por ejemplo, radio La Calle sufrió un ataque en su página web.

En La Maná (Cotopaxi) dañaron una torre repetidora y hay personas en zonas rurales que se informan por medio de radios”, dice Romero.

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La mayoría de agresiones se visualiza en periodistas de televisión, con 47 reportes; seguidas de medios digitales, con 41; 8 en radio y 6 en prensa. Así también, con una gran concentración en Quito y Puyo; y con menos intensidad en Ibarra, Guayaquil y otros lugares.

La fundación Periodistas Sin Cadenas creó la etiqueta #NoSomosElEnemigo para frenar estas acciones. “Sea del medio que sea, somos trabajadores de la calle. Están expuestos a mucho riesgo, al gas, a los perdigones, a cualquier tipo de agresión, venga de donde venga. Y hacemos un llamado a que nos permitan hacer nuestro trabajo y nos permitan informar y trabajar con seguridad. Es un poco triste que no existan las garantías”, reprocha Romero. (I)