El movimiento sindicalista se congrega alrededor de la conmemoración del Día Internacional del Trabajo con pedidos de cambio en las políticas que aplican los gobiernos, que se contrasta con la poca renovación de sus cuadros internos en sus organizaciones de base.

Este domingo 1 de mayo se conmemoran 136 años de la huelga de trabajadores reconocidos como los Mártires de Chicago. En el Ecuador este día convoca a los obreros, agrupados en centrales sindicales, a manifestarse en exigencia de mejores condiciones laborales mediante la aplicación de políticas públicas promovidas por el Gobierno.

En Quito, la movilización arrancará a las 08:00 desde la Caja del Seguro Social y avanzará hasta la plaza de Santo Domingo, en el centro histórico, con una proclama: ‘¡Que se vayan todos!’ los políticos.

La frase surge en medio de una crisis económica por falta de empleos; la inseguridad ciudadana; la inestabilidad política en la Asamblea Nacional que ha entorpecido su tarea de debatir y aprobar leyes por los conflictos internos entre las bancadas legislativas.

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A lo que se han sumado las críticas al sistema de justicia, que en las últimas semanas jueces jurisdiccionales beneficiaron con habeas corpus al exvicepresidente de la República Jorge Glas para que vaya a su casa a cumplir su condena por delitos de cohecho y asociación ilícita en los casos Odebrecht y Sobornos 2012-2016; así como a dos procesos por delitos de narcotráfico.

Con protestas, la UNE exige a la Corte Constitucional que declare constitucional la equiparación salarial

El Frente Unitario de Trabajadores (FUT) es considerado uno de los movimientos sindicales más representativos del país. Su presidente, Ángel Sánchez, cree que el país es actualmente una “olla de presión”, por la indignación ciudadana.

“La gente está dispuesta salir a las calles para rechazar las políticas implementadas por el actual gobierno y en ese sentido hemos llamado a protestar con firmeza y energía, pero de forma pacífica, porque no es necesario vandalizar o atacar a nadie para expresarnos”, dijo.

Pero mientras se piden cambios al régimen, ¿los movimientos sindicales renuevan sus figuras representativas? Ángel Sánchez, asegura que sí.

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Él es presidente de la Central de Confederación Ecuatoriana de Organizaciones Sindicales Libres (Ceosl) y cuenta que es nuevo en la dirigencia, pero este 12 de noviembre su periodo concluirá.

“Nuestro estatuto establece que un presidente máximo puede estar dos periodos. Yo termino mi segundo periodo el 12 de noviembre, luego habrá un congreso en la Ceosl en donde se elegirá un nuevo presidente y asumirá la presidencia del FUT. La Ceosl es democrática y practica lo que predica”, enfatizó.

El dirigente explicó que de acuerdo con los estatutos con los que se creó el FUT (en 1973), se dispone que cada dos años asume la presidencia quien esté de presidente de una de las centrales sindicales.

El Frente acoge a unos 450.000 trabajadores públicos, privados, autónomos y está estructurado por siete centrales entre las que están: la Ceosl, la Confederación Ecuatoriana de Organizaciones Clasistas Unitarias de Trabajadores (Cedocut), la Unión General de Trabajadores (UGTE), la Unión Nacional de Educadores (UNE), la Federación Ecuatoriana de Trabajadores Municipales y Provinciales (Fetmyt), la Confederación de Trabajadores del Ecuador (CTE), Federación Nacional de Obreros de los Consejos Provinciales del Ecuador (Fenocopre).

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‘Que se vayan todos’, la consigna que marcará las protestas sindicalistas por el Día del Trabajo

En esa línea, Sánchez insistió que existe un recambio por lo que “nadie está más de dos presidencias, así sea el mejor presidente tiene que salir para permitir que otros compañeros puedan servir”.

Nelson Erazo va a cumplir dos periodos como presidente del Frente Popular de la que son parte catorce organizaciones sociales, en la que exalta hay una continua renovación de sus cuadros.

Sin embargo, cree que en ocasiones renovar las presidencias se dificulta porque los trabajadores son prohibidos en sus lugares de trabajo de organizarse y participar y son despedidos. “Muchos hemos tenido que asumir esta función dejando nuestros trabajos, incluso nuestra familia para ponernos al servicio de la clase obrera y defenderla como se merece”, enfatizó.

El activista Mesías Tatamuez es uno de los “más viejos” dirigentes, dice entre risas. Él es presidente de la Cedocut y justamente fue reelegido para un segundo periodo este 29 de abril en un congreso que se realizó en Guayaquil.

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Recordó que su trabajo se ha dado desde muy joven en colectivos locales hasta llegar a la Federación Nacional de Confederación Nacional de Organizaciones Campesinas, Indígenas y Negras (Fenocin), para luego unirse a la Cedocut.

Contó que la gente lo critica porque es un dirigente que ha liderado por varios años las centrales. “Dicen qué viejo está, pero mentira. Me han visto tanto, en todas las marchas, las huelgas, he estado en la política, pero no en la politiquería y nunca he utilizado la central para ser candidato”, anotó.

Con la designación del jueves último, suma tres periodos al frente de la Cedocut; mientras que en el FUT estuvo dos. Bajo ese fundamento, recalcó que sí hay renovación en los cuadros, y que de él se resalta ser el “único que no ha entrado por la ventana por acuerdos políticos”.

Una organización contraria al FUT es el Parlamento Laboral Ecuatoriano, que surgió durante el gobierno de Rafael Correa.

Jaime Arciniegas presidirá esta agrupación hasta enero próximo, cuando se producirá la renovación con una mujer.

Indicó que el Parlamento es un colectivo sindical joven, de apenas once años de existencia con una representación de unas 80.000 personas, que ha tenido como presidentes a Fernando Ibarra, Marcelo Solórzano y él, que suma dos periodos.

Afirmó que la elección de los presidentes son producto de las decisiones de las organizaciones, y que en ese sentido, hay renovaciones. Lo que lamenta, es que “es difícil” que asuman nuevos liderazgos porque las empresas no les dan permisos. “La dirigencia joven no quiere asumir estos retos, pero este es mi último periodo, pues ya quiero dedicarle tiempo a mi familia”, dijo.

Andrés Madero, exministro de Trabajo en el mandato de Lenín Moreno, ve este escenario como una “controversia”, en el que hay líderes que “inician de manera clara, pero en el camino se pierde esa intención y como resultado se ven las mismas caras”.

Además, cree que esta falta de renovación de las directivas se torna en un obstáculo durante los diálogos, pues los “discursos no guardan relación con la situación actual, los discursos no calan con quienes están en lo laboral. Hay pocos, pero sí hay nuevos elementos dirigenciales que permiten que este discurso se vaya actualizando”, opinó.

En ese sentido, para avanzar en acuerdos que fomenten mejores condiciones laborales, Madero sugiere “deponer posiciones y delinear un norte. Por generar empleo, no vamos a generar empleo de mala calidad, pero tampoco podemos poner un muro para quienes no tienen empleo y que su primer motivo de estar en una situación de precariedad es no tener trabajo”. (I)