El exlegislador y exministro de Gobierno de Guillermo Lasso Henry Cucalón avanza en la definición de un acuerdo político con el movimiento Construye para ser su candidato presidencial.

La tarde del pasado viernes 5 de julio, en una convención provincial, Cucalón se “adhirió” a la agrupación poniéndose su camiseta y reiteró que quiere ser el “primer servidor de la República”.

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En una entrevista con EL UNIVERSO, unas horas antes, el exfuncionario contó que no solo ha dialogado con Construye sino con partidos como Avanza, y que espera que se articule un frente amplio que permita ofrecerle al país una “tercera vía” con un plan de gobierno serio.

¿Usted será candidato sí o no?

Yo quiero ser candidato a ser el primer servidor de la República. Sí quiero ser presidente de la República

Una cosa es querer ser presidente y otra ser candidato.

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Claro. Esa intención de un ciudadano de querer ser candidato tiene que cumplir unas formalidades, porque tiene que haber movimientos políticos cumpliendo el Código de la Democracia que me nominen, estar de acuerdo en una propuesta, un planteamiento, lo que yo considero la causa en común y ser inscrito. Entonces en eso es lo que venimos trabajando ya.

¿Y qué movimientos o partidos ya se han acercado a usted?

Ya hubo diálogos fructíferos con Construye, eso es lo que está más avanzado. Incluso hoy (el pasado viernes) hay una convención del movimiento en Guayaquil. Yo voy a estar presente y esa es una muestra de que ya hemos llegado a un acuerdo inicial de lo que debe ser una plataforma. He mantenido también diálogos con el partido Avanza. Pero esos partidos tienen que tomar sus resoluciones. Si consideran que yo los puedo representar, yo estaré ahí.

En principio se habló de una candidatura con el movimiento CREO, ya que usted fue ministro de Gobierno de Guillermo Lasso. ¿Por qué no se concretó?

Ser funcionario de un gobierno no significa ser militante del partido oficialista. También conversé muchas veces con la dirigencia de CREO. En líneas generales coincidimos en que debía haber una convergencia, una plataforma, una causa común, cuya consecuencia era la candidatura. Últimamente ellos tienen otra posición un poco distinta, no en cuanto al concepto, sino en cuanto a la candidatura. Respeto esa decisión. En este caso yo ya estoy más en la línea de Construye. Hay una coincidencia mayor, ha habido diferencias secundarias.

¿Cuál es esa coincidencia mayor?

La lucha contra la impunidad.

Henry Cucalón se adhirió al movimiento Construye en pasado 5 de junio. Foto: José Beltrán/ El Universo Foto: José Beltrán

Se lo pregunto porque usted viene de una vertiente socialcristiana, de derecha, y Construye no tiene ese perfil, se lo ve más de centroizquierda, algunos de ellos hasta fueron correístas.

Una cosa son las personas y otras los partidos. Construye es un movimiento nuevo donde confluyen muchas vertientes, una gran corriente ciudadana, en la línea férrea de lucha anticorrupción, no impunidad. Líneas muy claras en tema de economía social de mercado, líneas que -a los que les gustan las etiquetas- parecerían de centroderecha, de un centro moderno, más allá que alguno de sus integrantes, no todos, tuvieron ciertas posiciones en otros gobiernos. Y ya que ha citado al Partido Social Cristiano, es un partido de mucha trascendencia del país, al que siempre le agradeceré haberme promovido para ser dos veces legislador. Mis posiciones ideológicas siempre han sido claras. Yo nunca he sido conservador ni de derecha clásica y ahí están mis votaciones y mis discursos en la Asamblea Nacional. ¿Qué me unía a mí con al PSC? La defensa a rajatabla de la descentralización, el municipalismo, entre otras cosas.

Cuando se desarrolló el juicio político a María Paula Romo, que era ministra de Gobierno de Lenín Moreno, en el 2021, usted votó a favor de su censura y destitución. ¿Por qué ahora se une al movimiento que ella dirige?

Sí, yo voté a favor de su destitución como todo el bloque socialcristiano. Fue una decisión partidista, no personal.

¿Y personalmente usted piensa que ella tuvo responsabilidad política de lo que se le acusó, excesos de la Policía en las marchas del 2019, el reparto de hospitales, la estafa al Isspol?

Los ministros, y el ministro de Gobierno especialmente, son pararrayos, fusibles. Yo he sido ministro de Gobierno. En ese momento hubo una sanción política al régimen en la persona de ella. Originalmente ese juicio fue por los sucesos acaecidos en octubre del 2019. Los ministros terminan, en el buen sentido, siendo responsables de un accionar. Pero yo jamás he pensado en una deshonestidad de María Paula Romo. Como todos, ha tenido equivocaciones y aciertos. El tiempo y las investigaciones han puesto las cosas en su lugar. Por ejemplo, en el famoso caso de los hospitales, inclusive hay responsabilidades penales contra un pillo contumaz que solo con verlo caminar en la Asamblea se sabía que era pillo, que es el señor (Daniel) Mendoza.

Usted me mencionó esta coincidencia mayor, que es la lucha contra la impunidad, pero también me hablaba de desacuerdos. ¿Cuáles?

Uno de esos fue, justamente, ese juicio político. Pero en muchas otras cosas estuvimos de acuerdo, inclusive en esa época. De hecho, en mi caso, yo nunca tuve una oposición radical al gobierno de Moreno, tuve una posición de alternativas y en muchísimas cosas en el Parlamento también se lo ayudó en función de país. Ya una vez que fue aclarado eso, y para eso sirve el diálogo con confianza, en los últimos tiempos hemos coincidido en muchas cosas que se deben cambiar para atender a las nuevas amenazas que tiene el país y la democracia, por ejemplo, la visión de que se tiene que combatir duramente el crimen organizado y la economía criminal. Entonces ahí ya vas creando este ánimo de trabajar en conjunto por una propuesta de país. Y ojalá que podamos sumar a otras fuerzas también, porque de esta no se sale fácil, no puede existir -y la experiencia me lleva a aquello- una alianza para ganar, que no sea una alianza mínima para gobernar.

Henry Cucalón fue funcionario del Municipio de Guayaquil en la adminsitración de Jaime Nebot y dos veces asambleísta socialcristiano. Foto de Archivo

¿Y qué puntos mínimos debe tener una alianza para gobernar? Las coincidencias son con Construye ahora, pero cómo se podrían ampliar a otros grupos.

Básicamente la alianza sería con los que creen en un rumbo compartido, en una alternativa democrática, una tercera vía. Es lo que hemos estado conversando con otras agrupaciones y esa es una de las razones de mi adhesión a esta plataforma que lidera Construye, no podemos caer en esto de que solo haya dos candidaturas, dos visiones de país, que en muchas cosas que parecen bastante, ¿no? Comenzando con el personalismo, y una versión, más light o más frontal, de autócrata. Entonces hay el derecho a una tercera vía alejada de todo tipo de dogmatismo y extremismo. Y sobre eso es que estamos conversando y de ahí saldrán las propuestas de gobierno, que ya hay un marco, y luego es el momento de las candidaturas. Yo he manifestado, ustedes quieren que los represente, perfecto. Yo estoy aquí, listo, quiero ser, pero evidentemente hay formalidades que seguir. Todavía no hay un solo candidato. Las primarias son en agosto. Y para las inscripciones se necesita un plan de gobierno serio, realizable, no para vender humo.

Pero ya debe tener algunas ideas de qué debe proponer este plan de gobierno serio.

En líneas generales, el combate al crimen organizado, la seguridad es prioridad para el Estado ecuatoriano. Mal puede pasar que el crimen organizado encuentre a un Estado desorganizado, qué es lo que quieren algunos de los miembros de las banda delictivas y sus socios políticos; en el tema de la protección social ha habido un deterioro muy grave en los últimos tiempos en la salud pública, ese va a ser un puntal del plan de gobierno, y otras cosas más que iremos señalando, y que voy a ayudar a construir, haya o no haya candidatura. En eso me diferencio de otras personas. Son funcionarios y aparecen, pero salen del cargo y desaparecen. Si no son candidatos, desaparecen, y son candidatos y pierden, desaparecen. Sea cual fuere el tema, yo al día siguiente siempre aparezco y estoy para ayudar, construir y aportar.

Si Daniel Noboa se postula a la reelección, nos vamos a topar otra vez con esta figura del presidente-candidato, con toda la estructura del Estado detrás. ¿Cómo se puede competir con esto?

El presidente Noboa tiene pleno derecho a ser candidato a la reelección. La Constitución se lo permite. Lo que no le permite, así haga berrinches, es ser candidato sin pedir licencia sin sueldo, porque eso implicaría que la ley es para los ciudadanos y no para quienes gobiernan. Y eso solo pasa cuando tienes corona y aquí nadie tiene corona, porque todos somos iguales ante la ley. Solo el hecho de pensar en burlarse de la ley significaría que el proceso eleccionario estaría viciado y yo me niego a eso.

Puede ser que pida la licencia, pero no dejaría de ser presidente, tendría igual su seguridad, por ejemplo...

No, no, no, no. Él deja de ser presidente y estos temas yo no me los conozco por accidente, he sido legislador de la República y he estudiado los procesos. Deja de ser presidente ya. El modelo que usted dice es en Estados Unidos, que el presidente-candidato utiliza hasta el Air Force One (avión presidencial). Aquí el único antecedente que tenemos desde el retorno de la democracia de los presidentes-candidatos es Rafael Correa, e inclusive ellos, que es decir bastante, pedían licencia cuando no era obligatorio. Uno de los coautores de esa reforma legal soy yo porque yo sí estuve en la Asamblea.

Y ya que hablamos de Noboa, ¿cómo evalúa usted su gestión en estos casi nueve meses?

El Gobierno ha tenido algunos aciertos, no se los puede desconocer. Inicialmente con esa frase tan ‘profunda’ de que “el anti tiene techo y el pro es infinito” tuvo un acuerdo legislativo que también era gubernamental. Y más allá de que no estoy de acuerdo en haber entregado las comisiones más importantes de la Asamblea a un grupo político que su fin primordial es la impunidad, hubo un ambiente de gobernabilidad inicial que el país necesitaba. Recordemos que este Gobierno es fruto democrático de una decisión democrática, que fue la disolución de la Asamblea para ponerle coto a una crisis política con claros fines como aspiracionales. Hubo un ejercicio de madurez y un concepto de unidad nacional cuando, a partir del 9 de enero, se incrementaron los actos criminales, inclusive con visos de terrorismo. Yo lo apoyé, pero lastimosamente creo que se está desvirtuando un poco el concepto de la guerra, estamos perdiendo esa unidad de propósitos en torno a la seguridad, que debe trascender a los gobiernos y a los presidentes. También se está viendo un deterioro en la prestación de servicios, fundamentalmente en materia de salud. El tema político se está volviendo a complicar, esto se ha acelerado por las elecciones, que es donde iba a terminar originalmente el acuerdo. Creo que ha habido algunos errores e improvisación en política exterior y en otras áreas. Y hay un tema que quizás no le interesa mucho a los ciudadanos y es que está dando claros signos de autoritarismo y de situaciones antidemocráticas, que han surgido en los primeros meses, mucho antes de lo que mostraron y confirmaron otros a lo largo de sus periodos de gobierno. Respecto a eso yo sí tengo credenciales democráticas, porque para mí no es un tema de un día ni de cuatro años, es una convicción de vida. Una de las ventajas de mi experiencia es que ya nos conocemos. La gente no va a experimentar conmigo y yo no voy a experimentar con los ecuatorianos.

Usted me decía que empezó bien con ese acuerdo con la Asamblea, pero ahora la ruptura es evidente.

Se sabía que eso iba a pasar por la campaña, pero fue un poco más rápida, entre otras cosas, porque se agotó la moneda de cambio de un grupo político: el exvicepresidente Jorge Glas. Una vez agotado el tema de esta persona, sentenciada dos veces por corrupción y procesada de un tercer caso, el factor de negociación se complicó porque, no nos engañemos, no era solamente el reparto legislativo sino la impunidad. En la agenda de estos señores desde el primer día del nuevo periodo y en el anterior, estaba el enjuiciamiento a la fiscal Diana Salazar, eso que quisieron hacer en la Comisión de Justicia del recurso de revisión no fue un accidente. Todo gira en torno a eso y ya cuando se aclaró o se tomó una posición con respecto al señor Glas, que estaba desde diciembre en la embajada, ya no hubo más, ahí se le acabó el sentimiento de país.

Sebastián Corral (i) y Henry Cucalón eran los funcionarios de mayor confianza del exmandatario Guillermo Lasso. Participaron en las reuniones en las que se resolvió dictar la llamada muerte cruzada. Foto Cortesía Segcom

Pero el acuerdo se rompió también por el lado socialcristiano, ¿qué pasó ahí?

Bueno, eso ya es para los analistas y que habrá que preguntarle a ellos. A mí lo que me preocupa no es con quién votas, sino para qué. Como ciudadano y como persona interesada en lo que pasa en el país, yo no le veo problema en que la izquierda y la derecha se unan, que los distintos se unan. El tema es para qué se unen. Si me dicen que nos vamos a unir en una causa nacional, como la seguridad, leyes para fomentar el empleo, los derechos de las mujeres, adelante. Cuando de frente o de costado te unes para favorecer la impunidad, para que Metástasis y Purga den vuelta por tu cabeza, pero que no te peguen, eso está mal.

Construye se ha abanderado de la figura de Fernando Villavicencio y usted fue parte del Gobierno que, según el informe de la comisión ocasional que investigó su crimen, no garantizó la seguridad del candidato. ¿Eso es una contradicción de ese movimiento?

Ninguna en absoluto, porque, primero, tenemos la misma convicción de la lucha contra la impunidad y contra las mafias, no de ahora, no es coyuntural. Segundo, parte del legado de Fernando Villavicencio al país es la lucha contra la corrupción. Y vamos a separar las cosas. Yo estuve en la comisión, me llamaron como exministro de Gobierno. En funciones y ahora como exministro sigo pensando que fue un crimen político, nada más y nada menos que un magnicidio a un candidato presidencial. No hace falta, pues, ser cientista, político o abogado de la Corte de La Haya para saber eso. En su momento dije, siendo ministro, que no creía y no creo que haya sido un crimen de Estado. Crimen de Estado es cuando el poder público o uno de sus representantes ordena el asesinato. Eso fue lo que pasó cuando asesinaron a Abdón Calderón (en 1978), que la orden vino de un ministro de Estado de la dictadura militar. Lo que sí podría existi, no lo niego, es una responsabilidad estatal por omisión, si es que los funcionarios públicos no actuaron de debida forma. Y hay un proceso cuyas responsabilidades son individuales en materia penal, y en materia civil administrativa está lo que se llama la responsabilidad extracontractual del Estado. Pero no es un crimen de Estado. Yo he contado varias ocasiones el día más difícil que estuve en el Ministerio de Gobierno en nueve meses fue ese fatídico 9 de agosto. Había mucha incertidumbre en el país, se pensaba que podían continuar los atentados. Había voces legítimas que pensaban en una suspensión de las elecciones para lo que yo siempre sostuve que no había base legal e iba a caotizar más la situación. El mejor homenaje que podíamos hacer a la memoria de Fernando era acudir a las elecciones en la fecha prevista y no sucumbir ante la violencia criminal con posibles relaciones con la política. Ese informe dice que el crimen fue delincuencia común, ¿Por qué? Porque la Policía no lo protegió, que como la Policía no está en cada esquina, asaltan y matan a todos los ciudadanos. O sea, si lo ponemos bajo ese punto de vista, evidentemente el Estado y los gobiernos locales son culpables de cada asalto o asesinato que hay, porque si hubiera un policía cerca no pasara nada. Las investigaciones penales en marcha determinarán si existieron o no omisiones, si fue falla humana deliberada, si el anillo de protección que tenía era suficiente o no, sin perjuicio de las investigaciones del asesinato de Fernando.

Si este país es tan difícil de gobernar, ¿para qué quiere ser presidente?

Sí, es muy difícil, pero justamente ese es el reto y yo no quiero resignarme a que las cosas estén mal, más allá que sé que son profundas. Yo no tengo un espíritu demagogo de decir mañana las resolveré. No me quiero cruzar de brazos y saber que yo, pudiendo aportar algo para que las cosas cambien, no lo hago. No señor, eso no va con mi personalidad. Yo ya me he forjado en momentos de adversidad y quiero seguir aportando a mi país. Quiero servir, no quiero es mentirle al país. Pero si yo les pido sacrificios, tengan la plena seguridad de que yo los voy a cumplir y en demasía. (I)