Durante la Segunda Guerra Mundial, la flota de submarinos nazi fue una de las armas más temidas de su Ejército. Pero un desafortunado sumergible de esta clase, el U-1206, se hizo tristemente conocido tras hundirse en su primer viaje de combate.

Durante años, los astutos ingenieros alemanes habían estado ocupados desarrollando lo que pensaban que sería la próxima generación en plomería submarina. Sin embargo, esto planteaba todo un desafío, ya que el sistema de evacuación fecal funcionaba solo cuando el submarino flotaba cerca de la superficie, donde la presión de las aguas es relativamente baja.

Cuando el submarino navegaba a mucha profundidad, la presión era demasiado grande para que los baños eliminasen los residuos. En estas ocasiones, los miembros de la tripulación debían defecar en cubos o latas provocando un terrible olor en el aire y volviendo muy complicada la vida en el submarino.

Con el avance de la tecnología se diseñó un sistema que se encontraba bajo presión, para que “los aromas” no se expandieran por el submarino mientras navegaba y consistía de varias cámaras y válvulas que expulsaban los desechos sin permitir que el agua externa penetrase dentro del submarino.

En 1944, el joven capitán Karl-Adolf Schlitt recibía bajo su mando el U-1206 con la misión de desplazarse al mar del Norte para cazar convoyes aliados. Su submarino sufrió una avería en el sistema de carga de las baterías, por lo que decidieron sumergirse 70 metros para no ser encontrados.

Sin embargo, la alta presión de las profundidades provocó una potente vía de entrada de agua dentro de la nave, justo en el inodoro. Los marinos lograron tapar la filtración, pero otro mal estaba al acecho: al llegar a las baterías, el agua salada inició una reacción química que poco a poco inundaba el interior del submarino de gas de cloro.

Ante esta situación de un posible enveneamiento, el capitán ordenó emerger por completo que facilitó a los contrarios que el submarino fuera avistado por la aviación aliada, que inició un rápido ataque. La nave sufrió graves daños y comenzó a hundirse, por lo que el capitán ordenó abandonarla.

La tripulación pudo llegar a la orilla de Escocia, en donde más tarde fue rescatada, pero lastimosamente se convirtió en el único buque de guerra de la historia en ser abatido por el mal funcionamiento de su inodoro . (I)