El vencedor de la elección presidencial de Taiwán, Lai Ching-te, que deberá enfrentar las relaciones cada vez más turbulentas con China, se define a sí mismo como un “pragmático trabajador por la independencia” de la isla de gobierno democrático.

El veterano político y actual vicepresidente, de 64 años, prometió durante la campaña defender la identidad de este territorio de 23 millones de habitantes frente a China, una potencia de régimen comunista que considera a Taiwán como una de sus provincias.

Para ello, Lai, que sucederá en mayo a la mandataria saliente Tsai Ing-wen, prevé mantener la política de fortalecimiento militar, ante la multiplicación de las amenazas de Pekín de recurrir a la fuerza, si lo considerara necesario, para “reunificar” el país.

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Un Taiwán polarizado elige entre ‘paz o guerra’, entre ‘democracia o autocracia’

Aunque moderó su discurso en los últimos meses, la candidatura de Lai generó crispación en Pekín, que lo definió como una “fuente de peligro y guerra” en el estrecho de Taiwán.

Y poco después del anuncio de los resultados de los comicios, reafirmó que “la reunificación” de China es “inevitable”.

“Estamos decididos a proteger a Taiwán de las intimidaciones y amenazas continuadas de China”, dijo Lai Ching-te en su discurso de victoria, en el que se comprometió también a mantener la paz y la estabilidad en la región.

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China y Taiwán están separados de hecho desde 1949, cuando las tropas comunistas derrotaron en la guerra civil a los nacionalistas, que se refugiaron en la isla donde instauraron un régimen autocrático que mutó en una democracia en los años 90.

Hogar con cinco hermanos

Lai, a diferencia de la mayor parte de la élite política de Taiwán, tiene orígenes humildes.

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Nacido en 1959 en la isla, fue criado por su madre junto a sus cinco hermanos en una aldea cerca de Nueva Taipéi después de que su padre, que era un minero de carbón, falleciera cuando él era niño.

Lai se graduó gestión de Salud Pública en la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, y volvió a Taiwán para trabajar en un hospital en el sur de la isla antes de entrar en política en 1996.

Fue diputado, alcalde de la ciudad meridional de Tainan y primer ministro (2017-2019) antes de ser elegido en 2020 como vicepresidente durante el segundo mandato de Tsai Ing-wen, del Partido Demócrata Progresista (DPP).

Durante los dos mandatos de Tsai, las relaciones con China se deterioraron drásticamente y se cortaron las comunicaciones de alto nivel entre ambas orillas del estrecho de 180 km de ancho por su postura a favor de la soberanía de la isla.

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Durante su campaña, Lai reiteró su postura de que Taiwán es “ya independiente” y que no necesita una declaración formal de separación.

Se mostró abierto a la comunicación con Pekín, pero bajo condiciones de “paridad y dignidad” y advirtió que no piensa sacrificar la soberanía de Taiwán para estrechar lazos en por consideraciones de prosperidad económica.

“La paz sin soberanía (...) es una falsa paz”, afirmó recientemente.

Durante su carrera política fue todavía más explícito que la presidenta Tsai sobre la cuestión de la independencia.

De ahí que algunas voces apunten que aliados como Estados Unidos, principal proveedor de armas de Taipéi, están preocupados sobre su futura gestión de las relaciones con la principal potencia asiática y segunda economía mundial.

“La pregunta será hasta qué punto Lai puede ceñirse al camino prudente y moderado trazado por Tsai”, dijo Amanda Hsiao, del centro de estudios International Crisis Group.

La misma presidenta saliente hizo referencia al carácter más combativo de su delfín en una publicidad electoral emitida antes de los comicios.

“Eres mucho más feroz que yo (...), das un paso al frente y luchas contra los demás”, dijo en la publicidad, en la que se ve a ambos conduciendo por una pintoresca carretera.

“Pero lo hago por la seguridad de mi país (...), porque proteger la democracia de Taiwán es lo más importante”, responde Lai antes de que la presidenta saliente le ceda el volante.

Estas elecciones se celebraron a la sombra de las amenazas de China, la potencia asiática comunista y segunda economía mundial, que considera que esta isla es parte de su territorio y nunca dejó de proclamar su intención de “reunificar” el país, por la fuerza de ser necesario.

“Estamos decididos a proteger Taiwán de las intimidaciones y amenazas continuadas de China”, dijo Lai Ching-te en su discurso de la victoria.

“Le estamos diciendo a la comunidad internacional que entre democracia y autoritarismo, estaremos del lado de la democracia”, añadió el político, que asumirá la presidencia en mayo. (I)