Luego de un año y medio desde que empezó la pandemia de coronavirus, los líderes internacionales se ven las caras en persona otra vez en la cumbre del G7, cuyo anfitrión esta vez es el primer ministro británico, Boris Johnson, quien reconoció al abrir la reunión que el contacto físico “realmente supone una diferencia”.

Por el escenario actual esta debía ser la “cumbre de las vacunas”, pero corre el riesgo de quedarse corta. El compromiso de donar al menos mil millones de dosis a los países en desarrollo ha dejado un poco de insatisfacción en expertos y ONG, que escudriñan con atención cualquier avance que proceda de la reunión.

El Reino Unido ha proclamado a los cuatro vientos que su intención es que del G7 salga un plan robusto para acabar con la pandemia.

Se espera que las siete democracias más desarrolladas anuncien que donarán mil millones de dosis a los países pobres, aunque el estadounidense Joe Biden abrió ya el fuego el jueves al anunciar la compra de 500 millones de dosis a Pfizer para entregarlas a países de bajos ingresos y Johnson prometió otros 100 millones.

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Son cifras que por sí solas suenan estratosféricas, pero que expertos y organizaciones pusieron en su contexto para reclamar un esfuerzo mucho mayor.

“Son una gota en el océano”, a juicio de Aministía Internacional. “Se trata de un fracaso”, atacó Oxfam. Las ONG avisaron de que se necesitarían unas 11.000 millones de dosis para atajar realmente la pandemia, por lo que los compromisos del G7 (que ostenta el 45 % de la riqueza global) suenan a escaso.

La secretaria general de Amnistía, Agnès Callamard, juzgó que mil millones de dosis “ni siquiera se acercarían a cubrir la población total de la India, por no hablar de toda la población mundial”.

“Ni siquiera se aproxima (a las necesidades) y tampoco aborda los problemas de raíz. No solo no es ambicioso, sino que huele a interés propio, especialmente si se consideran los datos que apuntan a que los países del G7 tendrán un excedente de 3.000 millones de dosis para final de año”, dijo Callamard.

Para la ONG los anuncios esperados son solo “semimedidas irrisorias y gestos insuficientes” de los países más ricos, que evitan “afrontar sus obligaciones internacionales dispensando de patentes a las vacunas, test y tratamientos, y compartiendo tecnología vital”.

De igual forma, la Alianza Popular por las Vacunas instó a los dirigentes del G7 a refrendar la propuesta de Biden y el francés Emmanuel Macron de liberar temporalmente las patentes para generalizar su producción.

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La portavoz de esa coalición y responsable de salud en Oxfam, Anna Marriott, dijo que “si lo mejor que los líderes del G7 pueden conseguir es donar mil millones de dosis, entonces esta cumbre habrá sido un fracaso”.

Sin llegar a criticar la propuesta de los países ricos, que dijo que es “muy bienvenida”, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, sí instó a los gobiernos a ir mucho más lejos para conseguir que, al menos, se doble la capacidad de producción del preparado contra el COVID-19.

“Hasta ahora la distribución de vacunas ha sido muy desigual e injusta”, señaló el portugués, quien destacó que es de interés de todos que la población mundial reciba su inyección cuanto antes.

Para Guterres, “evidentemente se necesita mucho más” que los mil millones de dosis prometidas y la solución pasa por un “plan de vacunación global” que implique a las partes concernidas.

Esta estrategia sería diseñada por un grupo de emergencia apoyado por las instituciones financieras multilaterales y en cooperación con las farmacéuticas y tendría como objetivo doblar la capacidad de producción.

“Apoyo la iniciativa de la India y Sudáfrica para liberar las patentes, pero no es suficiente. Se necesitan las herramientas para transferir la tecnología, y también hay que mirar de cerca las cadenas de suministros, un problema importante”, insistió el secretario general de la ONU en una teleconferencia, antes de sumarse mañana al G7. (I)