Por décadas, Perú estuvo sometido a cruentas acciones terroristas de Sendero Luminoso. No hay registros confirmados de que el grupo, que estuvo activo mayormente entre 1980 y 2000, intentara expandir su ideología y proyecto hacia Ecuador, pero lo que sí provocó en el país y en la región fue un cambio de las metodologías y formas de trabajar de los grupos de inteligencia policial y militar, coinciden analistas.

Para esos mismos años, en otros países de América del Sur, otros grupos insurgentes también se movilizaban y lograron formar el Batallón América, integrado por Alfaro Vive Carajo (AVC), de Ecuador, el Movimiento Diecinueve de Abril (M- 19), de Colombia, y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), de Perú, pero ninguno registra relación con los senderistas, liderados por Abimael Guzmán, fallecido el 11 de septiembre a los 86 años de neumonía, en una prisión de máxima seguridad en el Callao, donde cumplía desde 1992 una condena a perpetuidad.

Oswaldo Palacios, vocero del Partido Comunista Marxista Leninista del Ecuador (PCMLE), dice que toda esta corriente de los movimientos de izquierda un poco más extrema empezó a tomar fuerza desde la década de los 60. El movimiento al que representa nació en 1964 y menciona que cuando empezaron a conocer de lo que sucedía en Perú con Sendero Luminoso decidieron comunicar su postura y rechazo a este tipo de acciones en sus diferentes canales de información de esa época, entre los que aparece una gaceta informativa.

“En el Ecuador nunca hubo un partido maoísta. Los pensamientos de Mao Tse Tung sí nos tuvieron en un primer momento como difusores de esas doctrinas, pero nunca llegamos a considerarnos un partido de este tipo”, dice Palacios, quien cuenta que Sendero Luminoso es producto de una división interna que va desde el viejo partido comunista, que surgió en los años 30 y tenía como principal integrante a José Carlos Mariátegui.

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“Nosotros explicamos a tiempo que no éramos partícipes de toda esa violencia de los senderistas ni del terrorismo como tal, que no es un camino para los revolucionarios, somos partidarios de la movilización de la lucha, pero no de la violencia”, refiere Palacios y añade que es posible que, ante todas las declaraciones que emitieron en esos años, pudieran haber sido considerados por Sendero Luminoso como unos “falsos comunistas” respecto a su ideología maoísta.

(De izq. a der.) Margie Clavo Peralta, Elena Iparraguirre, Abimael Guzmán Reynoso, Victor Zavala Castaño y Angélica Salas, miembros de la cúpula de Sendero Luminoso en el primer juicio oral en su contra el 5 noviembre de 2004. Foto: ARCHIVO

El exdirigente del movimiento Alfaro Vive Carajo (AVC) Juan Cuvi cuenta que en esos años le llamó la atención la fuerza y la presencia del proyecto de Sendero Luminoso, “un proyecto de izquierda que reivindicaba la lucha armada”, dice y menciona que no hubo ningún tipo de relación entre el grupo y lo que un día fue AVC, ya que se trataba de proyectos con concepciones ideológicas muy diferentes.

“Nosotros sí establecimos relación con el MRTA, sobre todo cuando se quiso constituir el Batallón América en Colombia, donde estábamos organizaciones con más afinidad ideológica”, comenta Cuvi y dice que ambas, junto con el M-19, no fueron relacionadas con Sendero Luminoso.

Cuvi no descarta que Sendero Luminoso haya tenido el deseo de expandir, más que sus afinidades, sus contactos y sus relaciones hacia otros países de la región para tejer algunas redes de apoyo, algo que es común en este tipo de organizaciones, pero dice estar seguro de que no hubo intenciones de propagar su proyecto.

Alexis Ponce, defensor de derechos humanos, concuerda también en que no hubo ninguna “influencia subversiva” de Sendero Luminoso en Ecuador.

“Esa tesis febril y un tanto paranoica ha sido apuntalada por académicos conservadores y por grupos de Inteligencia Militar del pasado, sin sustento alguno. Cada país es una realidad específica y propia. No hubo influencia alguna de Sendero en ningún país limítrofe al Perú: ni en Chile ni Bolivia ni Colombia ni Ecuador”, dice.

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Ponce refiere además que en Ecuador hubo en esas épocas pequeños grupos como el Puka Inti (Sol Rojo), que fueron vinculados a Sendero Luminoso por los aparatos de inteligencia, pero que estos aparecían un día y a la semana siguiente ya no existían, por lo que considera que se trató más de algo mediático.

Por su parte, Cuvi subraya que Sol Rojo no fue algo real, que fue un proyecto sin perspectiva, algo propagandístico que no tuvo mayor trascendencia como sí lo logró AVC, “con trayectoria, enfrentamientos, presos, muertos, exiliados”.

El exdirigente considera, al igual que Ponce, que tuvieron mucho que ver los aparatos de inteligencia en este tipo de noticias sobre los desmantelamientos o entrega de armas que circularon en las noticias en la década de los noventa.

Familiares y sobrevivientes de las víctimas de Sendero Luminoso en un homenaje en 2009. Foto: ARCHIVO

Por su parte, Ponce hace hincapié en este tema y dice que, a raíz de la existencia de Sendero Luminoso, lo que sí se empezó a replicar en la región fueron las metodologías usadas por Vladimiro Montesinos, quien estaba al mando de los organismos de seguridad y de la inteligencia a la que corrompió y de la Dirección Nacional Contra el Terrorismo (Dincote).

“Montesinos fue gestor de los primeros fake news en los andes sin que existieran aún las redes sociales, cuando alentó la creación de la llamada “prensa chicha” y los talk shows sin principios, que han tenido tanta negativa influencia y deformación educativa en las sociedades andinas. Y ni hablar de la fabricación de atentados, cifras y discursivas de propaganda negra que se difundieron a ese estilo en Colombia, Ecuador, Bolivia, Chile y el resto de Latinoamérica”, apunta.

La muerte de Guzmán sumió por varios días a Perú en la incertidumbre y hasta tuvo que aprobar una ley para decidir qué hacer con su cadáver, que finalmente fue cremado el pasado viernes 24.

El conflicto que ocasionó Sendero Luminoso causó en total 70.000 muertos, miles de desaparecidos y desplazados por la violencia de las guerrillas y las fuerzas armadas, que dejó a las poblaciones andinas bajo fuego cruzado. (I)