Los allanamientos, detenciones, órdenes de captura y citas judiciales contra casi 20 opositores políticos, empresarios y periodistas independientes que están ocurriendo en Nicaragua, a menos de cinco meses de las elecciones generales, han volcado la atención mundial en el presidente del país, Daniel Ortega, quien buscará nueva reelección pese a ya llevar quince años consecutivos al frente del país y ser cada vez más comparado con la dictadura Somocista que él mismo derrocó en 1979.

“La perversión de lo mejor da lo peor y es lo que está pasando en Nicaragua, Ortega ha traicionado todos los ideales de libertad, de participación, de respeto a la democracia, de respeto a la opinión ajena y se ha transformado en un dictador, y eso es una tragedia para el pueblo y para los países de América Latina”, dice la activista Nelsa Curbelo.

Curbelo, quien vivió en Nicaragua en los primeros meses del primer gobierno de Ortega (1979-1990), lo recuerda como una persona que, con la revolución, llenó de esperanza a los nicaragüenses, a quienes recuerda como personas llenas de alegría por el cambio que experimentaban en esa época.

“A Ortega la gente lo respetaba, lo quería, lo admiraba... a mí lo que me llamó mucho la atención de esa Nicaragua sandinista era que en todas partes había mucha alegría y yo me preguntaba cómo podían sacar adelante a un país con tanta algarabía, pero lo hacían, lo sacaban adelante”, comenta.

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Julio Daniel Ortega Saavedra, de 74 años e hijo de dos opositores al régimen de Anastasio Somoza García, desde joven se vio involucrado en actividades políticas que lo llevaron a ser detenido por primera vez cuando tenía 15 años.

El actual mandatario abandonó la carrera de Derecho en 1963 para unirse al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y fue encarcelado de 1967 a 1974 por participar en el robo de un banco. Logró salir libre en intercambios con rehenes somocistas y ha reconocido que durante esos años fue torturado en prisión, refiere BBC.

En 1979 se casó con Rosario Murillo Zambrana, la actual vicepresidenta y con quien tiene ocho hijos, pero antes estuvo en Cuba, donde recibió entrenamiento y conoció a Fidel Castro, quien se convirtió en uno de sus principales aliados. Tras regresar de forma clandestina a Nicaragua, retomó con el FSLN la lucha contra el régimen somocista y en ese mismo año logró expulsar a Anastacio Somoza Debayle, tercer y último miembro de la dinastía somocista.

Tras la revolución, hace 42 años, el mandatario fue designado coordinador del Gobierno de Reconstrucción Nacional y cinco años después, en 1984, se convirtió en presidente oficialmente con la tarea de reconstruir un país devastado.

Sus objetivos se vieron interrumpidos en 1990 cuando buscó la reelección y fue derrotado por la Unión Nacional Opositora (UNO), liderada por Violeta Barrios de Chamorro (1990-1997) y de nuevo en 1996 cuando fue derrotado por el conservador Arnoldo Alemán (1997-2002)

No obstante, dieciséis años después logró volver a la Presidencia en el 2006 y de nuevo en el 2011, aunque estos comicios despertaron por primera vez las alertas sobre presuntas irregularidades. Para esos años, Ortega tenía mayoría en el Congreso y como aliados al mandatario iraní Mahmud Ahmadinejad y al venezolano Hugo Chávez.

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El líder sandinista Daniel Ortega toma juramento como presidente de Nicaragua en esta foto de archivo de 1985 en Managua. Foto: ARCHIVO

En 2016, el mandatario logró su reelección para un tercer periodo consecutivo con más del 72 % de los votos y es en este último mandato que experimentó en 2018 las protestas populares en contra de una reforma a la seguridad social que provocaron cerca de 400 muertos por la escalada de violencia y represión del régimen y que han sido condenadas por organismos internacionales.

“Daniel Ortega es la reencarnación, valga la pena decirlo, de Anastasio Somoza García, el famoso dictador, que ensangrentó Nicaragua por más de tres décadas... es trágica esta situación para el país porque después de haber vivido largas décadas bajo la tiranía de los Somoza y la Guardia Nacional en el siglo XX ahora vuelven a quedar en manos de un verdadero dictador que sin ningún tipo de escrúpulos, totalmente violento, que han ofendido los derechos humanos como en 2018 en las protestas”, dice el catedrático Joaquín Hernández, rector de la Universidad Espíritu Santo (UEES).

Según Hernández, lo que sucede en Nicaragua se puede comparar con el pasado. Comenta que es lamentable ver cómo la historia se repite y pone de ejemplo el arresto reciente de la opositora Cristiana Chamorro, hija de la expresidenta Barrios, y de quien su padre, el periodista Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, fue asesinado en la dictadura somocista en 1978.

El catedrático agrega que el giro radical que la figura de Ortega ha tenido en el país y ante el mundo se puede relacionar con una falta de visión de Estado.

“Él no era militar de profesión, se volvió militar por la guerra y termina asumiendo el poder y se vuelve un tirano, un autócrata, donde lo único que quiere es que se imponga su voluntad... no es un ideólogo... la vida le dio el papel de ser comandante y no le importa la democracia sino el poder por el poder”, menciona.

Daniel ortega, presidente de Nicaragua, asiste a la posesión del presidente Rodrigo Borja Cevallos en Quito, el 10 de agosto de 1988. Foto: ARCHIVO

Por su parte, Curbelo considera que el papel de Murillo ha tenido mucho que ver en el deterioro del régimen. “Tiene que ver mucho la esposa que tiene y que forman un tándem dictatorial nefasto. Ortega despertó mucha alegría, mucha esperanza y se ha transformado en un dictador igual o peor del que ellos sacaron”, dice.

Para Hernández, el papel de la comunidad internacional en este tema es clave, al igual que las sanciones que se logren imponer para detener esta ola de arrestos e impedir que Ortega y Murillo sigan al frente de la nación centroamericana. Menciona que al sacar a Nicaragua del Tratado de Libre Comercio de Centroamérica va a implicar unas pérdidas económicas terribles para el Gobierno, aunque pague el precio el pueblo nicaragüense podría ser una de las medidas, al igual que, antes del 7 de noviembre, la imposición de más sanciones económicas sobre la familia Ortega y sus más allegados. (I)