Una investigación publicada en la revista científica Anthrozoös revela que las personas con emociones intensas y altamente reactivas expresan una preferencia por pasar tiempo con gatos durante intervenciones asistidas con animales en los campus universitarios.
The Daily Galaxy compartió este estudio, cuyos resultados fueron obtenidos tras el análisis realizado por investigadores que encuestaron a más de 1.400 estudiantes y personal universitario de más de 20 instituciones.
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Los científicos identificaron, según el medio de comunicación, una relación entre el rasgo de personalidad denominado emocionalidad y un mayor interés en los programas de visitas a gatos.
En el escrito se explica que la emocionalidad refleja la intensidad con la que una persona experimenta sus sentimientos y la facilidad con la que reacciona ante ellos.
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“La emotividad es un rasgo bastante estable; no fluctúa y es una característica bastante constante de nuestra personalidad”, afirmó Patricia Pendry, profesora del Departamento de Desarrollo Humano de la Universidad Estatal de Washington y coautora del estudio.
“Descubrimos que las personas con un nivel más alto de emotividad estaban significativamente más interesadas en interactuar con gatos en el campus”, sostuvo la especialista.
Pendry y Joni Delanoeije, autora principal de la KU Leuven en Bélgica, examinaron si la incorporación de gatos a los eventos para reducir el estrés en el campus fomentaría la participación, detalló The Daily Galaxy.
Más del 85 % de los programas existentes solo incluyen perros, señala el estudio. El equipo también consultó si los trabajadores universitarios deseaban recibir estas interacciones, ya que el personal suele quedar excluido, como se detalla en publicaciones de la Universidad Estatal de Washington.
Calma emocional
El estudio recoge también otras evidencias sobre los efectos físicos del contacto entre humanos y gatos. El Centro de Salud Felina de Cornell destaca una investigación que demuestra que diez minutos de caricias a un gato o un perro reducen el cortisol, una hormona del estrés, en la saliva humana.
Los universitarios, que se enfrentan a constantes presiones durante sus jornadas académicas, fueron los participantes en ese estudio. El contacto suave con un gato —según la investigación— funciona como prevención y alivio.
El Centro de Cornell describe que el movimiento repetitivo de las caricias, la textura del pelaje y el sonido del ronroneo se combinan para favorecer una rápida calma emocional.
La personalidad tiene más peso
Los investigadores no hallaron, según el estudio publicado por el portal The Daily Galaxy, diferencias significativas entre estudiantes y empleados universitarios. Los rasgos de personalidad predijeron el interés con mucha más fiabilidad que el hecho de que la persona estudiara o trabajara en el campus.
“Consideramos que la población estudiantil universitaria es única y en muchos sentidos lo es. Pero cuando analizamos a los empleados universitarios, los resultados fueron muy similares: la personalidad importaba más que ser estudiante o empleado”, explicó Delanoeije al medio de comunicación estadounidense.
Se indicó que la relación entre la emotividad y la disposición a recibir visitas de gatos se mantuvo incluso después de considerar la experiencia previa de tener gatos, la identidad de género (mujer) y la disposición a participar en programas para perros. Las alergias y las fobias disminuyeron el interés, pero —señaló— el patrón de personalidad siguió siendo estadísticamente significativo.
Pendry refirió que los resultados contradicen una creencia común. “Siempre se ha dicho que los amantes de los gatos son diferentes de los amantes de los perros y que la mayoría de los estudiantes no están interesados en interactuar con gatos”, afirmó.
Agregó que sus “resultados revelaron que los estudiantes sí están interesados en interactuar con gatos y que este interés puede estar influenciado por rasgos de personalidad”.
El estudio resalta, además, que las personas que acarician gatos con frecuencia suelen obtener puntuaciones más altas en sensibilidad emocional y empatía. Se sienten atraídas por entornos tranquilos y con poca estimulación y prefieren vínculos que se sientan genuinos en lugar de exigentes, apunta la investigación.
El documento menciona que el vínculo entre el gato y el humano refuerza esta preferencia, ya que los gatos ofrecen afecto con moderación —se acercan cuando desean contacto— y rara vez exigen atención.
Se expone, en el estudio, que acariciar a un gato a diario puede ser una forma de regular las emociones, ya que la tranquilidad de su compañía crea un punto de apoyo fiable en momentos de fatiga o tensión.
De acuerdo con los resultados de la investigación, se confirma que el contacto físico, junto con la calma que da el ronroneo, interrumpe el ciclo de estrés del cuerpo. Asimismo, estimula la oxitocina, una hormona relacionada con el apego y la calma.
Brecha entre perros y gatos
Aunque las intervenciones estructuradas con animales dependen en gran medida de los perros por ser “sociales y predecibles”, Pendry explica que los datos sugieren que excluir a los gatos limita el alcance de las atenciones para reducir el estrés entre quienes podrían responder mejor a ellas.
La especialista considera que permitir que las personas elijan entre un gato, un perro o ambos podría atraer a participantes cuyos perfiles de personalidad no se ajustan a los eventos exclusivos para perros.
No obstante, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) recomiendan lavarse las manos después de tocar gatos, sus comederos, bebederos o areneros, ya que estos animales domésticos pueden transmitir gérmenes a los humanos. (I)