Investigadores liderados por la Universidad de Cambridge revelan vinculaciones de regiones específicas del ADN canino con rasgos de comportamiento y relacionan muchos de esos mismos genes con la salud mental y la cognición humanas, de acuerdo con investigaciones previas en genética humana.
Los resultados de este estudio, reseña el periódico digital Econews, se consiguieron luego de analizar encuestas de comportamiento y datos genéticos de perros golden retrievers inscritos en el Estudio de por Vida del Golden Retriever, que fue realizado por la Fundación Morris Animal.
En la investigación, publicada en noviembre de 2025, se utilizaron los datos del estudio de la fundación, que hace un seguimiento de más de 3.000 golden retrievers en los Estados Unidos desde 2012.
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Desde ese año se ha recopilado datos sobre salud, medioambiente, estilo de vida y comportamiento con el apoyo de los tutores de estas mascotas y de los veterinarios.
Los tutores de los canes también informaron sobre 73 comportamientos cotidianos mediante el cuestionario C-BARQ, que agrupa las respuestas en catorce rasgos de comportamiento más generales.
Posteriormente, según el portal Econews, los investigadores compararon esas puntuaciones con los marcadores genéticos de cada perro mediante estudios de asociación de genoma completo, un método estándar para detectar variantes de ADN vinculadas a rasgos complejos.
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Escaneo del genoma
Luego de los controles de calidad genética, el análisis incluyó a cerca de mil perros, procedentes de un grupo de 1.343 golden retrievers adultos de entre tres y siete años.
El estudio identificó, según el estudio, 12 loci genéticos significativos a nivel genómico relacionados con ocho comportamientos, y otros nueve loci que alcanzaron un umbral “sugestivo”.
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Entre los rasgos relacionados se encontraron: la agresión hacia otros perros, el miedo hacia otros perros o hacia extraños, la sensibilidad al tacto, los problemas relacionados con la separación y la capacidad de entrenamiento.
El informe universitario también reveló el “miedo no social”, que puede manifestarse como un perro que entra en pánico ante el ruido de autobuses, camiones y hasta de una aspiradora.
El vínculo humano en 12 genes
Cuando los científicos compararon los resultados obtenidos con perros con las bases de datos de genética humana, la coincidencia fue “innegable”.
“Los hallazgos son realmente sorprendentes”, aseguró la científica de Cambridge, Eleanor Raffan, al señalar que las raíces genéticas compartidas pueden influir en los estados emocionales de ambas especies.
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Del estudio se destaca que de los 18 genes candidatos ubicados cerca de los loci más relevantes y sugestivos, 12 también se han asociado con al menos un rasgo psiquiátrico, temperamental o cognitivo humano.
Esto incluye el gen PTPN1, cercano al locus de agresión dirigida a perros, que de acuerdo con la investigación se ha relacionado en humanos con indicadores como el nivel educativo, el rendimiento cognitivo y el trastorno depresivo mayor.
Otro ejemplo que se menciona es el ROMO1, que se ubica dentro de un locus relacionado con la capacidad de entrenamiento en perros y que en humanos se ha vinculado con la inteligencia y la sensibilidad emocional.
Esta coincidencia no significa que un solo gen cause una emoción específica, pero sugiere la existencia de vías compartidas que influyen en el temperamento y las respuestas al estrés, reseña Econews sobre este estudio.
Los investigadores destacaron, además, que los genes influyen en el comportamiento, pero no lo determinan. “Estos resultados demuestran que la genética rige el comportamiento, lo que predispone a algunos perros a percibir el mundo como una fuente de estrés”, apuntó Enoch Alex, uno de los autores del estudio.
Con ello, se replantea la idea de “mal comportamiento” de tu mascota. “Si tu golden retriever se esconde detrás del sofá cada vez que suena el timbre, tal vez tengas un poco más de empatía“, sostuvo la investigadora de Cambridge Anna Morros Nuevo.
Entorno y estrés compartido
“Los perros que viven en casa no solo comparten nuestro entorno físico, sino que también pueden compartir algunos de los desafíos psicológicos asociados con la vida moderna”, explicó Daniel Mills, de la Universidad de Lincoln.
En el estudio se indica que el ruido es un ejemplo sencillo de cómo el mundo exterior interactúa con la biología. Las investigaciones sugieren, de acuerdo con el informe, que la sensibilidad al ruido puede ser común en los perros, e incluso los sonidos cotidianos del hogar, como los de la aspiradora, pueden desencadenar comportamientos relacionados con el estrés.
Econews menciona que la calidad del aire es otro factor de exposición común que rara vez se considera un problema para las mascotas. Hay estudios que demuestran que la mala calidad del aire interior puede agravar las enfermedades respiratorias en las mascotas.
La investigación sugiere no etiquetar a un perro como “difícil” y hace un llamado a preguntarse a qué reacciona el perro y si el miedo o la sobreestimulación son la causa de su comportamiento, para luego —destaca el portal digital— trabajar con adiestradores o veterinarios que consideren el comportamiento como un problema de salud. (I)





