En el mes del orgullo gay (junio) es más común observar la sigla LGBTI que integra a los grupos de personas que no se ajustan a las nociones convencionales o tradicionales de los roles de género masculino y femenino.

Algunos activistas añaden y utilizan LGBTIQ+ como muestra de la constante evolución de su uso. La opinión consultiva de la Corte Interamericana de Derechos Humanos del 24 de noviembre de 2017 sobre la identidad de género, e igualdad y no discriminación a parejas del mismo sexo indica que “la terminología relacionada con estos grupos humanos no es fija y evoluciona rápidamente, y que hay otras diversas formulaciones que incluyen a personas asexuales, queers, travestis, transexuales, entre otras”.

La sigla abarca a los que tienen una determinada orientación sexual y a los que se identifican y autoperciben como parte de determinado género contrario al asignado al nacer o con ninguno, dice Pedro Gutiérrez, activista LGBTI.

La Corte IDH, uno de los órganos del sistema interamericano de derechos humanos del que Ecuador es parte, estableció algunas definiciones de lo que significa cada una de estas letras a manera de guía.

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La L se refiere a lesbiana, que es “una mujer que es atraída emocional, afectiva y sexualmente de manera perdurable por otras mujeres”.

La G corresponde a gay, que “se utiliza a menudo para describir a un hombre que se siente emocional, afectiva y sexualmente atraído por otros hombres”. Gutiérrez asegura que en la región latinoamericana, lo gay está relacionado con “ser marica”, “una resignificación de una identidad política, es decir, cómo se ha transformado el insulto en también una forma de asumirnos”.

La B corresponde a bisexual, una persona que se siente emocional, afectiva y sexualmente atraída por personas del mismo sexo o de un sexo distinto.

La T abarca a una serie de personas que han transitado hacia un cambio físico para verse con las características del género opuesto al que tuvieron o les asignaron al nacer.

Primero está la persona trans o transgénero, que es según la Corte IDH, “cuando la identidad o la expresión de género de una persona es diferente de aquella que típicamente se encuentra asociada con el sexo asignado al nacer”.

Estas “personas trans construyen su identidad independientemente de un tratamiento médico o intervenciones quirúrgicas”. Se trata de un término sombrilla utilizado para describir las diferentes variantes de la identidad de género.

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Hay que tener en claro que la identidad de género va más allá de la orientación sexual, dice Emilio Villafuerte, activista y cofundador de la ONG Valientes de Corazón. “Una cosa es la práctica sexual y otra una relación afectiva, así por ejemplo, hay mujeres trans que son lesbianas”.

Aquí los ejemplos. Un hombre trans es quien nació con el órgano reproductor femenino pero ha tenido una transición para verse como hombre, género con el que estas personas se sienten identificadas.

La mujer trans es lo contrario. Un nacido biológicamente hombre que ha hecho cambios para acoger en su cuerpo características que la identifiquen como mujer.

Las personas transexuales “se sienten y se conciben a sí mismas como pertenecientes al género opuesto que social y culturalmente se asigna a su sexo biológico y optan por una intervención médica –hormonal, quirúrgica o ambas– para adecuar su apariencia física–biológica a su realidad psíquica, espiritual y social”, es decir, cuando ya se someten a cirugías. Gutiérrez asegura que se diferencian de las personas transgénero en que las personas transexuales se someten a cirugías de reasignación sexual.

Las personas travestis “son aquellas que manifiestan una expresión de género –ya sea de manera permanente o transitoria– mediante la utilización de prendas de vestir y actitudes del género opuesto que social y culturalmente son asociadas al sexo asignado al nacer”. “Esto es lo que está más instalado en el imaginario colectivo”, dice Gutiérrez.

La I corresponde a intersexual:, la persona cuya anatomía sexual “no se ajusta físicamente a los estándares culturalmente definidos para el cuerpo femenino o masculino. Una persona intersexual nace con una anatomía sexual, órganos reproductivos o patrones cromosómicos que no se ajustan a la definición típica del hombre o de la mujer”.

Gutiérrez dice que en el pasado se entendía lo intersexual con el hermafroditismo. “Esto no es ni una identidad de género ni implica una orientación sexual determinada”.

La Corte IDH aclara que “la condición de intersexual no tiene que ver con la orientación sexual o la identidad de género: las personas intersexuales experimentan la misma gama de orientaciones sexuales e identidades de género que las personas que no lo son”.

Por último está la Q que agrupa a las personas queer, que se refiere a las diversidades sexuales y hábitos que no son exclusivamente heterosexuales y monógamos.

El signo + abarca a las nuevas concepciones de diversidad sexual surgidas, como las personas pansexuales, que pueden desarrollar un afecto amoroso y sexual con otra persona sin importar su orientación sexual o identidad de género, es decir, se enamoran de un hombre, de una mujer o de una transexual, etc.

La cultura machista acarrea discriminación de las diversidades sexuales

El Palacio de Carondelet, en Quito, se iluminó con los colores de la bandera LGBTIQ+, por el Día del Orgullo. Foto: -Cortesía Secretaría de Derechos Humanos.

La discriminación se deriva de un sistema machista y patriarcal que hace invisibles a las personas que tienen diferentes formas de amar, indica Villafuerte, activista que es un hombre trans.

Todo tiene también un origen en la educación, agrega. “Nos inculcan desde muy pequeños que solo existe hombre y mujer en lugar de enseñar desde la niñez primero el respeto y a valorar al ser humano como tal. Al momento que ven algo diferente aparecen las críticas constructivas y destructivas... El problema está en los tipos de violencia que hay al ver algo diferente”.

La expresión de las realidades de los grupos LGBTIQ+ se evidencia en ciertos perfiles de las redes sociales, difusiones que generan comentarios a favor y en contra.

Estas publicaciones incluyen el uso de un tercer género en el lenguaje refiriéndose a hijes, compañeres. “Esto define un acto de visibilidad ante lo no normativo. Hay personas que no se identifican como hombre o mujer, sino como seres humanos”, afirma Villafuerte. (I)