El presidente de la República, Guillermo Lasso, advirtió esta semana sobre el riesgo del incremento de las tasas de interés y de tener un retroceso de la imagen internacional del país ante la inestabilidad social por los reclamos del incremento de los combustibles.

Si bien el riesgo país ha disminuido, Ecuador tiene tasas de interés más altas que sus vecinos de la región. Los porcentajes son establecidos desde el Gobierno nacional con una publicación mensual en el sitio web del Banco Central del Ecuador, pero la decisión es realista y acorde al mercado crediticio local que tiene poca competitividad, afirma el analista y editor de la revista económica Análisis Semanal, Alberto Acosta Burneo.

Desde el 2015 hay un sistema de techos que se fijan por decisión gubernamental con el objetivo de direccionar el crédito de cierto segmento en un sector específico, forzando una reducción, agrega.

Pero el resultado no es el esperado. “Todavía tenemos tasas de interés elevadas, el esquema de fijación a través del Ejecutivo no ha funcionado”, dice.

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El actual régimen reconoce la necesidad de cambiar el mecanismo. El número de segmentos (tipos de crédito) pasó de 23 a 13 en septiembre del 2020, cada uno con una tasa de interés distinta. Desde ahí se determinó la creación de un nuevo sistema de tasas de interés.

Esteban Serrano, catedrático de la Universidad San Francisco de Quito, afirma que uno de los escollos es el impuesto a la salida de divisas (ISD), que limita la cantidad de dinero disponible para prestar. “El capital tiene que regresar y para ello hay que eliminar el ISD. Al Ecuador te dejan entrar, pero a la salida te quitan dinero”.

¿Cómo funciona el mecanismo de fijación de las tasas de interés?

Un ejemplo del actual sistema es que si se quiere desincentivar el financiamiento de carros, se eleva la tasa para ese segmento y se baja la del crédito de consumo para otras cosas.

Las tasas de interés referenciales para este mes oscilan entre 4,96 % para viviendas de interés social hasta el 20,88 % para el microcrédito de acumulación simple, este último se otorga a los solicitantes de crédito que registren ventas anuales superiores a $ 5.000 y hasta $ 20.000.

Sin embargo, la Junta de Política y Regulación Monetaria y Financiera, creada durante el correísmo que también sentó las bases del mecanismo actual, fija también las tasas máximas.

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La mayor de este mes es la del microempresario minorista, que pagan un interés máximo de hasta el 28,5 % anual. En este grupo están los solicitantes de crédito cuyas ventas o ingresos son menores a $ 5.000.

A ello se suma el incumplimiento de requisitos para acceder al sistema crediticio legal, por lo que les queda la opción de los chulqueros, que siguen prosperando cobrando altos intereses semanales.

Las tasas de interés de Perú y Colombia son significativamente más bajas que en Ecuador, en dólares, recalca Serrano. “La tasa corporativa empresarial promedio en dólares está en el 2 %, dirigido a las grandes empresas peruanas, en moneda nacional, nuevos soles, está en el 2,3 %. En Ecuador, la tasa corporativa promedio es del 7 u 8%, entonces es una diferencia muy importante entre el costo de endeudarse para un empresario ecuatoriano y uno peruano”.

El primer plazo para el cambio de metodología feneció el 1 de julio de este año. Las Superintendencias de Bancos y de la Economía Popular y Solidaria tenían hasta esa fecha para remitir información de las pérdidas esperadas y las no incurridas de los clientes. El fin es tomar una decisión basada en datos reales.

Con este insumo, el BCE tiene hasta el 30 de agosto para emitir la nueva metodología. “Se busca establecer tasas de interés basadas en los costos. Hay un costo de obtener fondos, de la operación de intermediación de atender al cliente, hay un riesgo de cada operación y hay una rentabilidad, entonces se suman todos los factores y se determina una tasa de interés de tanto”, asegura Acosta.

Sin embargo, agrega el analista, es una metodología equivocada nuevamente, recalca, porque se basa en un error teórico que es pensar que los costos fijan los precios. “No son los costos los que fijan los precios, sino la interacción entre la oferta y la demanda, de nuevo tendremos un mecanismo que no permite la competencia ni la impulsa y que en la práctica no va a tener los efectos deseables”.

El sistema actual es negativo porque al reducir la tasa de interés de manera arbitraria por decisión del presidente de turno, lo que se hace finalmente es que el dinero prestado en ese segmento sea más barato y que haya más gente que quiera acceder, pero con esa decisión no se aumenta la cantidad de dinero disponible para prestar.

La cantidad de dinero sigue siendo la misma y mucha gente sigue sin acceder porque no hay el monto para cubrir la demanda. “Entonces lo que ocurre es una exclusión financiera”, asegura Acosta.

El dinero prestado por el sistema crediticio oficial, que incluye a los bancos aglutinados en la Asociación de Bancos Privados del Ecuador (Asobanca), pasó de $ 27.104′450.000 a $ 25.984′430.000 entre el 2019 y el 2020.

Y durante el primer semestre de este año el monto prestado alcanza los $ 13.064′540.000, es decir, se tiene previsto un monto similar al del 2019.

¿Por qué no hay más dinero disponible para préstamos?

La tasa de interés es como la temperatura de un paciente enfermo. Se puede tratar de bajar la temperatura, pero mientras no se corrija la infección, no se ha hecho nada. “Hay que trabajar en los fundamentos”, recalca Acosta.

En estas circunstancias a un banco se le hace más rentable prestar a un solo cliente un millón de dólares, por ejemplo, que dárselo a unos cinco mil. Hay menos riesgo ya que se trata de una empresa grande con activos, por lo que tiene bajo riesgo y es más fácil el cobro al asentarse en un solo sitio en las ciudades.

En cambio, una operación de microcrédito tiene más riesgos. Hay que visitar a estos miles de clientes en lugares más alejados, lo que aumenta el costo de operación.

Así quedan excluidos los segmentos de microcrédito y de microconsumo porque representan un alto costo financiero, son cantidades muy pequeñas que tienen bajo rendimiento para la institución financiera. Entonces, dejan de prestar a estos grupos.

El tema de fondo son las medidas que se deben establecer para aumentar el ahorro disponible, el dinero, la oferta para prestar.

Son tres medidas, que incluso recoge el plan de gobierno de Lasso y de las que Serrano y Acosta están de acuerdo.

1.- La elevación de los estándares regulatorios del sistema financiero con la adopción de las normas de Basilea III.

2.- La internacionalización del sistema bancario con una ley moderna que permita el ingreso de la banca internacional y la libre competencia.

3.- Liberar el flujo de capitales, ya que el ahorro en el país es escaso, pero abunda en el extranjero. “La manera de tener ahorro disponible más barato es que venga al Ecuador y de esa manera habrá más ahorro disponible a una tasa más baja, el desafío es enfocarse en los fundamentos económicos y no quedarse en los síntomas que son simplemente las altas tasas de interés”, dice Acosta. Un escollo de este punto es el impuesto a la salida de capitales (ISD), ya que para incentivar el ingreso hay que también facilitar la salida.

Todos los gobiernos llegan con programas crediticios con un bajo costo del dinero con tasas de interés más bajas como el famoso crédito 555, que se instauró en el gobierno del expresidente Rafael Correa a un interés del 5% a cinco años plazo, pero el problema siempre es el fondo limitado.

“Esos planes en realidad son un subsidio que no alcanza para todos. Esa reducción de tasa no es sostenible y no refleja la situación de la cantidad de ahorro disponible para prestar. No tiene un impacto grande, son fondos pequeños para el tamaño de la economía”, asegura Acosta.

Una forma de ir limitando la demanda son los requisitos que se vuelven más rigurosos para dejar a los grandes grupos fuera de las opciones de crédito. Siempre hay más gente que el dinero disponible para prestar.

Hay diez manzanas por prestar con un precio más bajo (con un costo de dinero más reducido), entonces el número de clientes interesados ya no es diez, sino veinte. La manera de discernir quien accede viene por el lado de los requisitos y condiciones, así se reduce el universo de veinte para ajustarlo a las diez manzanas disponibles. Cuando el interés es bajo, el sustituto de ajuste que se usa es el de requisitos más rigurosos.

Al existir más fondos disponibles, los requisitos bajarán naturalmente para prestar a más gente. Tienen que colocar el dinero.

¿Qué garantías hay de que un presidente banquero determine las reformas estructurales?

El ingreso de la banca internacional puede aumentar el valor de los instituciones financieras nacionales, cuyo costo hoy es más bajo en un mercado cerrado, cautivo y con un sistema proteccionista, restrictivo e intervencionista. “Uno que podía valer $ 1.000 tal vez vale $ 500 porque no hay interesados en comprar. ¿Qué banco internacional querrá venir a comprar uno nacional en el país?”, manifiesta Acosta.

Hacer las reformas, como la instauración de las normas internacionales de Basilea III, permitirá el ingreso de nuevos actores y hará un mercado más competitivo. “Cuando haya varios interesados, ese banco nacional ya no costará $ 500 sino más. Los nuevos actores entran por lo general comprando los bancos locales. Entonces desde la perspectiva de un presidente banquero, la lógica de más competencia es justo lo que se necesita porque eso le permitirá también maximizar el valor de sus inversiones en el país”.

Las tasas de interés de los países varían también según los niveles de inflación.

El inversionista extranjero depositará sus capitales en Ecuador en un sistema bancario con estándares internacionales para darles seguridad.

Los beneficiarios de estas medidas, dice Acosta, serán los usuarios porque al haber más dinero disponible el crédito será más barato. “Esa reducción de tasas de interés será por fundamentos sólidos que es la abundancia de ahorros, en cambio, cuando se lo hace por decreto, es una disminución artificial no sostenida por la abundancia de ahorros”.

Hay que enlazar al Ecuador con escaso ahorro con los países que tienen abundante ahorro disponible. (I)