Antes de la pandemia, 216 millones de niños y adolescentes tenían sobrepeso y 124 millones obesidad en todo el mundo, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El ente internacional proyectaba que para 2025 habría, a nivel mundial, 70 millones de niños menores de 5 años con sobrepeso u obesidad.

Estas alarmantes cifras empeorarán debido a las restricciones que se impusieron para enfrentar al COVID-19. De acuerdo con un informe de la Unicef, muchas comunidades enfrentan obstáculos financieros y físicos para acceder a comida nutritiva y dietas saludables. Acciones cruciales para promover una mejor nutrición infantil.

Además, se ha detectado un incremento en el consumo de refrigerios, de alimentos ultraprocesados y mucho tiempo en sedentarismo frente a la pantalla, que son comportamientos que elevan el riesgo del aumento excesivo de peso infantil.

En una encuesta realizada por Unicef Brasil se determinó que un tercio de las familias habían empezado a consumir más alimentos ultraprocesados y bebidas gaseosas en pandemia. “Estas alarmantes cifras no pueden ser ignoradas”, dice el ente internacional.

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En Ecuador la realidad no es tan diferente, las cifras muestran que en 2019 (antes de la pandemia) el 9% de niños de entre 0 y 4 años padecían sobrepeso u obesidad. Los índices aumentaban a 31,2% en infantes de entre 5 y 11 años y a 27,7% en el grupo de 12 a 19 años. Los expertos creen que las cifras también aumentarán.

El hijo de Teresa tiene 9 años y presenta obesidad. Ella cuenta que el problema se agravó con las clases virtuales. El niño solía tener actividad física en su centro de estudios, pero ahora no sale de casa. “Tenemos una tiendita en la casa y mi hijo suele comerse las galletas o golosinas a escondidas”, dice.

Afirma que como empezaron las vacaciones, lo llevará a recorrer el barrio en bicicleta tres o cuatro veces por semana: “Debemos aumentar su actividad física”.

La nutricionista Sussy Corral indica que ha registrado casos de hígado graso en niños, que, a su vez, presentan sobrepeso u obesidad acompañado de colesterol, glucosa y triglicéridos altos.

“Es muy llamativo para mí porque son mayormente adultos los que asisten a mi consulta y ver niños y adolescentes con hígado graso es sorprendente. Los padres los llevan ya cuando hay un problema clínico”, sostiene.

Para evitar el exceso de peso en los niños, el primer consejo que da Corral es no tener comida chatarra (helados, postres, galletas) en casa. Recuerda que las emociones están muy asociadas a la ingesta de comida y los infantes tienden a ser muy sentimentales.

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Dar a los niños comidas que disparan la dopamina, que se produce cuando el ser humano está contento, no es bueno porque se acostumbran a autocomplacerse.

“Es necesario que los padres armen un menú semanal con comidas saludables para que todos en la casa coman lo mismo en las porciones adecuadas. Si van a servir menestra con carne, sumamos ensalada fresca o crema de verduras. No necesitan arroz. Los niños son muy replicadores de lo que hacen los adultos”, dice.

Para Lourdes Fariño, nutricionista, los padres influyen mucho en la cultura alimentaria de sus hijos y por eso deben elegir con responsabilidad los alimentos que adquieren en el supermercado. Si se compran productos como frutas, chochos, arándanos, canguil, vegetales y si se da prioridad al agua los infantes se acostumbrarán a comer saludable.

Los niños son replicadores de lo que hacen sus padres. Los helados, la golosina favorita de los niños, gaseosas pueden ser consumidos en ocasiones especiales, de vez en cuando”, indica.

Para reforzar la dieta infantil, Corral recomienda usar muchos granos como:

  • Lenteja
  • Fréjol
  • Garbanzo
  • Quinua
  • Chocho
  • Choclo
  • Mote
  • Habas
  • Habichuelas

Las especialistas concuerdan en que los ecuatorianos deben sacarse el chip de que comer ensalada significa estar a dieta, sino que es parte de una nutrición saludable.

Otro punto importante es que los niños deben obtener el azúcar de las frutas o lácteos, mas no de productos con azúcares añadidos.

Además, si el infante solo tiene sobrepeso, pero sus parámetros clínicos están normales, no es necesario una dieta estricta sino que dejen de ingerir alimentos ultraprocesados y gaseosas. Si padece de obesidad, se requiere un régimen alimenticio.

“Los niños están en una fase de crecimiento y no podemos imponer una dieta restrictiva porque corremos el riesgo de eliminar algún nutriente esencial para su desarrollo. En los niños modulamos el consumo de alimentos reales que deben estar presentes en su dieta diaria”, señala Fariño.

Además, darle azúcar a un niño ‘porque es pequeño y está creciendo’ es en realidad un error, mucho más en una época en la que los niveles de sobrepeso y obesidad por inactividad física están aumentando en escolares, afirma Corral.

Sobre la actividad física en pandemia, dentro de casa se pueden hacer los siguientes ejercicios:

  • Jugar con los niños a las escondidas
  • Bailar con los infantes
  • Hacer coreografías
  • Saltar la cuerda

Todo debe ser dinámico, para que el infante no se aburra rápido.

“Que hagan algún deporte, que monten en bicicleta. Hay que evitar el sedentarismo que se ha visto muy marcado, ya que se los ha obligado a estar sentados en una computadora para su teleeducación o jugando videojuegos y, a su vez, comiendo alimentos de mala calidad”, asegura Fariño.

Secuelas psicológicas

La obesidad en los niños acarrea, además de consecuencias serias en su salud física, sentimientos y creencias negativas sobre sí mismos debido a las actitudes y términos negativos que reciben como bullying de otros niños o de adultos, inclusive familiares, que realizan bromas sobre el infante sin considerar su vulnerabilidad especial y su necesidad específica, indica la psicóloga Diana Vítores.

Esto genera en el niño insatisfacción corporal, distorsión de su imagen, ansiedad, depresión, baja autoestima y trastornos de comportamiento alimentario.

Para ayudar a sus hijos, los padres deben calmar su propia ansiedad y su deseo de sobreproteger, mimar o calmar inadecuadamente, ya que muchos estudios indican que el exceso de peso en los niños es consecuencia de un patrón de crianza indulgente en la mayoría de los casos.

Los padres alimentan con demasiada frecuencia y con alimentos preferidos por sus hijos (generalmente dulces o comida chatarra) para poder calmarlos y ofrecerles una “recompensa” representada en un alimento, ante cualquier hecho que el niño realice, añade la experta.

Estos dos patrones fomentan la incapacidad en la autorregulación emocional de manera natural, o sea sin ningún estímulo externo (como un alimento)”, dice.

Además, los padres deben comprender que la obesidad es una problemática que requiere la participación de algunos profesionales como son el médico pediatra, el nutricionista, el psicólogo, el entrenador de actividad física u otros que, en conjunto, podrán asesorarlos adecuadamente a mediano y largo plazo.

También escuchar los sentimientos y creencias de sus hijos sobre ellos mismos y darles contención emocional para ir superando esas emociones negativas.

La contención emocional es el proceso de escucha activa, de calmar la ansiedad, de dar retroalimentación positiva reconociendo y valorando las fortalezas del niño para luego poder mirar al futuro y hacer un plan de acción para solucionar la situación actual del sobrepeso”, señala Vítores.

Para saber si los niños están siendo discriminados, los padres deben escuchar y conversar con bastante frecuencia con sus hijos y explicarles que no todas las personas entienden sobre el respeto a la diversidad, pero que ellos deben confiar en aquellos compañeros y maestros que los apoyan y ayudan hasta lograr las metas que proponga el médico respecto de su peso: “Así los ayudan a enfocarse en lo positivo y a automotivarse”.

¿Se necesita terapia psicológica individual y familiar?

Vítores afirma que sí se necesita, pues existe un patrón de comportamiento donde la reactividad y el bajo control inhibitorio (baja autorregulación), además de la baja demora en la recompensa, hace que los niños tengan menor habilidad de utilizar estrategias para redirigir sus preferencias: “Todo esto asociado a un estilo de crianza indulgente”. (I)